Una pequeña capilla gallega que se convierte en un auténtico espectáculo dos veces al año

Una pequeña capilla gallega que se convierte en un auténtico espectáculo dos veces al añoTurismo de Galicia

La diminuta capilla gallega que se convierte en escenario singular y viral durante el equinoccio

Está considerada la ermita mozárabe más pequeña del noroeste peninsular

Dos veces al año se produce un fenómeno astronómico que marca el cambio de estación: el equinoccio. En esos días, el Sol se sitúa sobre la línea del ecuador terrestre y el planeta recibe la misma cantidad de luz en ambos hemisferios.

Como consecuencia, la duración del día y de la noche se iguala casi al minuto, algo que ocurre alrededor del 21 de marzo y del 23 de septiembre en el hemisferio norte y que marca el inicio de esta estaciones.

Lo que suele pasar desapercibido en la mayoría de los lugares se convierte, sin embargo, en un espectáculo en una pequeña capilla gallega que parece haber sido levantada con la complicidad del sol.

El misterio de esta ermita gallega

La protagonista de este fenómeno es la capilla de San Miguel, en Celanova (Orense), considerada la ermita mozárabe más pequeña del noroeste peninsular.

El templo, con muros gruesos, arcos de herradura y tres minúsculas estancias, refleja a la perfección la fusión de influencias cristianas e islámicas que caracterizan al arte mozárabe. Sus reducidas dimensiones, apenas 8,5 metros de largo por 3,85 de ancho, no impiden que se erija como un referente histórico y artístico. Declarada Monumento Nacional en 1923, forma parte del conjunto monástico de San Salvador de Celanova, lo que añade aún más atractivo a su visita.

Construida hacia el año 940, en plena efervescencia del arte mozárabe, este diminuto oratorio de apenas 20 metros cuadrados sorprende por su valor arquitectónico, pero también por el fenómeno astronómico que encierra en su interior.

En los equinoccios de primavera y otoño, el sol se alinea con las ventanas del templo y su luz atraviesa primero el horizonte y el monte de San Cibrao. Minutos más tarde, el rayo ilumina el ábside y proyecta en él una estrella de seis puntas. El efecto dura solo unos instantes y se explica por la orientación arquitectónica del edificio y la posición del sol en estas fechas concretas.

Su orientación exacta, apenas unos grados desplazada hacia el sur, permite que los rayos solares de los equinoccios encajen con la geometría de sus ventanas y rosetas. No se sabe si sus constructores buscaron intencionadamente este efecto o si se trata de un azar arquitectónico. Lo cierto es que este fenómeno despierta la curiosidad de muchos que acuden a inmortalizarlo con sus cámaras.

Y quizá esa sea la razón por la que, cada septiembre y cada marzo, decenas de personas acudan en silencio a esperar el amanecer en San Miguel de Celanova. Porque en ese instante efímero, cuando la luz se convierte en estrella, la historia y el cosmos parecen reconciliarse en un mismo lugar.

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