27 de enero de 2023

La Policía logró imágenes del asesino, pero éste ya había huido a Moscú, donde continuó asesinando

La Policía logró imágenes del asesino, pero éste ya había huido a Moscú, donde continuó asesinandoPaula Andrade / Policía Nacional / Guardia Civil

Crónica negra

El día en que el asesino de los ojos muertos visitó a un amigo llevando puestos unos guantes de látex

Nikolay asesinó a un agricultor y a una funcionara en Alicante y, tras huir del país, mató a una joven en Rusia. Un amigo español cree que lo intentó con él primero. El Debate accede a su testimonio

Cinco meses antes de que el asesino de los ojos muertos sajase con un cuchillo a Josefa en Torrevieja; seis meses antes de que asesinase a Antonio, agricultor, en los Montesinos, Alicante; nueve meses antes de que ahogase a Alicia, funcionara de justicia en Elche, Nikolay estuvo a punto de cometer su primer crimen. La víctima, un amigo de su propia pandilla.
Se llama Vicente y pasó uno de los peores días de su vida. El Debate ha tenido acceso al relato que hizo a los agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional que se encargaron de resolver el caso: «El 1 de marzo de 2020, Niko vino a mi casa. Me sorprendió porque llamó al timbre de la vivienda y mi chalé tiene una valla perimetral, es decir, tuvo que saltarla para llegar hasta la entrada».
A ese inicial desconcierto le siguió un sentimiento de peligro. «Nada más abrirle la puerta noté que traía la mirada perdida. Llevaba en las manos unos guantes de látex de color negro puestos. Decía cosas incomprensibles como: «Sé que has drogado a mis padres mientras ellos dormían en casa»; «Tú me vigilas, sabes cosas, dime quién eres de verdad». Le contesté: «No sé de qué estás hablando», pero la respuesta no fue de su agrado».

«Se abalanzó sobre mí»

Víctor intuyó que algo malo iba a suceder, la sensación de alarma interior había crecido exponencialmente. Acertó. «Niko se tiró sobre mí con violencia, me pegó una patada, luego empezó a darme puñetazos y patadas por todo el cuerpo». Tenía un elevado nivel de agresividad, como si quisiera dejarle inconsciente, pero Vicente, un tipo fornido, se recuperó un poco y comenzó a defenderse: «Entonces metió la mano en la chaqueta e intentó sacar un objeto del bolsillo, yo creo que llevaba un cuchillo». Vicente se abalanzó sobre él, y le inmovilizó el brazo. Si hubiese sacado ese arma, el equilibrio de fuerzas se hubiera decantado por el joven ruso y el final podría haber sido mucho más sangriento.
«Yo me defendí», continuó contando, «y logré neutralizarle un rato en el suelo. El trataba de zafarse, pero como soy más corpulento lo aplasté contra el suelo». El ruido de la refriega llamo la atención a la novia de Vicente, que salió a la puerta tratando de entender el origen del estrépito. Al ver a su pareja recibiendo los golpes de Nikolay comenzó a chillar: «¡Socorro! ¡Auxilio!», pero sus gritos no lograron hacerlo huir, así que allí mismo, delante del joven ruso, llamó a la Policía y dio la dirección donde debían acudir.
Nikolay lo escuchó todo, también observó como los vecinos de la joven pareja se acercaban a ver qué pasaba. «Entonces aflojé un poco, él se zafó y salió corriendo». Justo casi cuando estaba llegando la policía. Le persiguieron y aunque logró huir durante un rato, al final le acabaron echando el guante. Llevaba los suyos de látex todavía puestos y varias bolsas de basura negras industriales colgadas del cinturón, pero del cuchillo ni rastro. Debió tirarlo.

Rechazó secuestrar a un vecino

«Tengo claro que ese día quería matarme», confesó Vicente a los responsables de las pesquisas. «Además de los guantes de látex y de las bolsas de basura estoy seguro que llevaba un arma en el bolsillo, un cuchillo. Si no le hubiera sujetado, estoy convencido que lo habría sacado y me lo habría clavado».
Hacía meses que Vicente y Niko habían roto relaciones. Un día el joven ruso le dijo que estaba seguro de que un vecino suyo le estaba vigilando. Le propuso que lo secuestraran juntos para vengarse, pero Vicente rechazó la propuesta. Probablemente eso hizo que se obsesionase con él. Ahora mismo Nikoly está recluido en un centro psiquiátrico ruso, cerca de Moscú. Las autoridades españolas han pedido su extradición para que sea juzgado en nuestro país, pero, de momento, no ha habido respuesta.

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