De este agua no beberéRafael González

El parcelista

«Me ha venido todo esto a la cabeza cuando he visto a Sánchez con gorrilla en Marruecos, sin preocuparse por el móvil»

Según los datos que obran en poder de la Gerencia de Urbanismo, en Córdoba hay alrededor de once mil viviendas repartidas en 120 parcelaciones irregulares. La irregularidad es un apellido políticamente correcto frente a la ilegalidad o incluso la clandestinidad que el género parcelista o parcelario ha tenido desde que comenzara a ser un fenómeno popular e interclasista. La mayor proliferación de parcelas ilegales, terrenos jurídicamente catalogados para la agricultura pero convertidos en segunda residencia de plateros, trabajadores de la Westing y parados de larga duración o con bajas renovadas, se dio durante la década de los 80, cuando esta ciudad era el paraíso comunista municipal de España. Un paraíso con elevada conciencia de la propiedad privada que quedó colectivizada entre las clases populares y la nueva hornada de empleados públicos que encontraron acomodo en la administración local. Las parcelas para los primeros y el casco histórico, ese que ahora quiere placas solares también, para los segundos.

El parcelista pues nació, pero también se hizo. E incluso se refinó en forma de adosado en la Carrera del Caballo, con un comunismo más socialdemócrata y voluble como el de Rosa Aguilar. El parcelista ha sido y es una forma de ser y de vivir, con balaustrada, piscina con y sin depuradora y gárgolas en las columnas de la puerta principal. Si los ricos viven en el Brillante, el pueblo lo hace en la Gorgoja, El Alamillo o Torreblanca, que también tiene derecho. El parcelista es propietario con conciencia de tal aunque también convive en él el hombre sencillo que reclama derechos, agua potable y tomas de Endesa (antes Sevillana), pero sin IBI. Al parcelista se le ha dejado hacer de su capa un sayo y ahora se está tratando de reconducir por la senda de la legalidad con una normativa ajustada a derecho, que es el derecho de cobrar impuestos, evidentemente. Esto va a llevar su tiempo porque además intermedian los del consejo del movimiento ciudadano y las asociaciones vecinales y algún peñista que pase por ahí. De momento ya son irregulares antes que ilegales. Ante todo elegancia e inclusividad en el hablar.

Hemos hablado de la balaustrada pero también hay que hacerlo de la mulilla para los tomates y las patatas; la nevera metálica de Cruzcampo y el perol para los cuñados. Hay un parcelista tipificado que además lleva gorra solo en la parcela, mientras mira hacia el horizonte y a las numerosas lindes y vallas metálicas que albergan a otros tantos parcelistas que miran a su vez los setos y las verjas de hierro mientras piensan que algún día todo eso será para sus nietos. Esa sensación que da saberse propietario.

Me ha venido todo esto a la cabeza cuando he visto a Sánchez con gorrilla en Marruecos, sin preocuparse por el móvil, de vacaciones, mirando a lo lejos a esa parcela que ya sabe suya, una España que se llenará de lindes. Con la sonrisa del parcelista irregular pero amparado por otros muchos como él.

comentarios

Más de Rafael González

  • El autoveto patriótico

  • La mopa

  • Ritos de paso

  • Atila

  • Los reaccionarios

  • Más de Córdoba - Opinión

    tracking

    Compartir

    Herramientas