02 de febrero de 2023

La COP27 aprueba un fondo de pérdidas y daños por el cambio climático para países pobres

Una fotografía de la última cumbre del clima, la COP27 celebrada en Egipto

El Debate de las Ideas

Gaia, falsos dioses y políticas públicas

Tengo una idea de por qué el debate sobre el clima se ha vuelto tan emotivo. No se debe solo a la influencia de los medios de comunicación y al oportunismo político

No pretendo ser un experto en ciencia climática. Sí afirmo que tengo cierta competencia para detectar las modas en los medios de comunicación, pues soy miembro de ese clan, ya que he ejercido el periodismo escrito durante más de 40 años y he trabajado en televisión durante más de 20. Con estas credenciales, considero que la cobertura mediática sobre el cambio climático ha estado dominada durante mucho tiempo por un enfoque serio. Hay, sin duda, excepciones a esta regla. Sin embargo, desde el huracán Katrina, la información y los comentarios sobre el tiempo y el cambio climático han sido un continuo clamor histérico. Esto puede captar la atención para las pantallas y las páginas de los periódicos, pero no contribuye mucho a un debate público tranquilo y sosegado.
Así que, cuando el científico jefe del Departamento de Energía durante la Administración Obama, que también es profesor de física en Cal Tech, desafía el relato y la histeria, hay que prestar atención. Eso es precisamente lo que hace Steven E. Koonin en su reciente publicación Unsettled: What Climate Science Tells Us, What It Doesn’t, and Why It Matters: se enfrenta a casi todos los tópicos que enarbolan los actuales cruzados contra el cambio climático. El profesor Koonin no niega que el planeta se esté calentando y que los seres humanos tengan algo que ver con ello. Lo que sí cuestiona son algunas de las afirmaciones que subyacen a la actual consigna de que es imprescindible hacer algo mediante intervenciones gubernamentales masivas.
Así, citando la reseña de su libro en el Wall Street Journal, el profesor Koonin demuestra, a partir de los datos científicos, que:
«La frecuencia y la gravedad de los tornados… no tienden a aumentar; tampoco el número y la gravedad de las sequías. La extensión de los incendios globales ha tendido a disminuir de forma significativa. La tasa de aumento del nivel del mar no se ha acelerado. El rendimiento de los cultivos a nivel mundial está aumentando, no disminuyendo. Y aunque los niveles globales de CO2 son obviamente más altos ahora que hace dos siglos, no han llegado a ningún récord planetario: están en un mínimo que solo se ha visto una vez antes en los últimos 500 millones de años».
¿Aún no se ha escandalizado (o enfadado) con el profesor Koonin? Pues pruebe con sus propias palabras:
«Las olas de calor en Estados Unidos no son ahora más comunes que en 1900… Los picos de temperaturas altas en Estados Unidos no han aumentado en los últimos 50 años… Los humanos no han tenido un impacto detectable en los huracanes durante el último siglo… La capa de hielo de Groenlandia no se está reduciendo más rápidamente hoy que hace 80 años… El impacto económico neto del cambio climático inducido por el hombre será mínimo al menos hasta el final de este siglo».
Como he dicho, no tengo credenciales para juzgar la exactitud de las afirmaciones de Koonin. Me gusta su audacia a contracorriente y, desde luego, estoy de acuerdo con su argumento de que la ciencia, no los medios de comunicación ni los activistas, sino los datos reales de los numerosos informes autorizados que cita, debe orientar la toma de decisiones sobre la política pública y el cambio climático. También tengo una idea de por qué el debate sobre el clima se ha vuelto tan emotivo. No se debe solo a la influencia de los medios de comunicación y al oportunismo político, aunque ambos juegan su papel. Es porque el ecologismo se ha convertido en una pseudo-religión ultramundana.
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