16 de agosto de 2022

Carmen Duerto

El Falcon, las maletas y la casta de Irene Montero

Lo que me ha llamado la atención ha sido el vestuario escogido. Georgina Rodríguez también viaja en avión privado y nos enseña sus maletas

¿Podría la ministra Montero calzarse unos carísimos Manolos? Sí, perfectamente, porque gana un buen sueldo y podría pagarlos. ¿Y Carlos de Gales ponerse una camiseta con la cara del Che Guevara? Pues claro, perfectamente, pero no sería coherente en ninguno de los dos casos.
A la espera de que nos descubra la ministra cómo ha conseguido que dejen entrar en Estados Unidos a una de sus acompañantes, Isa Serra, con antecedentes penales y que hayan viajado en un Falcón a Washington y Nueva York a reunirse con activistas feministas y políticos de inferior rango a los de un ministro. Lo que me ha llamado la atención ha sido el vestuario escogido. Georgina Rodríguez también viaja en avión privado y nos enseña sus maletas. La ministra de Igualdad no ha querido, en igualdad de jet, ser igual que la mujer de Ronaldo y nos ha privado del selfiefalcón aunque se lo hayan hecho.
Vaya por delante que, en el momento en el que uno abre una tienda la ropa, sea para pijos, niños bien, hippies o perroflautas, está a disposición de la clientela, cualquiera puede comprar. Lo chocante es que la populista ministra haya decidido llevar un guardarropa casi íntegro firmado por Bimani.
En los años que lleva en el gobierno, Montero ha pasado de comprar la ropa en los supermercados de comida, mercadillos y low cost a Bimani. Y vaya por delante que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, también frecuenta la firma, pero en ella es coherente porque no hace criticas a esa absurda «casta», que se inventaron Irene Montero y su entonces pareja, Pablo Iglesias para criticar a los que viven en una casa con jardín, como la suya (y encima ellos tienen piscina y tinajas-váter) y viajan en coche alemán, como los suyos e incluso con chófer.
La ministra ha pasado del low cost chino y de mercadillo a Bimani, que es la marca que visten las personas diana de sus criticas. Justo las que usan Bimani son las mujeres que a Irene Montero le repatean y no porque las haya insultado con palabrotas sino por los misiles de corto alcance que lanza contra la «clase» que representan y que ella odia, que no es otra que la gente que se gana la vida con su esfuerzo, con su trabajo y su preparación y que encima, dan trabajo. La propietaria de la marca, Laura Corsini, que, según se lee en su web, emplea directamente a cincuenta personas, no ha llegado a donde está por ninguna cuota de partido, ni porque su pareja la haya colocado en ningún gobierno. La diseñadora, que está relacionada familiarmente con la aristocracia de la nobiliaria y de la empresa, ha estudiado Dirección y Administración de Empresas y enseguida ha posicionado su marca porque destila buen gusto, sin ser carísima y gracias a su outlet es todavía más asequible. Sí, su nicho de mercado es muy top.
Lo único bueno, aunque la actitud de la ministra parezca una incoherencia entre lo que predica y lo que hace, es que Montero compra sus modelos. El vestido Chimpún, 105 euros, el pantalón Pispás, 85 euros, la blusa Piripi, 69 o el vestido Recórcholis, 125 euros. Gracias a Dios no se la regalan y Bimani es una empresa española que produce aquí.
Es posible que, además de disfrutar del Falcon, y de su odiosa huella de carbono tan poco ecológica para los demás pero no para ella y las tres amigas políticas o el contrasentido de su falta de igualdad de género sin cuota masculina, otra de las preguntas que me surge, al verla vestida de Bimani, es si será su ropa un ejemplo de la hipocresía e incoherencia en la que parece moverse Irene Montero. Es posible que, como últimamente las preguntas se las contestan otros, sus estilismos sean su lenguaje no verbal y aunque lance misiles contra la «casta», el armario la deja en evidencia. Y vaya por delante que vestida de Bimani luce mejor que con lo que se pone para los mítines. Cada uno es muy libre de vestir como quiera y a las nietas de Biden en visita oficial a Madrid me remito, pero no es coherente por todo lo que ha insultado a los que hacían lo que ella hace ahora.
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