13 de agosto de 2022

Chicherin, con cartera, departiendo con el canciller alemán Wirth (en el centro) en Rapallo, 1922

Chicherin, con cartera, departiendo con el canciller alemán Wirth (en el centro) en Rapallo, 1922

Hace 100 años en El Debate

18 de marzo de 1922: Rusia asistiría a la Conferencia para la restauración de la economía europea

La intención del gobierno soviético al asistir al encuentro era la de colaborar económicamente con todos los Estados

En el mes de febrero, el presidente estadounidense Harding anunciaba que «hasta que las naciones europeas hayan concluido con sus divergencias de criterio respecto a las reparaciones alemanas, a Rusia y a otras cuestiones, los Estados Unidos no podía desempeñar un papel útil en la Conferencia».
Ahora, El Debate anunciaba que Rusia aceptaba «con profunda satisfacción la convocatoria de la Conferencia de Génova» pues veía en ella que «las grandes potencias renunciaban al bloqueo económico y político de Rusia». En una carta de Gueorgui Chicherin, ministro de Asuntos Exteriores ruso, al ministro francés expresaba que «era posible un acuerdo fructífero en el dominio económico» y puntualizaba que «la Conferencia de Génova debería apartarse radicalmente de las conferencias anteriores y no establecer ninguna diferencia entre los Estados participantes». Por otra parte, el periódico explicaba que la intención del gobierno soviético al asistir a la conferencia era la de colaborar económicamente con todos los Estados.
Ante la dificultad de que Lenin encabezase la delegación soviética debido a su mala salud, la responsabilidad recayó en Chicherin, que tuvo que prepararse concienzudamente. Partió de Moscú el 27 de marzo, pasó dos días en Riga reunido con representantes de diversas naciones de la región que acordaron cooperar en la conferencia e hicieron un llamamiento al reconocimiento del Gobierno soviético y luego continuó hacia Berlín, donde esperaba lograr un acuerdo con Alemania previo a la reunión internacional.
Los alemanes esperaban que los rusos no reclamasen indemnizaciones de guerra como les permitía el Tratado de Versalles y los rusos, por su parte, querían evitar una posible alianza entre Berlín y los franco-británicos, pero las reticencias del Gobierno alemán a pactar antes de la conferencia impidieron el acuerdo. Chicherin no obtuvo el reconocimiento oficial alemán, ni el acuerdo económico, ni la aceptación del monopolio comercial estatal soviético que esperaba. Consiguió, sin embargo, redactar un borrador conjunto que más tarde sirvió de base al Tratado de Rapallo por el que Alemania y Rusia reanudaban relaciones diplomáticas, renunciaron mutuamente a toda reparación de guerra, renunciaban a las reclamaciones mutuas sobre derechos de sus ciudadanos domiciliados en sus respectivos países, y se comprometieron a desarrollar la cooperación económica bilateral, atendiendo a sus necesidades especiales.
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