23 de mayo de 2022

Molière, retratado por su amigo Nicolas Mignard

Molière, retratado por su amigo Nicolas Mignard

400 años de Molière, el padre de la 'Comédie Française'

El azote de la hipocresía que reinaba en la alta sociedad y la burguesía del siglo XVII, a la que ridiculizó en obras como 'El avaro', 'El misántropo' o 'El burgués gentilhombre', nació el 15 de enero de 1622

No hay nadie que pueda disputarle el puesto a William Shakespeare como creador universal, especialmente en cuanto a dramas se refiere. Pero 400 años después de su nacimiento, es Molière el segundo autor de teatro más representado en todo el mundo. Él mismo vivía en las tablas, y conjugaba todos los oficios: era empresario, director, actor y, por supuesto, autor de las obras que representaba.
Nacido el 15 de enero de 1622, hace hoy cuatro siglos, Jean-Baptiste Poquelin fue prolífico, robusto, serio en su oficio (que no en su interpretación: de orador pasó a quedarse con todos los papeles cómicos), a pesar de que comenzó como saltimbanqui. Después de negarse a seguir con la tradición familiar como trabajador de la corte, Molière formó una compañía de teatro con la que viajaba por el país, y llegó a pasar dos años en prisión por las deudas de su tropa. Un incidente que sólo lo convenció aún más de su pasión.
Icono del siglo XVII francés, consiguió hacerse un nombre en la corte de Luis XIV. El hermano del monarca, Felipe I de Orleans, acomodó a Molière y a su compañía en el Palais Royal, donde realizaban funciones en días alternos, turnándose con otras compañías.
Se sabe poco de su carácter, más allá de lo que se puede extraer de sus escritos. Se dice que su abuelo materno le llevaba a ver los teatrillos callejeros de los mercados de París, y que en ellos nació su filiación teatral. Bonachón, irónico, con una gran formación procedente de los jesuitas, empezó a estudiar Derecho... pero se enamoró de la ingeniosa actriz Madeleine Béjart. Y junto a ella y nueve cómicos firmarían el contrato de la compañía el Illustre Théâtre.

Del Sena al carromato itinerante

Se cambió el nombre para desligarse de su padre, un burgués tapicero de la corte, y estableció su escenario en la parte baja de la calle de Seine, atrayendo a todos los públicos durante un tiempo. Al otro lado del río dominaban las compañías del Marais y del Hôtel de Borgougne, que le contraprogramaron con el trágico Corneile, llevando a Molière y a su troupe a la ruina. Así que se reinventaron como cómicos nómadas, recorriendo el país y afianzando su compañía. En Lyon, donde su querencia itálica y sus raíces latinas fueron bien acogidas, estrenó en 1655 su primera gran comedia, El atolondrado.
Con su vuelta a París, la compañía se instaló en un edificio cercano al Louvre, y Luis XIV sintió un renovado afecto por sus comedias. Se rebautizaron como la Troupe de Monsieur, Hermano Único del Rey, aunque empezaban a levantar sospechas y a generar inquinas, especialmente en los ambientes eclesiásticos y aristocráticos, donde la piel era fina y el humor, ausente. 
Sus obras Tartufo y Don Juan siguieron generando ampollas, y los rumores que circularon sobre él, que lo relacionaban (con razón) con su amante, Madaleine Béjart, pero también con la hija de esta, Armande Béjart, le llevaron a reflexionar sobre estas cuestiones en obras como El cornudo imaginario, El despecho amoroso o El casamiento a la fuerza. En cualquier caso, Molière observó no solo los suyos propios, sino también los vicios de su tiempo, denunciándolos con gracia y sarcasmo en sus obras, que alcanzaban con dardos certeros a la alta sociedad.

La polémica en Francia

La entrada de Molière en el Panteón nacional se ha convertido también en un debate de cara a las elecciones presidenciales de abril. La conservadora Valérie Pécresse publicó esta semana una tribuna en el diario Le Figaro a favor de la «panteonización» de Molière, cuya tumba se encuentra hoy en el célebre cementerio parisino de Père Lachaise, si bien es más probable que esa sepultura sea solo un cenotafio.
Molière era un dolor de cabeza constante para la Iglesia, cuyo repudio chocaba con el entusiasmo que el Rey Sol sentía por sus obras. Pero además, como todos los actores, había sido excomulgado. Para aceptar la demanda del rey de darle sepultura oficial, los cargos eclesiásticos pidieron que se le enterrara de noche y sin ceremonia con la sencilla inscripción de «Jean-Baptiste Poquelin, tapicero» (el que había sido el cargo de su padre en la Corte). Pero se cree que en realidad sus restos fueron enterrados en otro lugar del cementerio, junto a los suicidas y los neonatos.
Los revolucionarios trataron de recuperar su cuerpo y trasladarlo al museo de Monumentos Franceses, y tras la creación de Père Lachaise, para darle más importancia al lugar, la tumba de Molière fue trasladada allí junto a la del también escritor Jean de La Fontaine, si bien después de tanto movimiento hay pocas certezas de que aquellos fueran en realidad los restos de los literatos.
El Elíseo, sede de la Presidencia francesa, ya ha rechazado el llamamiento de Pécresse, arguyendo que «sólo las figuras posteriores a la Ilustración pueden entrar en el Panteón».

El padre de la comedia francesa

Como muchos grandes autores, no fue especialmente admirado en su época ni rescatado su talento para la dramaturgia. Sin embargo, Molière supo fundir la comedia del arte con la tradición cómica francesa, y lo hizo en un tiempo en el que era considerado un género menor. Construyó la sátira de las malas costumbres, separadas hoy de connotaciones políticas, y cabalgó a medio camino entre el favor real, censura eclesiástica y ataques de coetáneos, pero produjo obras que han pasado a la historia: El misántropo, Anfitrión, El avaro, El burgués gentilhombre, Jorge Dandín, Los enredos de Scapín, Las mujeres sabias, El enfermo imaginario. En todo su teatro, Molière buscó la risa del público, al que permitía burlarse de unos defectos que él mismo tenía. Pero su risa trágica es hoy pertinente y necesaria, como lo fue hace 400 años.
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