Pilar Valdés Arroyo, Directora General de la Red Mundial de Turismo Religioso
«Ibiza no es solo fiesta y tiene una oportunidad de oro con el turismo religioso»
Pilar Valdés explica cómo la pandemia impulsó el turismo religioso y abrió una etapa de reflexión que ahora permite a destinos como Ibiza mostrarse más allá de la fiesta
Cuando se piensa Ibiza, la imaginación suele llenarse de playas turquesas, hoteles de lujo y noches interminables. Pero la isla pitiusa es más que un destino de fiesta: guarda un patrimonio espiritual y cultural que muchos desconocen. Así lo subraya Pilar Valdés, directora general de la Red Mundial de Turismo Religioso (RMTR), quien recuerda que «Ibiza es un territorio UNESCO en el ámbito cultural, y dentro del turismo cultural entra el religioso».
La isla cuenta con varios rincones atractivos culturales y religiosos, como la Catedral de Santa María de las Nieves. Se ubica en lo alto de Dalt Vila, una ciudad amurallada que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999.
Ibiza es mucho más que fiestas y playas
Valdés señala que «el turismo religioso está creciendo año tras año» y considera que ha llegado el turno de Ibiza en este ámbito. «Hay destinos en el mundo que parten de cero para atraer a peregrinos o visitantes interesados en lo espiritual y lo cultural. Ibiza, en cambio, ya es conocida en medio mundo: tiene una oportunidad de oro con el turismo religioso», afirma. La isla recibe entre un millón y un millón y medio de turistas al año, una cifra que, según Valdés, representa un potencial enorme: «Si logramos orientar parte de ese flujo, y muchos de ellos son creyentes, podremos ayudarles a descubrir la riqueza cultural y religiosa de la isla. Sería un paso de gigante».
Además de Ibiza, Baleares puede aprovechar el tirón para abrir un nuevo producto turístico. «Según los registros de hace años, la Seu de Mallorca es el principal destino religioso y cultural de Baleares». También destacan otros como el Santuario de Lluc (medio millón de visitantes al año), corazón espiritual de la isla, la Cartuja de Valldemossa o las fiestas de Sant Joan de Ciutadella (Menorca). Promover estos destinos puede suponer una inyección económica importante en las Islas y en el resto del país, ya que el turista religioso habitual posee un gran poder adquisitivo. «Suelen ser británicos de entre 50 y 60 años que viajan solos para conocer nuestras joyas culturales», apunta. Para ellos, es interesante comparar nuestros monumentos con sus iglesias. «Quieren saber de donde vienen nuestras cruces o vírgenes, y no solo británicos, también alemanes, franceses y belgas».
La pandemia, clave para el crecimiento
Entre el 24 y el 25 de octubre de 2025, Ibiza fue sede del III Congreso Nacional de Semana Santa y Ciudades Patrimonio de la Humanidad, un encuentro que marcó un paso importante para mostrar una faceta menos conocida de la isla. En ese contexto, Pilar Valdés, —una de las voces invitadas— destacó que el turismo religioso atraviesa un momento de expansión sostenida desde la pandemia. A su juicio, aquel periodo marcó un antes y un después: «El Covid-19 nos metió a todos en casa; frente al sufrimiento y la incertidumbre vivimos una auténtica sacudida. Los creyentes reforzaron su fe, y muchos no creyentes comenzaron a mirarse por dentro, a pensar y sentir de otra manera».
La pandemia fue un punto de inflexión para el turismo religioso, los viajeros empezaron a valorar nuevos destinos culturales tras una profunda inmersión espiritual. «Fue un antes y un después, aumentó el número de practicantes, así como el número de peregrinos u organizadores de grupos que incluyen paradas en lugares referentes para el catolicismo», relata. A raíz de esos años tan duros, el turista cristiano católico empezó a practicar su fe de una forma distinta: «Aumentó el estrés por lo sagrado, antes iban a una catedral por algo cultural, ahora quieren entrar a la misa, llevamos unos 5 años viviendo este nuevo auge».
La Red Mundial de Turismo Religioso está inmersa en un estudio pormenorizado sobre este crecimiento. Afirma que «necesitamos seis meses más, pero adelanto que un 20 % de la población mundial viaja por razones religiosas». Este 'boom' se está viendo representado, tanto en peregrinos como en turistas interesados en la religión y la historia de los lugares: «El peregrino implica un esfuerzo físico en sus viajes, puede entrar en una iglesia y quedarse un rato mirando». Por otra parte, el turista religioso puede estar más o menos implicado con la fe, pero su interés en descubrir rincones sagrados ya supone un gran avance para los municipios más pequeños: «Cada vez nos piden incluir más destinos religiosos en sitios desconocidos y estamos desbordados actualmente», admite.
Un 20% de la población mundial viaja por razones religiosas"
Además de los más míticos, como la Basílica Santa María de Guadalupe en Ciudad de México, el más visitado del mundo con 20 millones de visitantes anuales, en España están cogiendo fama festividades más locales como el fin de semana de la Virgen de la Cabeza en Andújar: «Puede llegar hasta 500.000 visitantes en dos días, es una barbaridad», destaca. No obstante, el objetivo es que el turismo religioso no se quede en las fechas festivas y se planteen visitas así en cualquier momento del año. Valdés añade que su intención no es plantarse en el cristianismo: «La red nació hace dos años, ahora el proyecto pasa por incluir destinos de las otras grandes religiones, como el islam, el hinduismo, judaísmo y budismo».
La religión, una salida al estrés digital de los jóvenes
Para los que creen que la religión cada vez tiene menos calado en los jóvenes, Valdés asegura que ocurre todo lo contrario: «Sumidos en una era digital estresante, muchos intentan encontrarse a sí mismos y acaban descubriendo la fe». La digitalización facilita muchos contenidos nocivos para este colectivo, que necesita encontrar respuestas vitales más allá de la superficialidad de las redes. Por ello, la Iglesia está llevando a cabo una misión encomiable. Según Valdés, «necesitan ser escuchados y la Conferencia Episcopal Española se está encargando, cada vez son más los creyentes», asegura. Y aunque no lo sean, mediante viajes de índole cristiana encuentran el apoyo necesario para vivir una espiritualidad sana: «Cientos de miles de colegiales de fuera de España escogen el Camino de Santiago, aunque no crean, pueden observar las montañas, disfrutar del entorno y conectar con ellos mismos».