01 de octubre de 2022

Un escaparate de un comercio con un maniquí y un termostato

Un escaparate de un comercio con un maniquí y un termostatoEFE

Comerciantes de Barcelona, reticentes al decreto energético: «Es imposible mantener una temperatura soportable»

Locales comerciales y usuarios de transporte público se quejan del calor que provoca el plan de ahorro de energía de Pedro Sánchez

Los comerciantes y restauradores de Barcelona no acaban de ver claro la nueva normativa de ahorro energético que ya ha entrado en vigor. Aseguran que han cumplido con lo que exige la ley, han subido la temperatura del aire acondicionado y han cerrado las puertas de los locales. Pero dependiendo del tipo de negocio, consideran que 27 grados es una temperatura demasiado alta y hace mucho calor.
En varios restaurantes del centro de Barcelona han explicado a El Debate que el trasiego constante de entrada y salida de clientes hace imposible tener una «temperatura mínimamente soportable». Juan, camarero del turno de mañana, nos decía que no da tiempo a que el local tenga una temperatura de «confort», si continuamente se están abriendo las puertas.
Y a eso hay que añadir, nos decía, la temperatura de las neveras; de otros aparatos, como de los hornos o de las lámparas que apuntan a la barra. Eso y que ellos continuamente se están moviendo por el local atendiendo las mesas y las de la terraza. «Lo pasamos realmente mal», nos aseguraba. En cambio, para Jens y para Olivia, que vienen de Múnich, les parece que 27 grados es una temperatura ideal, consideran que es agradable porque no hay tanto contraste, tanta diferencia entre la temperatura de la calle (a lo que hay que añadir la humedad en Barcelona) y la del local.
De la misma opinión que Juan son los camareros de un establecimiento de comida rápida cercano a Plaza Cataluña. Y al mediodía, con la cantidad de turistas que hay, es que es «imposible» tener nada cerrado, además que ellos, los extranjeros, «tampoco saben de qué va la copla» y van a la suya. «Y sí, acaba haciendo mucho calor», por este motivo, nos dicen, se iban a plantear bajar un poco la temperatura del aire, porque desde luego añaden, «en el local no hay 27 grados, sino muchos más».
También en El Debate hemos visitado varias tiendas de ropa de Rambla Cataluña y de la zona de Portal del Angel. También aquí hay diversidad de opiniones. Para Susana y Margarita, dependientas de una zapatería «acaban pasando calor», aunque también lo atribuyen a que quizás ellas no soportan tan bien la temperatura tan alta. En cualquier caso, dicen que el tema de la temperatura en la tienda siempre ha sido objeto de discusión, porque otras compañeras sí preferían temperaturas más bajas «se quejaban de que tenían que trabajar con una chaquetilla y ahora, con los 27 grados, se encuentran más cómodas». Pero también nos dicen que les resulta incómodo tener que atender a los clientes con esa sensación de poder «estar algo sudadas».
En cambio, Janet, propietaria de una joyería en este caso de Terrassa, también en la provincia de Barcelona, dice que está «encantada» y que se encuentra muy a gusto. Quizás, añade, porque es un tipo de negocio que no tiene tanto trasiego de clientes y en el que no se acumula tanta gente, a diferencia de una zapatería o de tienda de ropa.

El metro, «un horno, insoportable»

Y otro punto a tener en cuenta es la estación de tren de Plaza Cataluña, de cercanías. Aquí, nos dicen los usuarios, nada ha cambiado. «Es absolutamente insoportable estar en el andén, hace la misma temperatura que en la calle ahora en verano. Pero esto ha pasado siempre, no es que haya cambiado nada con esta ley del Gobierno. Es un horno», nos dice Alex, que espera un tren de la línea R4 de Rodalies. ¿Y dentro del tren? En este caso la sensación es de calor. Hace falta un abanico. Pero María nos dice que esta mañana se había subido en otro tren «y se iba la mar de bien, en cambio, ahora hace un calorazo, quizás ni siquiera está el aire puesto, pero eso a veces pasa, y no sabes si es porque está estropeado el aire en el vagón, o depende del maquinista».
Y otro tanto ha pasado con la iluminación de escaparates. Ha habido un seguimiento irregular. Para el presidente de la Unión de Ejes Comerciales y Turísticos de Barcelona Oberta, Gabriel Jené, esta situación se debe a una «cuestión técnica». Así lo decía a la agencia EFE, donde también apuntaba a que el hecho de que muchos comercios están de vacaciones, o que los trabajadores no saben regular el reloj de programación, lo que ha provocado este seguimiento desigual. En cualquier caso, ha vuelto a criticar la «improvisación» del Gobierno a la hora de tener que aplicar esta medida.
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