19 de agosto de 2022

Fernando González de Castejón, conde de Atarés y marqués de Perijá

Fernando González de Castejón, conde de Atarés y marqués de Perijá

Radiografía de un asesino con tarjeta de visita de marqués

Fernando González de Castejón, conde de Atarés y marqués de Perijá, disparó a su mujer el día que preparaba las maletas para abandonar el domicilio

La noche en que su mujer se disponía a recoger sus pertenencias y hacer las maletas en búsqueda de una vida libre del yugo de un maltratador, él se interpuso en su camino con una pistola. Por fin estaba decidida, aunque dar el paso nunca resulta fácil. Fernando González de Castejón, de 53 años, conde de Atarés y marqués de Perijá, y su mujer estaban en proceso de separación. Tras una acalorada discusión en la cocina, primero disparó a su esposa, Gemma Jiménez, a una amiga de esta, Julia Cuevas, que la acompañaba para protegerla y finalmente, se pegó un tiro en la boca. El arma cayó a sus pies.
Los vecinos del número 205 de la calle Serrano oyeron los gritos de la bronca y luego, les pareció sentir tres tiros en la madrugada del lunes. Nadie alertó a la Policía, puesto que el marqués acostumbraba a disparar en el patio interior del edificio y conocían de sobra su afición por las armas, para las que no tenía licencia. Era un residente problemático que nunca respetó las normas de convivencia y que alardeaba de sus orígenes nobiliarios. En su cuenta de Twitter se definía como «excelentísimo conde de Atarés e ilustrísimo marqués de Perijá», los mismos títulos que aparecían impresos en su tarjeta de visita. Le gustaba que en el barrio le conocieran como 'el marqués'.
Fernando recibió los títulos nobiliarios de IX marqués de Perijá y XVI conde de Atarés en noviembre de 2012, heredados de su tío abuelo, José Miguel López y Díaz de Tuesta. El noble falleció a los 92 años, en 2010, sin descendencia y con un vasto patrimonio y una importante colección de obras de arte, con cuadros de Sorolla y Murillo, además de esculturas, cerámicas, valiosas piezas de mobiliario y una importante biblioteca. Una pequeña parte la recibió Fernando, quien llevaba una vida desahogada aunque no se le conocía oficio alguno, pero el grueso de la herencia fue a manos de Vicente Marín, secretario y pareja de José Miguel López. Su relación se inició en 1972 cuando Marín empezó a trabajar en el palacio Galiano, en la calle Alcalá Galiano, reconvertido en un hotel y propiedad de la aristócrata familia. Se llevaban 20 años, pero siempre se entendieron bien y estuvieron juntos durante cinco décadas hasta el fallecimiento del tío abuelo del conde asesino de Serrano.
Los padres de José Miguel López y Díaz de Tuesta mantuvieron importantes vínculos con la realeza; José Federico López Nieulant era gentilhombre de Alfonso XIII y ella, Victoria Díaz de Tuesta, dama de Victoria Eugenia.

En el foco

Las imágenes que circulan hoy del conde asesino pertenecen a una gira que hizo por los platós de televisión arremetiendo contra políticos e instituciones, después de que le bloquearan sus fondos, según él de 740.000 euros, con la intervención del Banco Madrid. Aunque algunas fuentes han señalado que tenía problemas económicos, los investigadores del caso lo desmienten.
El marqués apenas tenía contacto con su familia. Durante la cena de Navidad de 2009 discutió con su madre, María Antonia Jordán de Urríes, y con sus hermanas, Fátima y Victoria, por una herencia. Fue denunciado por maltratarlas y se le impuso una orden de alejamiento. Este distanciamiento propició que sus parientes decidieran que no se celebrase velatorio, puesto que nadie iría a derramar una lágrima por él. Pidieron que su cuerpo se trasladase al cementerio de El Escorial el miércoles para incinerarle. El juez solo ha permitido la inhumación hasta que la Policía concluya la investigación.
Momento en que los sanitarios se llevan uno de los tres cuerpos sin vida, tras el crimen en el número 205 de la calle de Serrano de Madrid.

Momento en que los sanitarios se llevan uno de los tres cuerpos sin vida, tras el crimen en el número 205 de la calle de Serrano de MadridEFE

Fernando González de Castejón exhibía dos caras. El carácter agresivo y violento con el que se dirigía a sus vecinos no se reproducía luego en su trato con los hosteleros del barrio de Hispanoamérica, que detallan su carácter afable y las generosas propinas que les dejaba. Ningún vecino dio el paso de interponer una denuncia contra él por el uso que hacía de las zonas comunes para disparar. Quizá no sea fácil emprender acciones legales contra un individuo que en alguna ocasión salía a la calle con una escopeta de caza al hombro. La comunidad se sentía atemorizada.

Insultos al presidente

En el interior de la vivienda, colgaban de las paredes fotografías de Hitler y Franco. Le gustaba escuchar a todo volumen el Cara al Sol. Recientemente, se ha conocido que tenía un cartel en el que insultaba al presidente del Gobierno: «Muerte a Perro Sánchez». Disponía de una vitrina con un arsenal de armas: dos pistolas de 9 mm, una escopeta de caza, silenciadores y cuchillos de combate.
No constaba que su mujer estuviese registrada como víctima de maltrato. En 2018, la Policía intervino de oficio después de que González de Castejón insultase y vejase a su pareja en público, en una terraza de Serrano. Algunos de los clientes, testigos del comportamiento, dieron la voz de alarma.
El matrimonio tenía una hija de 10 años que se encontraba en un viaje en París, del que su madre regresó unos días antes. La menor quedará por el momento a cargo de su abuela materna.
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