01 de julio de 2022

Una persona sostiene cogollos de marihuana en las manos

Una persona sostiene cogollos de marihuana en las manos

Cataluña, la «fábrica» de marihuana de Europa: el año pasado se requisaron dos plantaciones al día

La Guardia Civil ha incrementado la vigilancia en la zona del Delta del Ebro (Tarragona), que también se ha convertido en un punto de acceso del hachís a España y el resto de Europa

Cataluña se ha convertido en el epicentro del tráfico de marihuana en Europa, así lo definen los Mossos de Esquadra. ¿Por qué? Cataluña tiene un clima propicio para el cultivo de esta droga, y no hay que perder de vista los aspectos económicos: es una forma relativamente fácil de conseguir beneficios, se recupera fácil la inversión inicial para montar una plantación de marihuana; y el tráfico por esta droga tiene una baja penalidad. Y todo ello, además, en una época de crisis económica provocada por la pandemia. Son explicaciones que encuentran los Mossos al hecho de que Cataluña sea el «huerto» de Europa.
Según un ejemplo de la propia Policía Autonómica, la producción de una plantación interior de unos 50 metros cuadrados, unas 700 plantas, es de 12 kilos de marihuana por cada cosecha. Y puede haber hasta cuatro cosechas al año. La inversión inicial es de 6.000 euros, aproximadamente. Pero hay que tener en cuenta que el precio del kilo va entre los 2.100 y los 2.700 euros. A partir de ahí, se pueden hacer los números.
Y no sólo se han implantado importantes grupos organizados dedicados al tráfico de drogas que instalan plantaciones tanto en interiores como en exteriores, sino que además se ha detectado una nueva ola de gente que se ha introducido en este mundillo por la precariedad laboral. Así lo demuestra, según los Mossos, el hecho de que 2021 «es el segundo año consecutivo que más del 50 % de las personas detenidas en el marco de la compra-venta de marihuana no tenía antecedentes penales», decía el jefe de la División de Investigación Criminal de los Mossos, Joan Carles Granja. Y esta es una cuestión que preocupa, y mucho, a la Policía.
Como también preocupa la penetración que todo ello puede tener en la economía local. Y es que se ha detectado un aumento de personas que, sin prestar un servicio activo, colaboran de una forma u otra con el tráfico. Son personas relacionadas con inmobiliarias, por ejemplo, o transportistas, que ven en el tráfico de marihuana una buena forma de conseguir dinero. Por ejemplo, gente que alquila un piso o una nave, especialmente en las zonas más despobladas, sabiendo que allí se va a cultivar marihuana, pero lo acaban aceptando porque nadie más les va a pagar el alquiler.

Violencia en torno a las plantaciones

De hecho, el año pasado se incrementaron casi todos los indicadores relacionados con la persecución policial contra el tráfico de marihuana: se decomisaron 662 cultivos, o lo que es lo mismo, se desmantelaron casi dos plantaciones diarias de media, una cifra que dobla a la del año anterior (393); se detuvieron a casi 2.000 personas, 250 más que en 2020 y se desarticularon 35 organizaciones criminales, siete más que el año anterior. Sólo hay una cifra que bajó: la cantidad de marihuana decomisada. Se pasó de diez toneladas en 2020 a las casi nueve del año pasado. Los Mossos lo atribuyen al trabajo policial y también a la colaboración ciudadana.
Más droga, más bandas organizadas y también más violencia. El año pasado se registraron 127 hechos violentos, relacionados con la marihuana que dejaron tres muertos (en Olesa de Montserrat, Navarcles y Rubí). Y en un 24 % de los casos los autores recurrieron a armas de fuego. Además de los tres homicidios, los Mossos tienen contabilizados tres secuestros, ocho retenciones ilegales y 107 'narcoasaltos', los robos que se producen entre bandas rivales o incluso entre miembros de una misma organización.
Respecto a la distribución geográfica, es en la provincia de Tarragona donde más droga se ha decomisado, un 44 % del total de Cataluña; seguida de Barcelona, con un 31 %, Gerona, el 19 % y Lérida, el 6 %.

Una «puerta de acceso» del hachís

Y en Tarragona, también hay que fijarse en otra cuestión. Más concretamente la zona del Delta del Ebro, porque se ha convertido en una de las puertas más importantes de acceso de hachís a Europa. Hace poco más de una semana la Guardia Civil informaba de la incautación en una playa cercana a la Ametlla de Mar de dos toneladas y media de hachís repartidas en 77 fardos. Se detuvieron a dos personas que fueron detenidas in fraganti mientras descargaban una narcolancha. Además de la droga, los agentes intervinieron 51 bidones de gasolina que contenían más de mil litros de combustible. Y es que las organizaciones criminales suelen dar a las embarcaciones combustible suficiente para poder volver a la costa norte de África, una vez que han transportado la droga has la provincia de Tarragona.
Precisamente la Guardia Civil ha incrementado la vigilancia en esta zona para controlar una «posible puerta de acceso del hachís a España y el resto de Europa, al advertir un aumento en los intentos de alijo de sustancias estupefacientes en el litoral catalán», según dicen en el Instituto Armado. Esta a la que nos referíamos se trataba de una operación importante, pero es constante el goteo de narcolanchas que son detectadas por la zona.
Se trata de embarcaciones que suelen contar con tres motores de 300 CV, aunque se han llegado a encontrar de hasta 425CV porque son modificadas. Los narcos suelen comprar la estructura externa de la embarcación y la equipan en talleres clandestinos.
¿Y por qué la zona del Delta del Ebro? Resulta idónea para los traficantes porque tiene una densidad baja de población; múltiples accesos; playas que ofrecen facilidad para navegar en ellas porque tienen poca roca, y sobre todo la posibilidad de ocultación. Y además por «un efecto desplazamiento», por la presión policial en el sur de España. Aun así, históricamente en el Delta ha sido habitual la presencia de organizaciones dedicadas al tráfico de hachís, pero el auge se ha producido a principios de los años 2000.
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