06 de octubre de 2022

José Manuel cansino

El Banco Central, a toro pasado

¿Qué es ser demandante de datos? El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido que su estrategia de lucha contra la inflación venga marcada por la magnitud del dato mensual de la subida de precios. El propio BCE califica su estrategia, en palabras de su presidenta, como «dependiente de los datos». Así lo afirmó Cristine Lagarde en su comparecencia tras el Consejo de Gobierno de 21 de julio y así lo reiteró la semana pasada después de decidir volver a subir los tres tipos de referencia en un 0,75 %.
En definitiva, que el BCE se confiese como «dependiente de los datos» significa que no tiene una hoja de ruta para resolver este problema global sino que subirá los tipos de interés con mayor o menor dureza en función de cómo de lejos esté el dato registrado de la inflación del objetivo del 2 %; un objetivo de referencia que no parecen dispuestos a revisar pues no en vano es uno de los pilares de la unión monetaria europea.
Abonarse a la letanía o mantra de la dependencia de datos garantiza al BCE que nadie le pueda acusar de ser el responsable de desatar una recesión económica en la zona euro. El BCE aprendió bien la lección de lo ocurrido con la Reserva Federal o banco central de los EE.UU., la FED, cuando se la responsabilizó de desatar la crisis financiera de 2008 al subir los tipos de interés y disparar los impagos de los préstamos hipotecarios basura o «subprime». Luego cayeron a plomo los precios de todos los activos financieros derivados de esas hipotecas y buena parte del mundo se sumió en una crisis muy grave. Esa crisis o «gran recesión» convirtió a China en el gran prestamista mundial y a los estados en dueños de enormes bancos «malos» repletos de activos tóxicos. No, el BCE no quiere que le coloquen la etiqueta de inductor de una nueva recesión ni siquiera si esta es suave.
El mensaje de la semana pasada del BCE se puede resumir diciendo que mientras que la inflación de la zona euro ronde el 10 % mensual, se sucederán subidas cada seis semanas de entre el 0,5 % y el 0,75 %. ¿Cuántas subidas? Pues con cierta retranca decía la presidenta del BCE que no podía saberse pero que probablemente serían más de una y quizás menos de cinco.
La cuestión es que a una inflación de oferta o, lo que es lo mismo, provocada por el incremento de los precios de las materias primas y principalmente de la energía, el BCE le está aplicando la medicina convencional que se prescribe para las inflaciones de demanda. En una inflación de demanda la presión de la misma sobre una capacidad productiva insuficiente hace que los precios se disparen. La lógica es inmediata. La asignación de la producción insuficiente entre el exceso de compradores se hace repartiendo lo disponible entre quienes paguen los precios más altos. Por eso la receta de política monetaria convencional es subir los tipos de interés para que el acceso al crédito resulte más difícil. Los mayores tipos de interés actúan como un depresor del consumo o más generalmente de la demanda y se siguen subiendo hasta que esta se enfríe y deje de empujar los precios hacia arriba.
Efectivamente, la subida de precios que nos azota no está explicada principalmente por la mayor demanda. El ahorro embalsado durante los casi dos años de pandemia y restricciones de movilidad ya se puso en circulación y presionó sobre la oferta casi todo lo que podía presionar. Ahora lo que queda es un elevado precio de los costes de producción en parte explicado por la inercia del consumo embalsado, en otra parte por la rotura de muchas cadenas de suministros y por la competencia mundial por el gas natural. Que nadie se engañe, el gas natural (clave en la fijación del precio de la electricidad en los mercados marginalistas) ya estaba subiendo antes de la invasión de Ucrania por Rusia el 24 de febrero. Por ejemplo, desde antes de la invasión el precio de referencia europeo que marca el mercado de futuros holandés –el TTF– ya había superado el precio de los 25 euros por megavatio hora que durante años se mantenía estable. La explicación es clara, el mundo estaba abandonando a buen ritmo el uso del carbón para la generación eléctrica y su hueco se cubría con gas. Así ocurría desde la Patagonia hasta el interior de las grandes provincias chinas.
Resumiendo; el BCE quiere embridar una inflación de oferta con la receta a aplicar a una inflación de demanda y quiere hacerlo actuando a «toro pasado» para que nadie le culpe de ser el responsable de una posible recesión por sueva que pueda ser.
  • José Manuel Cansino es Catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino
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