06 de octubre de 2022

josé maría rotellar

El riesgo potencial del incremento de los intereses de la deuda

Es imprescindible reducir el gasto ineficiente y devolver a los ciudadanos la recaudación extra que el Gobierno está consiguiendo gracias a la inflación

España afronta la crisis actual sin capacidad de maniobra contracíclica en su política fiscal por el lado del gasto ante una caída de la actividad económica que lo requiriese. Ello se debe a que si en el inicio de la anterior crisis, 2007, la deuda sobre el PIB se encontraba en el 35 %, ahora se halla entre el 115 % y el 120 %.
Así, el incremento de la deuda en el mandato de Sánchez está siendo exponencial: casi 320.000 millones más de deuda desde que gobierna y más de 210 millones al día de incremento de deuda (datos de junio; los del mes de julio se publicarán el veinte de septiembre). Eso hace que España tenga, en su conjunto, una deuda de 1,475392 billones de euros a junio de 2022 (último dato publicado por el Banco de España en el momento de publicarse este artículo).
El Tesoro, en sus estadísticas sobre la deuda del Estado en circulación, sitúa la deuda del Estado (no CC.AA. ni EE.LL.) en 1,282181 billones de euros. Aunque el Tesoro ha realizado bien su trabajo alargando la vida media de la cartera, hasta los 7,92 años –aunque desciende desde abril, cuando se situó en 8,15 años–, que minimiza el impacto de potenciales futuras subidas de tipos de interés, todo el endeudamiento nuevo (hasta 2025 se moverá entre los 75.000 millones previstos en su Estrategia de Financiación para 2022 y los cerca de 35.000 millones para 2025) se financiará más caro, como ya está sucediendo en estos momentos.
Eso nos daría un incremento importante en el coste de la deuda a reflejar en el capítulo III, tomando la deuda actual que refleja el Tesoro en su estadística de agosto de 2022 (sólo la del Estado), de 1,282181 billones de euros.
  • El coste medio actual del último año cerrado (2021) es de 1,64 % de toda la cartera, que supone un coste de 21.027,77 millones de euros.
  • Si el coste medio de la cartera subiese hasta los niveles de 2019 (un 2,19 %), el coste de la deuda sería de 28.079,76 millones de euros.
  • Si el coste medio de la cartera subiese al 2,64 % (un punto más que el de cierre de 2021), el coste de la deuda sería de 33.849,58 millones de euros.
  • Si el coste medio de la cartera subiese al 3 % (coste medio de 2014-2015), el coste de la deuda sería de 38.465,43 millones de euros.
  • Así, por cada punto porcentual de subida en el coste de financiación medio de toda la cartera, el incremento del coste de la deuda sería de 12.821,81 millones de euros.
  • Dicho de otra manera, por cada punto básico de subida en el coste de financiación medio de toda la cartera, el incremento del coste de la deuda sería de 128,22 millones de euros millones de euros.
  • Además, por cada 100 millones de incremento de deuda y un punto básico de incremento de interés, el coste de la deuda aumenta en 10.000 euros.
Si el cálculo lo hacemos con la deuda final de 2021 incrementada en los 75.000 millones de endeudamiento nuevo que el Tesoro prevé en su Estrategia Financiera de 2022, eso situaría la cartera de deuda en 1,319839 billones de euros, siendo el incremento de coste por aumento de tipos el siguiente:
  • El coste medio actual del último año cerrado (2021) es de 1,64 % de toda la cartera, que supone un coste de 21.645,36 millones de euros.
  • Si el coste medio de la cartera subiese hasta los niveles de 2019 (un 2,19 %), el coste de la deuda sería de 28.904,47 millones de euros.
  • Si el coste medio de la cartera subiese al 2,64 % (un punto más que el de cierre de 2021), el coste de la deuda sería de 34.843,75 millones de euros.
  • Si el coste medio de la cartera subiese al 3 % (coste medio de 2014-2015), el coste de la deuda sería de 39.595,17 millones de euros.
  • Así, por cada punto porcentual de subida en el coste de financiación medio de toda la cartera, el incremento del coste de la deuda sería de 13.198,39 millones de euros.
  • Dicho de otra manera, por cada punto básico de subida en el coste de financiación medio de toda la cartera, el incremento del coste de la deuda sería de 131,98 millones de euros millones de euros.
  • Además, por cada 100 millones de incremento de deuda y un punto básico de incremento de interés, el coste de la deuda aumenta en 10.000 euros.
Este grave problema de un déficit recurrente, que incrementa la deuda, puede poner en peligro a la economía española, tanto por su capacidad para financiarla si el BCE deja de comprar deuda, como por la repercusión de sus intereses en el presupuesto, que mermará recursos para servicios esenciales y que, a su vez, incrementará el gasto.
Esto es especialmente grave, como vemos en la simulación realizada, en estos momentos de subidas de tipos de interés, que afectarán negativamente a los gastos financieros del sector público, tal y como señalan diversas instituciones, como la AIReF y FUNCAS, por ejemplo.
Este temor a dicho riesgo ha aparecido claramente en las últimas semanas: la prima de riesgo de España se disparó por el sobreendeudamiento de Sánchez, que ha obligado al BCE a anunciar un mecanismo para mitigar el incremento de dicha prima de riesgo. Es decir, Sánchez está comprometiendo a la economía española y con el efecto que tiene, por ser la cuarta economía de la zona euro, a la eurozona.
El incremento del gasto es un problema importante, con el déficit estructural, construido sobre un gasto desmedido, que se ha ido consolidando en el tiempo, como principal problema. Así, sobre la base de unos ingresos coyunturales, se ha ido asumiendo un incremento del gasto anual en el sector público, especialmente en el Gobierno de la nación, que nos lleva a una situación de insostenibilidad.
Sánchez no sólo no rectifica, sino que agrava el endeudamiento de los españoles en el último mes.
Aunque pueda haber algunas oscilaciones a la baja por el ritmo entre refinanciaciones y vencimientos, la tendencia sigue siendo alcista –y así seguirá mientras siga habiendo déficit, pues la deuda no es más que el sumatorio de los distintos saldos presupuestarios de cada ejercicio– con la aportación de inestabilidad a la economía que ello supone, y para este año, 2022, se prevé un déficit del entorno del 5 %.
De esa forma, nos encontramos con un incremento exponencial del gasto sin haber recuperado el nivel de actividad económica previo a la pandemia, en un entorno económico complicado, de elevada inflación, siendo muy preocupante la subyacente –la mayor desde hace casi treinta años–, fuertes costes energéticos –que están propagando ese incremento de precios por toda la cadena de valor–, marco macroeconómico irreal, que se está corrigiendo a la baja por expectativas endebles. De hecho, todas las instituciones que realizan predicción rebajan de manera clara las previsiones de crecimiento español, al tiempo que elevan las previsiones de inflación en España. Todo ello está presionando, de nuevo, la prima de riesgo española, sólo mitigada por la herramienta antifragmentación anunciada por el BCE, que estará condicionada a reformas.
Los ciudadanos necesitan que el Gobierno le aligere de cargas, como, por ejemplo, la deflactación del IRPF y la bajada de impuestos, no que los endeuden más. Es imprescindible, por tanto, reducir el gasto ineficiente, porque es el origen del problema y vuelve insostenible el mantenimiento de la estructura económica con semejante endeudamiento, y devolver a los ciudadanos la recaudación extra que el Gobierno está consiguiendo gracias a la inflación, que asfixia a los españoles, les hace perder poder adquisitivo y les impide llegar a fin de mes y poder competir, en el caso de las empresas, en los mercados.
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