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Perico el de los pelotes

«Por más que Perico se empeñe en contentar a las masas, sus medidas se antojan estériles y faltas de cualquier sentido común económico»

De un tiempo a esta parte, se van quedando en desuso ciertas expresiones que, cuando éramos jóvenes, escuchábamos a menudo. Perico, el de los palotes, era una persona indeterminada, sin importancia, un ser cualquiera. El origen de esta expresión se remonta a novelas del siglo XVI e incluso Quevedo, en «El Burlón» lo incluye como uno de sus personajes.
Expertos en fraseología cuentan que se llamaba así a un «bobo que tocaba el tambor precediendo al pregonero, listo que se quedaba con los cuartos y sueldo de ambos, incluidas las propinas».
Nuestro «Perico» particular, el de Moncloa, cree ser la antítesis del personaje novelesco. «Pasaré a la historia», se atrevió a decir alegremente hace unos meses, sin ningún tipo de sonrojo, ni esperar a que el tiempo, juez incorrupto y dictador, se pronuncie, sin posibilidad de ser exhumado.
Perico no tañe dos palotes, el Presidente blande regaderas en ambas manos, con las que rocía los brotes verdes de nuestra economía, aunque sus expertos en la materia del riego, parece que más que brotes, hubiesen plantado alcachofas, producto de temporada y cercanía, que es lo que está de moda, con frutos relucientes y verdosos, pero que tornan grises y plomizos en cuanto se monda el envoltorio.
Por más que Perico se empeñe en contentar a las masas, sus medidas se antojan estériles y faltas de cualquier sentido común económico. Lo que importa es sacar brillo a la alcachofa, enredando con bonos culturales, salarios mínimos e IVAS o idas del ministro, ministra o ministre de turno, mientras los autónomos se ahogan, en este instante, en el laberinto que supone las nuevas tablas de cotizaciones.
Desde la distancia, Úrsula le hace ojitos a Perico, que, mientras reciba sus euro pelotes, seguirá cultivando sin descanso en pos de una buena cosecha de votos, mirando hacia el cielo en busca de nubes y vientos favorables, en vez de atender al terruño, los españolitos, enormes, bajitos…, hartos de ver, una y otra vez, como todo sube y nada baja.
No hay aplauso ni alabanza que detenga el inexorable paso del tiempo, que tornará verdes en grises irremediablemente. Y aunque Perico, el de los pelotes, pretenda culpar al cambio climático, todos los años habrá Primaveras y Otoños.
Y lo dijo Don Francisco de Quevedo: «Periquito el de los Palotes, si no tienes cuartos, que dame doblones».
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