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Un padre charla con su hijo

La pediatra Adriana Medina da ocho pautas para iniciar una conversación entre padres e hijosNicolas Hansen / iStock

Las ocho preguntas incómodas que debes hacer a tus hijos antes de los diez años, según una pediatra

Los psicólogos y expertos en crianza no se cansan de repetir la importancia que tiene la comunicación en familia para lograr un desarrollo armónico y un clima feliz en el hogar.

Sin embargo, más allá de tratar las cuestiones del día a día, mucho padres no saben cómo iniciar una conversación que sea realmente trascendente y pueda tocar el corazón de sus hijos –y el suyo propio– de un modo tan profundo, que incluso cambie el modo en que ambos entienden su relación de amor paterno-filial.

Ese es uno de los principales escollos en el hogar que ha detectado la pediatra e influencer Adriana Medina, que cuenta con cerca de 100.000 seguidores en Instagram.

Y por ese motivo, ha publicado un post en sus redes sociales, con ocho preguntas de alto impacto emocional, que todos los padres deberían hacer a sus hijos, y mejor si es antes de que cumplan los diez años.

Por qué hacer preguntas incómodas

Eso sí, la pediatra avisa: algunas de las cuestiones pueden resultar incómodas, no tanto para el niño como para el padre o la madre que estén dispuestos a enfrentarse a la verdad de cómo perciben sus pequeños la vida en la familia.

Y de ahí que proponga que sean los adultos quienes abran el espacio y se expongan. Un punto de partida que ya de por sí es tan exigente como constructivo: asumir que las respuestas pueden no gustar a los padres, pero sirven para fortalecer el vínculo familiar y pulir los defectos.

Con un matiz: no se trata de perder autoridad, sino de ganar humildad ante los hijos, al mostrar que mamá y papá también están dispuestos a revisar su manera de hacer las cosas y a explicarse mejor.

Las 8 preguntas que cambian un hogar

Este es el listado básico que propone la pediatra, con comentarios que casi son un manual de educación afectiva:

1. «¿Qué es algo que hago yo y que no te gusta?»

Aquí se abre la puerta a la crítica honesta, no defensiva y no sarcástica. «Toca escuchar», apunta.

2. «Cuando estás triste, ¿cómo te gustaría que te ayude?»

«A veces los niños no quieren consejos, solo compañía. Hay que preguntar, no adivinar». Porque no todos los niños, ni todos los hijos, necesitan lo mismo.

3. «¿Hay algo que no te atreves a decirme?»

Medina avisa: «Tu tono y tu reacción van a decidir si lo dice… o si lo guarda». No vale preguntar y luego enfadarse.

4. «¿Con quién te sientes mejor cuando no estás conmigo?»

«No es competencia, sólo te muestra con quién se siente seguro también». Algo que ayuda a saber qué adultos son referencia para tu hijo.

5. «¿De qué estás orgulloso/a de ti?»

«Si no sabe responder, ahí duele. Porque tu tarea es ayudar a que lo descubra. Y aquí es donde se llora, sí», comenta.

6. «¿Qué cosas te dan miedo del futuro?»

La pediatra recuerda a los adultos que, en el caso de los niños, «sus miedos son reales, aunque parezcan pequeños para ti. Escúchalos».

7. «¿Qué crees que yo debería cambiar?»

Una de las preguntas que pueden ser más difíciles de contestar... o una de las respuestas más complejas de digerir. «Aceptar lo que digan enseña más que mil sermones», explica Medina.

8. «¿Qué te gustaría que hagamos más juntos?»

Por último, el listado acaba proyectando hacia el futuro. «Y la respuesta casi siempre es simple: tiempo, atención… no juguetes». Una «bofetada cariñosa» al consumismo y a ese sentimiento de culpa de los padres que tratan de compensar la falta de atención o tiempo juntos con regalos materiales.

Cómo preguntar (y cómo no responder)

Como señala Medina, el éxito de estas preguntas no está solo en el contenido, sino en el contexto: elegir un momento tranquilo, sin pantallas, sin prisas; escuchar sin interrumpir; no ridiculizar lo que el niño dice; y no usar después sus respuestas como arma arrojadiza.

En pocos días, la propuesta de esta pediatra ha recabado miles de comentarios y muestras de apoyo en redes sociales, porque se trata, en el fondo, de un recordatorio a contracorriente: los niños no necesitan padres perfectos, sino padres disponibles, capaces de preguntar con sencillez, explicar con humildad y escuchar la verdad con auténtico deseo de crecer como familia.

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