01 de octubre de 2022

Kiko Martínez (derecha), durante su pelea con Josh Warrington

Kiko Martínez (derecha), durante su pelea con Josh WarringtonMatchroom Boxing

Entrevista

Kiko Martínez, tras el penúltimo 'robo' al boxeo español: «Estoy deseando volver a pelear»

El púgil español perdió su título mundial en un combate mal dirigido que evidenció la nula autoridad de nuestra industria cuando cruza los Pirineos

Han pasado casi dos semanas desde que Kiko Martínez (Granada, 1986) sufrió una de las derrotas más desagradables de la historia reciente del boxeo español. Una pelea pesimamente arbitrada que dejó un profundo amargor en el aficionado patrio. Hace dos semanas, Martínez voló a Inglaterra con la autoestima por las nubes y un cinturón de campeón mundial. De allí regresó sin título, con 12 puntos de sutura y el ánimo destruido: «Obviamente no me encuentro bien».
Los hechos probados de aquella noche son los siguientes: Kiko Martínez perdió la pelea condicionado por tres peligrosos cortes en la cara fruto de otros tantos cabezazos de su rival, el británico Josh Warrington. Ni el árbitro ni el médico intervinieron y el combate acabó antes de tiempo. Resultado oficial: KO técnico en el séptimo asalto.
«Es la primera vez que me encuentro en una pelea, con título o sin título de por medio, en la que el árbitro no llama al médico cuando un boxeador sangra de manera exacerbada», resume su entrenador, Tinín Rodríguez, cuyo viaje a Reino Unido también se torció nada más llegar: perdió su maleta y con ella la adrenalina con la que atiende a sus boxeadores en momentos de dificultad. «Trabajamos con una adrenalina que nos dieron y que venía abierta. La adrenalina cuando se abre pierde su efecto y trabajamos con una con la que apenas podíamos para la sangre de Kiko. No pudimos trabajar bien».
En los días previos a la pelea se habló de que una derrota podría suponer la retirada de Martínez, que ya suma 36 años en el DNI y casi veinte cotizados sobre el ring. Pero nadie contaba con lo que pasó. Diez días después de aquello al púgil le acaban de quitar los puntos de la cara, pero el dolor de espíritu permanece.
–¿Con qué palabras definirías tu estado de ánimo?
–Estoy mal, obviamente estoy mal. Estoy mal porque nadie miró por mi seguridad. Les daba igual todo, no tuve ayuda de ningún tipo, peleé contra dos encima del ring y perdí mi título de campeón del mundo de la peor manera que le pueden hacer a una persona. Obviamente no me encuentro bien. Esa es la palabra. Yo lucho todos los días con mi mente porque yo a mis hijas, a mi familia, no les puedo mostrar que estoy mal. Pero obviamente estoy mal, claro que sí.
Con la cara abierta (y a pesar de romper la mandíbula de su rival), Kiko vio pronto que la pelea venía de nalgas, con un juez de parte y una visión reducida. «Tenía los ojos llenos de sangre. Para mí era como estar debajo del agua. Desde el primer asalto esa era mi visión. Fue muy triste porque no llamaron al médico para que me miraran. Nadie luchó para que no me pasara nada peleando», se queja amargamente.
–¿No se habló de esto en la esquina?
–No. No nos dieron la opción pero tampoco mi esquina dijo ni media. Yo solamente podía seguir peleando porque allí nadie dijo nada.
–¿En qué momento piensas que han arruinado tu pelea y tus meses de preparación?
–En el primer asalto. Me dan un cabezazo, doy un paso atrás y el médico dice que tenemos que seguir peleando. Ahí me di cuenta de que estaba solo contra el mundo. Termina el primer asalto, nadie dice nada, todo el mundo sigue callado y nadie lucha por mi seguridad. Todo el mundo callado y a verlas venir. Eso no debería ser así. Ya no es pelear por el cinturón, sino por mi seguridad. Si me quieren quitar el cinturón que me lo quiten, pero yo recibí mucho castigo porque nadie hizo nada por seguridad. Nadie se quejó.
Al terminar la pelea, había un silencio espeso en el vestuario. «El ambiente era el aprendido en otras ocasiones, cuando hemos perdido y nos hemos ido cabizbajos», explica Tinín Rodríguez. «Algunas veces, de forma precipitada, se ha llegado a decir 'me retiro' porque son momentos de bajón. Muchas veces hemos dicho 'es mejor no hablar ahora'. En este caso estábamos callados, en silencio, y el único comentario que yo me atreví a hacer es que ese día nos tocaba comer mierda y nos tocaba comerla doblada. Y mañana Dios dirá. Lo mejor es dejar que pasen los días y, cuando todo merme, que Kiko tome la mejor decisión».
–¿Qué esperas del futuro?
–Todos los días me levanto y me acuesto frustrado, pero todos los días me voy a entrenar porque no voy a conseguir nada poniéndome a llorar –responde Kiko Martínez–. Mi padre no me enseñó a eso. Me voy a entrenar, hago mi hora y media de aeróbico o lo que toque. Luego doy mis clases de boxeo, trabajo y hago todo lo que tengo que hacer. Cuido a mis hijas y la tarea que llevo haciendo 20 años. Gane o pierda tengo que hacerla.

Estoy deseando volver a pelear. Yo ahora mismo tengo un poco de odio en mi interior y tengo ganas de sacarlo

«Mi carrera fue hermosa pero fue dura», dice, hablando de sí mismo en pasado. «Todos mis campeonatos del mundo los gané fuera y los de Europa casi todos también. Mi carrera ha sido dura, no ha sido una carrera de mentira como hacen con otros. La mía ha sido de verdad. Creo que ha sido una de las carreras más duras de la historia del boxeo español. Pero así tiene que ser: tengo que levantarme todas las mañanas y seguir para delante».
–Te ves en condiciones de seguir peleando con los mejores, entiendo.
–Yo lo siento así. Estoy deseando volver a pelear para quitarme este mal trago que tengo en mi interior. Yo ahora mismo tengo un poco de odio en mi interior y obviamente tengo ganas de sacarlo.
–Te gusta mucho tu trabajo.
–La felicidad me la da esto. Da igual el dinero que yo haya generado, los coches que tenga o lo que me compre porque no me hace feliz. Nada me hace más feliz que esto. Dejadme que haga lo que me haga feliz –reclama–. No hago nada malo, no hago daño nadie, el deporte no me está haciendo mal. No bebo alcohol, no trasnocho, cuido la alimentación, entreno, descanso... Uno ante todo tiene que ser feliz. Dejadme que me muera tranquilo y a gusto. Si esto me va a matar, es mi felicidad. No es de otra manera.
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