20 de mayo de 2022

Juan velarde fuertes

Un confuso intento

La Transición no supuso una auténtica mejora, como se sostiene en este libro

Al enfrentarse el lector con las numerosas aportaciones de este libro, comienza a observar, desde el principio, una especie de condena –por su deficiente actuación, según procura probar–, de la etapa regida, en España, por Franco. Por ello, califica como auténtica mejoría, la generada por el cambio político que significó la Transición. En ese sentido, como economista, tengo que señalar que esta orientación de la obra no puede ser aceptable científicamente, porque en esa etapa analizada, existe, previamente, una situación afectada, sucesivamente, por una Guerra Civil muy larga, que seguía al tremendo impacto de la Gran Depresión de 1930, la cual se había ampliado en España como consecuencia de la pésima política económica desarrollada en la etapa de la II República. Este dato esencial no aparece en parte alguna en este libro y, en cambio, sí la idea de que la Transición tuvo una orientación adecuada de la política económica. Basta citar la frase, precisamente de Joseba de la Torre y Mar Rubio-Varas, de que el péndulo de los argumentos «oscila entre quienes atribuyen todos los males de la España democrática a las decisiones tomadas entre 1977 y 1978, y quienes, por contra, reivindican la excelencia del modelo». Y este modelo se intenta vincularlo con la puesta en marcha de una política de libertad económica. De inmediato, eso significa olvidar nada menos que el papel orientador de la política económica de la anterior etapa, generada por la presencia, en España, de personajes de la talla de Stackelberg, además de las aportaciones de la Sección de Economía del Instituto de Estudios Políticos y del cambio radical que se produjo como consecuencia de las aportaciones políticas, muy asesoradas por excelentes economistas, de Ullastres y Navarro Rubio.

Economía en Transición. Del tardofranquismo a la democracia

Joseba de la Torre y Mar Rubio-Varas

Marcial Pons, Historia, Madrid, 2022 / 349 págs.

Este olvido de posturas de economistas de primera fila motiva ignorar también realidades como la de Olariaga o la de Sardá, y las consecuencias –de las que no se habla en absoluto en toda la obra–, de lo que significó, por ejemplo, la estatificación del Banco de España. O nada se menciona de la aparición, en los años 50, de modelos macroeconómicos tan importantes como la Contabilidad Nacional o la Tabla de insumo-producto. Los factores de la Transición económica española -de los que se ocupa Joseba de la Torre (págs. 41-71)-, realmente asombran a todo el que ha estudiado, en serio, el pensamiento económico español. Por supuesto que hace bien en citar a Fuentes Quintana, aunque ignore su aportación titulada Los principios de la imposición española y los problemas de su reforma. También menciona a Luis Ángel Rojo; pero ¿no hubiera sido conveniente efectuar un análisis a fondo del papel clave, como economista, que tuvo Manuel de Torres, o el mensaje permanente de Perpiñá? Y, con todos los respetos, sorprende situar al mismo nivel lo que significaron José Manuel Naredo y los colaboradores de Cuadernos de Ruedo Ibérico -conjunto que científicamente no fue precisamente un archivo de ideas valiosas-. Y dejo a un lado la ignorancia, por ejemplo, de lo que supuso Romeo Gorría (aludido con errata de imprenta en la pág. 121), que concretamente, gracias a Santos Blanco, alteró por primera vez la vinculación del Ministerio de Trabajo con modelos macroeconómicos.
Causa asombro que en la aportación de Joaquín Cuevas y María Ángeles Pons sobre Reformas y cambios en el sistema financiero, no haya referencia adecuada a la aludida estatificación del Banco de España; y, al mismo tiempo, en su análisis de las formas y cambios en el sistema financiero de 1974 a 1992, Joaquín Cuevas y María Ángeles Pons sostengan que las Cajas de Ahorros llegaron a la crisis de 1977 «con buena salud (salvo alguna excepción) y buenos gestores». Después de la famosa crítica al montaje de las Cajas de Ahorros efectuada por Jaime Terceiro en Información Comercial Española, sostener esto, en la pág. 219, realmente asombra.
Tras decir esto, ¿no hay ninguna aportación que merezca la pena? Afortunadamente, sí aparecen, en alguna ocasión, datos interesantes. Por ejemplo, en el trabajo de Jesús María Valdaliso, Crisis económica e incertidumbre política: el coste de la Transición para la marina mercante y la industria naval española, (págs. 223-252) estos existen, aunque todavía más interesante hubiera sido tener en cuenta la excelente información aparecida, precisamente, en El Debate el 21 de julio de 1935, que contenía, desde la pág. 1, un titular atrayente, En diez años, podría construir España la flota que necesita. A más de esto, también merece la pena tener en cuenta las alusiones efectuadas por Nuria Puig a lo que se suele señalar como economía clientelar, con enlaces entre los políticos y los empresarios, que existió con mucha fuerza en la etapa de la Restauración, y que vemos vinculada, por ejemplo, en la pág. 239, en relación con la Transmediterránea y otras posibles realidades, y a lo que dio el nombre, Amador G. Ayora, como Capitalismo de amiguetes, en El Economista, el 29 de mayo de 2021 (pág. 2).
  • Juan Velarde Fuertes es catedrático emérito de Economía Aplicada de la Universidad Complutense
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