09 de diciembre de 2022

Miguel Ángel Aguirre

Auge y caída del pintor de brocha

Dos activistas atacaron 'Las Majas' de Goya en el Museo del Prado de Madrid y en medio de las dos pinturas escribieron un mensaje sobre el cambio climático

En su poema Malos tiempos para la lírica (1939), el autor alemán Bertolt Brecht sostiene que «el horror de los discursos del pintor de brocha gorda», en clara alusión a Hitler, le empujaba a escribir. Algo parecido ha sucedido cuando en las últimas semanas se han encadenado una serie de atentados contra el patrimonio cultural en los principales museos del mundo.
El derramamiento de comida sobre obras maestras de Vermeer, Monet y Van Gogh, o la ocurrencia de pegar las manos a los marcos y telas de obras de Picasso y, muy recientemente, de Goya, empujan a escribir sobre un nuevo fenómeno que ha alcanzado dimensiones de pandemia global, con brotes en Londres, Roma, La Haya, Postdam, Melbourne, Madrid…
El modus operandi de estos grupos vandálicos obedece a un mismo patrón: bajo un supuesto objetivo común, «concienciar sobre el cambio climático», actúan por parejas contra su inofensiva víctima –una obra maestra– a la que utilizan como rehén circunstancial para lanzar sus soflamas ecologistas. Todo un patético logro.
La fechoría es convenientemente grabada mediante el móvil de algún cómplice emboscado en la sala o por el público presente que no puede evitar la tentación de activar la cámara del teléfono ante cualquier eventualidad.
Las imágenes se suben a las redes sociales para ser transmitidas y compartidas urbi et orbi y entrar, si los algoritmos lo permiten, en el olimpo del reino viral. El activista – vándalo se convierte en homo viralis por la causa ecologista y logra esos ansiados quince minutos de fama mundial que pregonaba Andy Warhol.
Dos activistas permanecen con la mano pegada a la pared de la National Gallery tras arrojar sopa de tomate al célebre cuadro 'Los girasoles', de Vincent van Gogh, el 14 de octubre de 2022

Dos activistas permanecen con la mano pegada a la pared de la National Gallery tras arrojar sopa de tomate al célebre cuadro 'Los girasoles', de Vincent van Gogh, el 14 de octubre de 2022AFP

Es una vuelta de tuerca al concepto de propaganda, ese «brazo ejecutor del gobierno invisible» sobre el que teorizó Edward Bernays hace más de 100 años y que cobra una extraordinaria actualidad. «Lo importante es –afirmaba– que la propaganda es universal y continua, y que se salda con la imposición de una disciplina en la mente pública tanto como un ejército impone la disciplina en los cuerpos de sus soldados».
El Museo del Prado y, más concretamente, La Maja Vestida y La Maja Desnuda, han sido el escaparate para la última (¿?) fechoría de estos grupos vandálicos. En Madrid han dado un paso más, al hacer una pintada de brocha gorda en la pared entre ambos cuadros con un mensaje alusivo a los compromisos del Acuerdo de París. Todo ello coincidiendo con del inicio de la Conferencia de las Naciones sobre el Cambio Climático, COP27, que se celebra estos días en Egipto.
La reacción de los responsables del Museo de Prado fue instantánea y ejemplar. La gestión de la crisis puede considerarse como positiva desde los puntos de vista operativo (desalojo ordenado de la sala afectada, retirada de los autores de los marcos de las obras por personal experto para reducir daños, puesta a disposición de la policía de los autores del delito y reapertura al público de la sala), de comunicación (información permanente y actualizada a través de sus canales y portavoces oficiales, con abundante información gráfica y audiovisual) e institucional (involucración permanente de la dirección y del propio Patronato, a través de su presidente, apoyo público de diferentes autoridades y de los gobiernos local, regional y central).
Cabe destacar también la reacción de la sociedad ante este acto vandálico. Su intento de imponer «una disciplina en la mente pública» ha sido fallido. Según los resultados de un análisis de la conversación en las redes sociales elaborado por Kreab, las opiniones contrarias a esta acción han sido abrumadoramente superiores. En concreto, un 40 % de las menciones son críticas contra los autores de este suceso frente a un 2 % que estarían a favor.
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Superada la crisis es momento de hacer balance de lo sucedido y poner en marcha las medidas que sean necesarias (planes de prevención de riesgos, protocolos de crisis, aumento de la seguridad, etc.) para evitar nuevos atentados «universales y continuos» contra nuestro patrimonio cultural.
España cuenta con las mejores pinacotecas del mundo y está entre los primeros países con más bienes declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Tenemos mucho de lo que estar orgullosos y mucho que proteger de un legado cultural inmenso.
El riesgo de que se produzca una acción vandálica como la que ha sufrido el Museo del Prado es todavía alto. Evitemos, por tanto, que el «pintor de brocha gorda» vuelva a tener protagonismo, aunque sea por unos minutos.
  • Miguel Ángel Aguirre es director general de la consultora Kreab
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