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La educación en la encrucijadaJorge Sainz

¿Qué opinan los jóvenes sobre la orientación recibida en los institutos?

Quienes participaron en más actividades con empleadores no solo valoran mejor su preparación para el empleo, sino que también presentan menor riesgo de quedarse fuera del sistema educativo o laboral tras la enseñanza secundaria

Hace unos días publiqué una entrada en el Blog Funcas preguntando «¿Qué opinan los jóvenes sobre la orientación recibida en los institutos?», a raíz de la publicación de los resultados de la PAU y en un momento clave para miles de estudiantes en plena transición a la universidad o el mercado laboral. En ese primer artículo, analizaba las percepciones de más de 1.000 jóvenes madrileños encuestados por la OCDE sobre la orientación y el desarrollo profesional recibidos en sus institutos. Hoy quiero retomar y ampliar esa discusión, poniendo el foco en un resultado relevante: la relación entre la intensidad de las actividades de orientación con empleadores y la percepción de preparación para la vida laboral.

Recordando el punto de partida

En la primera entrada, explicaba que las actividades de orientación están muy bien valoradas por los jóvenes que han participado en ellas: más del 80% consideran útiles (y más del 50 % «muy útiles») talleres como cómo hacer un CV, entrevistas de trabajo, o experiencias directas en empresas. Sin embargo, el acceso es desigual y las oportunidades, limitadas: sólo la mitad recuerda haber participado en talleres de CV o entrevistas, y apenas un tercio en ferias de empleo, job shadowing o prácticas laborales. De hecho, el 35 % nunca tuvo contacto con empleadores durante la secundaria. Además, la demanda de orientación insatisfecha es altísima: ocho de cada diez jóvenes habrían querido recibir más apoyo, especialmente en aspectos prácticos para el empleo, la fiscalidad o las transiciones laborales difíciles, siendo esta demanda especialmente alta entre mujeres y jóvenes de entornos desfavorecidos.

¿Prepara la escuela para la vida laboral? Depende de la experiencia

Pero, ¿hasta qué punto la participación en estas actividades de orientación –y en particular el contacto con empleadores– se traduce en una mejor percepción sobre la preparación para el trabajo? El gráfico adjunto extraído del informe de la OCDE Career readiness in Madrid (Spain) lo ilustra claramente.

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Fuente: Mann, A., J. Diaz and S. Zapata Posada (2025), «Career readiness in Madrid, Spain: Insights from a survey of young adults (19-26)», OECD Education Working Papers, No. 331, OECD Publishing, Paris.

La encuesta de la OCDE pregunta a los jóvenes madrileños si consideran que la escuela secundaria les preparó bien para la vida laboral, y cruza las respuestas con el número de actividades recordadas con empleadores (de 0 a 4+ ocasiones). El resultado es contundente: solo el 39 % de quienes no recuerdan ninguna actividad con empleadores cree que el Instituto les preparó bien. Pero ese porcentaje sube hasta el 68 % entre quienes participaron en cuatro o más actividades de este tipo. La progresión es lineal: a mayor volumen de experiencias directas con el mundo laboral durante la secundaria, más jóvenes sienten que salieron preparados para afrontar el mercado de trabajo.

Esta asociación no solo refleja la importancia de la orientación en general, sino, sobre todo, la potencia de las actividades prácticas y el contacto directo con profesionales y empresas. Algo que la literatura internacional, tanto en estudios longitudinales como en encuestas retrospectivas similares en Reino Unido o Estados Unidos, también ha constatado: la intensidad y diversidad de la orientación laboral en la adolescencia se asocia robustamente con mejores transiciones educativas y laborales (menos probabilidad de ser «nini» –ni tener empleo, ni seguir formándose–, mayor satisfacción con la trayectoria, mejor percepción de utilidad de los estudios, etc.).

¿Por qué importa el recuerdo y la intensidad?

El estudio de la OCDE subraya la importancia del «recuerdo» en este tipo de encuestas retrospectivas: dos tercios de los jóvenes afirman que les resulta fácil recordar qué actividades hicieron en la secundaria. Al analizar los datos, se confirma que quienes participaron en más actividades con empleadores no solo valoran mejor su preparación para el empleo, sino que también presentan menor riesgo de quedarse fuera del sistema educativo o laboral tras la enseñanza secundaria. Por ejemplo, hablar con profesores sobre empleos de interés, visitar empresas, realizar voluntariado, escuchar a ponentes o hacer job shadowing se asocian a una menor probabilidad de ser «nini» y a mayor satisfacción con la carrera elegida.

Insuficiencias y demandas: mucho por hacer

Pese a la evidencia positiva, la foto que emerge es de claroscuros. La mitad de los jóvenes considera que los Institutos les preparó bien para la vida laboral; la otra mitad, no. El acceso a actividades clave es limitado y desigual, y la demanda de más y mejor orientación es casi unánime. Especialmente, los jóvenes piden más experiencias prácticas, información sobre trámites y fiscalidad, y apoyo para afrontar transiciones complicadas. Esta demanda es todavía más intensa entre mujeres y jóvenes de entornos sociales desfavorecidos, lo que subraya el reto de la equidad.

Conclusión: más y mejor orientación, especialmente práctica

La experiencia internacional, sumada a los datos de Madrid y de España del proyecto de la OCDE, apunta a una receta clara: reforzar la orientación práctica y las interacciones con el mundo laboral en la secundaria puede mejorar no solo la empleabilidad, sino también la equidad de oportunidades. Para ello, es fundamental que estas actividades lleguen a todos los estudiantes, y no solo a una minoría. La Figura 6 deja claro el impacto que pueden tener: más contacto con empleadores, más jóvenes preparados para la vida laboral.

Jorge Sainz es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC)

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