12 de agosto de 2022

Rafael Doménech

Crecimiento en un entorno internacional más adverso

El impuesto a la banca recientemente anunciado podría aumentar los tipos de interés, reducir el crecimiento del crédito y lastrar el crecimiento del PIB

La economía española se encuentra atrapada en una situación aparentemente contradictoria. Los indicadores en tiempo real del crecimiento del PIB apuntan a que la actividad del segundo trimestre se ha acelerado respecto al primero: el PIB podría haber crecido un 2,4 % en tasa trimestral anualizada. De confirmarse, este aumento quedaría lejos de las previsiones iniciales cuando se desencadenó la guerra de Ucrania. Las expectativas para la campaña turística son buenas, con una recuperación del turismo extranjero que puede sobrepasar los niveles de gasto de 2019. Por su parte, la afiliación a la Seguridad Social y la inversión en maquinaria y equipo alcanzan máximos, mientras las licitaciones y convocatorias ligadas a los fondos europeos NGEU se aceleran. Las previsiones apuntan a que el crecimiento del PIB en el tercer trimestre podría superar el 1,6 % en tasa trimestral anualizada. Con estas previsiones, la economía española puede crecer fácilmente un 4,1 % en 2022 respecto a 2021.
Sin embargo, hacia adelante la incertidumbre ha aumentado significativamente. Todo apunta a que las subidas de los tipos de interés en EE. UU. producirán al menos una recesión de corta duración y que el crecimiento de 2023 será bastante reducido. Por su parte, Europa afronta el invierno con la amenaza de una reducción en el suministro de gas por parte de Rusia y el aumento de su precio, y el incremento de la fragmentación financiera. Como resultado, el crecimiento de la eurozona apenas alcanzará el 0,6 % en 2023, también con al menos dos trimestres de recesión.
Gracias a los fondos europeos, España podrá crecer el próximo año más que la eurozona, alrededor del 1,8 %, aunque 2,3 puntos menos que en 2022. Esta desaceleración económica se produce al mismo tiempo que un aumento de las previsiones de inflación hasta el 7,9 % en 2022 y el 3,2 % en 2023, con un elevado coste social.
Pero ¿qué puede hacer el Gobierno ante este escenario tan complejo? Primero, proteger a los colectivos más vulnerables frente a los aumentos de precios con medidas directas, temporales y selectivas.
Segundo, facilitar un pacto de rentas para evitar que la inflación importada se convierta en un problema de inflación en los bienes y servicios producidos en España, por una espiral de precios y salarios. Hasta el primer trimestre de 2022, el deflactor del PIB ha crecido un poco más del 2 %, gracias a la contribución negativa de los márgenes empresariales, que compensan parcialmente el crecimiento de los salarios respecto al de la productividad y, sobre todo, el de los impuestos sobre la producción. Si se evitan los efectos de segunda ronda y el deflactor del PIB se mantiene este año y el próximo entre el 2 % y el 3 %, la inflación disminuiría rápidamente en cuanto se estabilicen los precios de la energía y de las materias primas (muchas de ellas ya han empezado a caer) y desaparezcan los efectos base en la comparación interanual.
Tercero, establecer una hoja de ruta creíble hacia la estabilidad presupuestaria a medio y largo plazo, que lleve a una situación de superávit primario de las cuentas públicas. Esta es la mejor estrategia para quedar al margen de las posibles tensiones de los mercados de deuda y no depender de la efectividad del nuevo mecanismo del Banco Central Europeo para evitar la fragmentación financiera en la eurozona. Frente a la previsión de aumento del déficit estructural de BBVA Research de 1,5 puntos porcentuales en 2022 y 2023, sería oportuno aplicar una regla de crecimiento del gasto corriente en función del crecimiento potencial y dejar que el estímulo fiscal recaiga únicamente en una buena ejecución de las inversiones de los fondos europeos NGEU.
Y cuarto, aportar certidumbre y credibilidad, con medidas que no contribuyan a generar más incertidumbre y evitar medidas contraproducentes por sus efectos sobre la actividad económica y los precios. En este sentido, a la espera de conocer los detalles sobre su diseño, el impuesto a la banca recientemente anunciado podría aumentar los tipos de interés, reducir el crecimiento del crédito y lastrar el crecimiento del PIB. Además, es previsible que la incertidumbre sobre la política económica pueda ir en aumento conforme se acerquen las elecciones municipales y autonómicas del próximo año.

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