Fundado en 1910
Miguel Ángel Sancho en la redacción de El Debate

Miguel Ángel Sancho en la redacción de El DebateDaniel Vara

Presidente de la Fundación Europea Sociedad y Educación

Miguel Ángel Sancho: «Las políticas educativas no pueden ser café para todos»

​Según destaca el experto, la sociedad debe implicarse en la educación, ya que «el Estado garantiza, pero no lo puede hacer todo»

En un momento en que el debate educativo se ve lastrado por la polarización política y la falta de acuerdos duraderos, la Fundación Europea Sociedad y Educación se define a sí misma como una entidad con un enfoque riguroso, independiente y centrado en los datos. Su presidente, Miguel Ángel Sancho, defiende una visión de la educación anclada en la evidencia, alejada de dogmas, y sustentada en la evaluación, la atención individualizada y la implicación activa de la sociedad.

A lo largo de esta entrevista que ha concedido a El Debate, Sancho desgrana algunos de los desafíos más urgentes del sistema educativo español, como el abandono escolar temprano o la escasa proporción de alumnos con alto rendimiento. También propone medidas concretas para transformar esta realidad: fortalecer el liderazgo educativo, ofrecer una orientación más efectiva y fomentar la corresponsabilidad entre el Estado y la sociedad civil.

–¿Cómo y por qué nace la Fundación Europea Sociedad y Educación?

–La Fundación se constituyó en 2004 como un centro de análisis socioeducativo. Detectamos que muchas veces las políticas educativas estaban demasiado influidas por posicionamientos ideológicos y carecían de evaluaciones rigurosas basadas en datos. Queríamos ofrecer un enfoque más objetivo, alineado con los marcos europeos, especialmente en relación con los indicadores que buscaban elevar el nivel educativo y la calidad de la enseñanza. Desde entonces, trabajamos desde una perspectiva interdisciplinar y fundamentada en la evaluación.

–¿Cuáles considera que son hoy los retos más urgentes en educación en España?

–Uno de los más relevantes es el abandono escolar temprano. Aunque hemos mejorado, seguimos con un 13 % de jóvenes entre 18 y 24 años que abandonan sin completar la FP ni el bachillerato. Ese porcentaje es alto y se aleja del objetivo europeo de no superar el 9 %. Además, preocupa el perfil de quienes abandonan: en muchas provincias, la tasa supera ampliamente la media nacional, como en Almería, donde llega al 39 %. Hemos analizado estos datos con base censal, lo que nos ha permitido desagregar la información por provincias y detectar diferencias incluso dentro de una misma comunidad autónoma.

–¿Qué factores influyen en ese abandono temprano?

–Muchos. Desde el nivel educativo y socioeconómico de las familias hasta el tipo de empleo disponible en la zona. Por ejemplo, en zonas donde hay trabajos poco cualificados pero bien remunerados, el coste de oportunidad de seguir estudiando se percibe como alto. También influye la estructura familiar, el entorno educativo y el acceso a una orientación académica adecuada.

–¿Ampliar la educación obligatoria hasta los 18 años podría ser una solución?

–No lo creemos así. La experiencia de otros países, como Portugal, fue positiva, pero el problema en España va más allá de la obligatoriedad. Detectamos falta de orientación, de personalización, de apoyo en la transición entre etapas educativas. También hay problemas en la FP Básica, pensada para atender a alumnos menos motivados por una vía académica tradicional. Pero muchas veces, esa FP no logra engancharlos, y el abandono vuelve a ocurrir en el primer trimestre. Se sienten poco atendidos, poco motivados. No es cuestión solo de ampliar años, sino de cambiar el enfoque.

–¿Cómo aborda la Fundación su trabajo en un contexto político polarizado?

–Nuestro enfoque es claro: trabajamos con datos objetivos, evaluaciones rigurosas y análisis fundamentados. Los números no tienen ideología. Publicamos estudios con bases sólidas y promovemos debates abiertos y multidisciplinares. En nuestros seminarios participan economistas, sociólogos, psicopedagogos... y cada uno aporta desde su campo. Así se construye una visión plural, pero centrada en una preocupación común: mejorar la educación.

–¿Cree que España está alineada con los objetivos educativos europeos?

–Los objetivos están bien definidos y son relevantes. El problema es llevarlos a la práctica. Un colaborador nuestro resumía bien la situación en un informe anual que hacemos: titulaba su análisis «suspenso en sobresaliente». Es decir, aunque en media estamos alineados con la OCDE, tenemos pocos alumnos en los niveles más altos de rendimiento. Mejoramos por abajo, pero nos falta excelencia por arriba. Y esto es tan importante como reducir el abandono.

Miguel Ángel Sancho

Miguel Ángel SanchoDaniel Vara

–¿Qué papel juega la evaluación en todo esto?

–Es clave. Necesitamos evaluaciones diagnósticas, censales y comparables. No se trata de hacer rankings, pero sí de saber en qué punto estamos y qué resultados produce una política concreta. Y no solo hablamos de alumnos, también de la evaluación del profesorado y de la función directiva, especialmente en zonas más vulnerables.

–¿Qué medidas podrían mejorar la situación educativa en zonas con más abandono?

–Hay que motivar y cualificar mejor a los equipos directivos y docentes en esas áreas. Si incentivamos que los mejores profesionales trabajen donde más se les necesita, podemos generar un cambio real. Hemos visto casos de centros públicos donde, gracias a equipos comprometidos, se mantienen niveles educativos aceptables en contextos muy difíciles. Pero eso necesita respaldo político y recursos.

La educación concertada no solo es necesaria, sino que refleja el compromiso de la sociedad con la educación

–¿Es posible un gran pacto de Estado en educación?

–Debería serlo. Aunque no exista un pacto formal, al menos deberíamos converger en torno a datos objetivos y metas comunes. Lo difícil es sacar a la educación del enfrentamiento político. A veces, se usa como arma ideológica, cuando en realidad debería ser un terreno para el consenso.

–¿Qué opina sobre el papel de la educación concertada en este debate?

–La educación concertada no solo es necesaria, sino que refleja el compromiso de la sociedad con la educación. Existen familias, cooperativas, congregaciones, fundaciones... todos movilizados por una educación de calidad. El Estado debe garantizar ese acceso, pero también facilitar que la sociedad se implique. Un Estado inteligente no lo asume todo, sino que impulsa y apoya a quienes quieren participar activamente. La clave está en equilibrar esa responsabilidad.

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