28 de octubre de 2021

Palacio de Fomento, sede del ministerio de Agricultura

Palacio de Fomento, sede del ministerio de AgriculturaEl Debate

Iniciativa del PP

Los historiadores valoran la idea de Casado de hacer un Museo de Historia de España

Creen en las buenas intenciones del líder de la Oposición, pero la mayoría sostiene que el verdadero proyecto ha de mirar a las leyes de educación

Pablo Casado, presidente del Partido Popular, anunció en la entrevista concedida a El Debate el pasado 1 de octubre la idea de hacer «Un Museo de Historia de España» en el Palacio de Fomento, actual sede del Ministerio de Agricultura. Manuel Lucena, miembro de la Real Academia de la Historia e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (CSIC), cree que hay que atender primero a los procesos de educación, la idea fundamental y coincidente con la de sus colegas.
En esta línea se expresa Elvira Roca Barea, ensayista y filóloga, quien pone su mirada inicial en los libros de texto «que son de una calidad deleznable. Ahí no se mete nadie cuando es necesaria una comisión de sabios para poner orden». Quien sí se mete es Cristina Barreiro, doctora en Periodismo y profesora de Historia de Periodismo y de Historia Contemporánea de España: «Ojalá se pudiese hacer, pero cada vez ponen más palos en la rueda. Si hasta los libros de texto –o las tablets, que ya no usan libros– están ideologizadas. Yo lo veo en mis hijas que van al colegio. Se les llena la boca con los «dictadores» y todos en el mismo saco. Pero ni saben lo que fue realmente un fascismo, ni sus causas o raíces, ni lo que realmente significó 1917 en sus consecuencias».
Alejandro Rodríguez de la Peña, catedrático de Historia Medieval, afirma que «lo que tienen que hacer los dirigentes políticos, a mi juicio, es otro planteamiento en las leyes educativas respecto al papel de la Historia y las Humanidades. La memoria se construye así, desde la educación y la investigación en las Humanidades».
Unificar los estudios de bachillerato en lo relativo a la Historia es también el criterio de Carlos Gregorio Hernández, doctor en Historia Contemporánea: «Hay que superar la fragmentación creada por las distintas leyes educativas y el Estado Autonómico. También sería positivo afianzar los estudios humanísticos de Arte, Filosofía y otras disciplinas donde el hombre es capaz de reconocerse y encontrarse con los demás».

En España no tenemos más que mirar alrededor para ver que estamos rodeados de Historia de EspañaManuel Lucena, historiador

Fernando García de Cortázar, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto, le pide a Casado que en vez de «estrellarse» en ese proyecto se comprometa en la aprobación de un conjunto de leyes que sustituyan la actual Ley Orgánica de Educación para reforzar la Alta Inspeccion del Estado en materia de educación y exigir que el porcentaje de asignaturas impartidas en español se ajuste siempre a la normativa. «¿Cuántas veces se ha intentado poner letra al himno nacional y los buenos deseos han terminado en descalabro?», se pregunta. «La batalla por una idea común de la Historia de España comenzó a perderse cuando el Estado dejó de ejercer el derecho de controlar lo que se enseña en las escuelas por razones políticas», asevera.
«Hay que gastarse el dinero en potenciar la enseñanza de Historia en los colegios. Que todos los niños estudien Historia de España, aparte de Historia Universal con los mismos contenidos», añade Javier Cervera, doctor en Historia y en Ciencias de la Información, quien continúa: «Que no sean diecisiete programas de Historia. Esto limita y dificulta la cohesión de la sociedad española. No estudia lo mismo un niño de Galicia que un niño de Cataluña o de Castilla–León. Eso no puede ser. Menos museo y más formación e inversión en formación educativa».
Lucena insiste en que el problema es más de pedagogía y de falta de complejos que de hacer una «Historia oficial». «La Historia oficial es propia de dictaduras», dice. «El ejemplo es el de los nacionalismos periféricos con todas esas instituciones para inventar una historia que no existe. Todo es una falacia y una ficción inventada. En España no tenemos más que mirar alrededor para ver que estamos rodeados de historia de España y de los españoles». Lucena piensa que la Historia de España está en los museos que ya existen (opinión compartida por Rodríguez de la Peña: «Más Humanidades y menos museos, que ya hay muchos», como por Cervera y también por Hernández, quien apuesta por apoyar a los que ya existen) y que «son una muestra perfectamente verificada y autenticada y puede ser sometida a critica».

La idea de héroe en España no la sabemos explicar bienCristina Barreiro, historiadora

A Cristina Barreiro le parece buena la idea del Museo, «siempre gestionado, proyectado y «pensado» por profesionales de la Historia y no en función de los intereses políticos o electoralistas». Pero se refiere a un tiempo de la Historia concreto. Afirma que «suelen existir intereses que no cuentan la historia como fue: con sus fortalezas y sus debilidades. Pero no sólo estas. Los españoles hicimos las cosas bien. Pensemos en el XV, XVI, XVII…no todo bien, por supuesto, pero ni fuimos exterminadores ni nada semejante. ¿Y en la Guerra de la Independencia contra Francia en 1808? Los ingleses la llaman «La Guerra de España». Pero ¿cómo que «la Guerra de España»? La idea de héroe en España no la sabemos explicar bien. Ha quedado circunscrito, por ejemplo, al 2 de mayo en Madrid. ¿Y el resto qué? ¿Es que la batalla de Elviña por estar en La Coruña fue sólo gallega? Pues todo eso, bien explicado, en un Museo realmente nacional, a mí me parece bien», explica.
Su mayor reparo viene de 1936 en adelante. «Es difícil porque desde 2007 se ha reabierto una herida que estaba casi cicatrizada. La nueva legislación es muy restrictiva y limita las posibilidades objetivas de explicar la verdad, lo que realmente ocurrió con base documental y archivística. ¿Qué se cuenta del problema endémico del campo español?, ¿de la política de distribución de tierras?, ¿de la cuestión religiosa? Pues entonces, es muy difícil entender la Historia de España. ¿Qué se sabe de los modelos políticos corporativos de los años 30? Nada. Pues a ver como se explica eso en un Museo de Historia Nacional de España. ¿Las políticas de desarrollo económico y urbanístico del franquismo?, ¿La creación de la clase media? ¡Es que fue una Dictadura! Pues claro que lo fue. Y con la Transición pasa más de lo mismo», concluye Barreiro.

Hispanidad y memoria

Sobre la idea de la Hispanidad, que transcurre paralela e indeleble a todo el asunto afirma Cervera que «hay que dedicar esfuerzos a defenderla». La «Historia politizada» que difunde López Obrador (el presidente de México), al que se refiere Roca Barea: «Hay una Historia politizada que necesita pacificación. La Historia del Imperio español no es la Historia de España, Obrador ve fantasmas. Hay una relación causa–efecto en la que todo está trastornado. Ese efecto de la dependencia emocional que cae sobre España. El imperio ya acabó. Es una fantasmagoría irracional autodestructiva que nos perjudica a todos. México está lleno de descendientes de aztecas. Hay un trastorno bipolar. Hay un dicho que lo define muy bien: «Lo cortés no quita lo Cuauhtémoc», sostiene Barea, para quien la idea del Museo de Historia es una ocurrencia de la que no entiende los fines y asume que no tiene en cuenta a América, con quien considera que deben existir alianzas estratégicas.
La memoria histórica aparece en las palabras de Casado, quien aboga por sustituirla por una «ley de la concordia». «Es un despropósito», afirma Cervera. «Estoy de acuerdo con él, pero ¿qué sentido tiene hacer una ley de la concordia? ¿Vamos a regular por ley también desde el otro lado cómo pensar y reflexionar y analizar el pasado reciente de España? Dejémonos de leyes sobre la Historia de España. La Historia de España se estudia. El legislador no tiene que hacer leyes sobre la Historia de España».
Para Elvira Roca la Ley de Memoria Histórica es algo «catastrófico» y «orwelliano». A Cervera no le sirve esa memoria: «Esas comisiones de la verdad. La propuesta de memoria democrática que propone el gobierno actual. Eso es una aberración, es puro totalitarismo. El Estado no puede intervenir en cómo una comunidad universitaria o científica explica las cosas. Ni en Historia, ni en Física, ni en Filología, ni en Lengua, porque no es quien. A mí esa «ley de concordia» me huele un poco a eso, pero no quiero cargar las tintas. Creo que Casado tiene buenos propósitos, pero es absurdo decir a los españoles cómo tienen que recordar su pasado».
«Como declaración de buenas intenciones me parece estimulante pero el fracaso en la empresa puede llevarnos a la depresión», asegura García de Cortázar. «El Museo de Historia de España me parece un ideal inalcanzable dado la falta de acuerdo entre los historiadores y la grave manipulación política que ha sufrido la disciplina en estos últimos años».
Lucena considera que la respuesta no es sí o no sino «tener el valor de mostrar España en su historia y en su debate historiográfico. Nuestros museos oficiales son el Museo del Prado y el Museo Naval, para empezar, luego hay otros museos en ciudades españolas. Ese proyecto de Casado ya existe. Lo que falta es contarlo, difundirlo, estudiarlo, mostrarlo, enseñarlo y potenciarlo. ¿Sin estudio de qué sirve? Es una idea que tienta a los políticos. Pero no se puede confundir la pedagogía de la nación con la actualización y con una pérdida de valores».