28 de junio de 2022

Gregorio Luri, en El Debate

Gregorio Luri, en El DebateEl Debate

Cultura del esfuerzo

Gregorio Luri: «La izquierda ataca la meritocracia, pero su alternativa es el sorteo de los puestos»

El filósofo y escritor defiende la cultura del esfuerzo ante una sociedad que ha dejado de luchar por el bien común: «Veo en las críticas a la meritocracia una rendición al fatalismo pesimista que, según el parecer de algunos, va inevitablemente asociado a la pobreza»

Exactamente el mismo día en el que Lilith Verstrynge criticaba la meritocracia, afirmando que «la cultura del esfuerzo genera fatiga estructural y ansiedad», el filósofo y escritor Gregorio Luri tuiteaba que la cultura del esfuerzo no dice «esfuérzate y lo conseguirás», sino «esfuérzate y lo mejorarás».
Para entender mejor en qué consiste la cultura del esfuerzo desde el punto de vista filosófico, El Debate ha hablado con el filósofo y ensayista navarro, una de las máximas referencias en España en materia educativa, gran defensor del sentido común y del esfuerzo como vía para la realización personal y profesional.
–¿Por qué ha decidido entrar en el debate sobre la cultura del esfuerzo?
–Vengo insistiendo en ello desde hace mucho tiempo. Me parece altamente preocupante lo que hay implícito en las críticas al mérito. Se está diciendo que la moral es un atributo de los ricos, porque a los pobres su imposición les impide mejorar. Si resulta que los pobres no pueden esforzarse, intentar mejorar, aspirar a lo grande, podemos concluir que sólo los ricos pueden hacerlo. Por tanto, la moralidad tiene que ver con el dinero, con el patrimonio. Yo pienso en cambio que todos los seres humanos pueden aspirar a ser mejores; veo en las críticas a la meritocracia una rendición al fatalismo pesimista que, según el parecer de algunos, va inevitablemente asociado a la pobreza.
–¿Cómo define usted la meritocracia?
–En sentido propio, fue un término inventado por los revolucionarios franceses, que establecieron que «los cargos públicos deben estar abiertos al mérito». El mérito puede entenderse en dos sentidos, a mi modo de ver: mérito de eficiencia en la resolución de problema y mérito moral; es decir, aspiración moral, ambición moral. La meritocracia no puede ser un régimen de grandes capacitados técnicamente pero a la vez inmorales. Tiene que incluir una capacitación en ambos sentidos.
–¿Qué sistema sería entonces el adecuado?
–En España, un ministro de educación socialista, Fernández de los Ríos, hablaba de aristarquía, un término que me gusta mucho porque habla de la posibilidad de ascender de los mejores. Para él, el socialismo era precisamente eso, el régimen político que no cerraba las puertas a la mejora. Es diferente de la aristocracia, que es el gobierno de los mejores, pero no contempla el ascenso.
–¿Por qué cree que desde ciertos sectores se quiere condenar la cultura del esfuerzo?
–Ha sucedido a partir de un libro horroroso y demagógico, La tiranía del mérito, de Michael J. Sandel. Cuando quieres un mecánico quieres el mejor, lo mismo con un médico o un dentista… Si para tu satisfacción personal quieres lo mejor, ¿por qué no para la comunidad? ¿Qué ha sido del bien común?
–¿Qué argumentos se emplean para desacreditar el mérito?
–Cuando se habla de porcentajes se dice que la meritocracia es un cuento porque sólo un porcentaje pequeño de familias pobres triunfan socialmente. Eso ofrece un único punto de vista, una sola visión de la realidad. Pero mi cuestión es la mirada moral: no la estadísticas sociológicas, sino la mirada cara a cara al problema. Si miras a los ojos a un niño pobre, ¿puedes asegurar cuáles serán sus resultados en Matemáticas? No. El individuo no está determinado, por mucho que se quiera determinarlo sociológicamente. Ese niño exige que le des todo lo que puedas, y necesitas que él te corresponda de alguna manera: hay que animar a la gente a ponerse de puntillas. La inspiración a mejorar no es ni de derechas, ni del neoliberalismo: tiene que ver con la concepción de la virtud de cada persona. Cualquier defensor y cualquier crítico de la meritocracia, delante de un niño pobre, ¿justificarán sus suspensos por su pobreza, como dice la LOMLOE? Eso es dar por supuesto que si eres pobre eres menos moral.

La inspiración a mejorar no es ni de derechas, ni del neoliberalismo: tiene que ver con la concepción de la virtud de cada persona

–Usted tuitea que la cultura del esfuerzo no dice «esfuérzate y lo conseguirás», sino «esfuérzate y lo mejorarás».
–Es la clave. Cualquier trabajador lo sabe porque lo ha experimentado. Es una constante. Depende del espíritu con el que hagamos las cosas: espíritu de derrota, de ambición, de amor… Creo honestamente que aquella persona a la que le tira más la holganza que el estudio no tiene justificación. La aspiración a superarnos es lo que nos hace humanos: no se trata ni de pobres ni de ricos, sino de aceptar que somos responsables de nuestros actos. Diluir la responsabilidad en ideología me parece inmoral.
–¿Qué sociedad se genera cuando no hay esfuerzo?
–Los socialistas, incluso los comunistas como Lenin, Engels o Stalin, hablaban de la 'emulación socialista': el deseo de imitar a los mejores. Frente a estas personas que consideran que la meritocracia es un timo yo reivindico la emulación socialista.
–Lilith Verstrynge afirma que es un sistema que hace «darle demasiadas vueltas a la cabeza» y que genera cierta culpabilidad al pensar que «nunca se rinde lo suficiente».
–Esta mujer está descubriendo que la sociedad es imperfecta. Hay que darle tiempo para que vaya deduciendo y extrayendo sus propias conclusiones. Cualquier intento, o los que hemos conocido, de sustituir la sociedad imperfecta por una supuestamente perfecta ha condenado a miles de personas. Creo que a Verstrynge solamente la entienden las personas de su condición, de clase media, que no han tenido que ganarse la vida con trabajo manual. Pero cualquier trabajador sabe que lo que sale a cuenta es la virtud del pundonor, que es el afán por hacer las cosas bien.

Diluir la responsabilidad en ideología me parece inmoral

–¿Cree que se trata de un problema generacional?
–No, creo que es la cultura de la izquierda posmoderna. La izquierda ataca las cosas de la vida, ataca la meritocracia, sin ofrecer nada a cambio: su alternativa es el sorteo de los puestos. Si es así, deberían comenzar por Podemos.
Ayuso defendió en El Debate que sin esfuerzo se obtiene «una juventud cada vez más sola y deprimida» mientras que desde el podemismo se defiende justo lo contrario: que esforzarse y competir genera ansiedad. ¿Qué opina?
–El neuropediatra Benjamin Carson, director de neurocirugía pediátrica en el Hospital Johns Hopkins, contaba siempre una historia: la madre de un chico echó a su padre de casa porque era un sinvergüenza. Para sacar a los niños adelante, ella limpiaba casas, y se dio cuenta de que en las casas de los ricos había muchos libros. Así que conectó ambas ideas. Les llevaba a sus hijos libros de la biblioteca del barrio, y les mandaba leerlos y hacer un resumen. Ella ponía señales en los márgenes de lo que leían. Esta mujer era la madre de Ben Carson, que descubrió con el tiempo que su madre era analfabeta. Ella es un ejemplo digno de toda admiración y toda alabanza; los buenos ejemplos existen para poder ser imitados, e imitar a los mejores nos engrandece.
–¿Cuál es su experiencia personal con el mérito?
–Yo pertenezco a una familia humilde, pero siempre he estado agradecido –y cuantos más años pasan, más lo estoy– a aquellos profesores que en vez de darme una palmada en la espalda cuando hacía algo mal me insistían en que mejorara. ¡Cuántos niños fracasan en la escuela porque no tienen a alguien al lado que les permita visualizar aquello a lo que pueden aspirar!
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