17 de agosto de 2022

Multitud en el American Union Bank de Nueva York durante una corrida bancaria a principios de la Gran Depresión

Multitud en el American Union Bank de Nueva York, durante una corrida bancaria a principios de la Gran Depresión

Picotazos de historia

El economista Galbraith fue acusado de una nueva crisis bursátil en 1955

Durante días Galbraith fue el centro del odio de una Nación aterrada por la posibilidad de otra Gran Depresión. No agradecemos a quien nos previene de lo que puede pasar, y cuando pasa le culpamos, por gafar

En 1954, John K. Galbraith (1908 – 2006) publicó su análisis sobre la Gran Depresión titulado El Crac del 29. El libro –que les recomiendo sinceramente– publicado en mitad del periodo histérico–paranoico denominado macartismo, llamó la atención de cierto senador, quien creyó percibir un ataque a una institución tan honorablemente norteamericana como la Bolsa de Valores. Por otro lado los tiempos eran de cambio: en 1953 Dwight D. Eisenhower había ganado las elecciones presidenciales, siendo el primer presidente republicano en mucho tiempo; el macartismo estaba en plena ebullición pero se veía su fin ( duraría un año más) y se estaba produciendo un periodo de alza bursátil, que duraba desde las elecciones presidenciales, que llenaba de optimismo y alegría a los inversores. Por todo ello algunos próceres decidieron que era oportuno abrir una investigación por parte del Comité de Moneda y Banca del Senado sobre la posibilidad de una nueva crisis bursátil. Por supuesto, juntando ambas circunstancias –la del senador y la repetición del crac–, Galbraith fue llamado a declarar.
La declaración se llevó a cabo el martes 8 de marzo de 1955, por la mañana. Primero declararon un par de miembros del mundo de las finanzas y varios viceconsejeros de la Bolsa de Nueva York. Cuando Galbraith inició su exposición el estado de atención de los miembros estaba en un nivel «letárgico». A mediodía, cuando el nivel llegaba al peligroso grado de «comatoso», algo cambió. Empezaron a llegar más periodista, fotógrafos, incluso cámaras de televisión; los miembros del Comité escuchaban con la máxima atención, incluso hacían preguntas que revelaban un sincero interés. A las 12:57 del mediodía, el presidente del Comité, suspendió la audiencia. Resulta que mientras Galbraith exponía los riesgos reales de una crisis bursátil, aunque no de las dimensiones que se produjeron en 1929, la Bolsa de Nueva York perdía, en un solo día, más de cinco mil millones de dólares ¡de 1955!
Durante días Galbraith fue el centro del odio de una nación aterrada por la posibilidad de otra Gran Depresión. No agradecemos a quien nos previene de lo que puede pasar, y cuando pasa le culpamos, por gafar. Nadie fue más incomoda en Troya que la visionaria Cassandra.
Galbraith recibió todo tipo de cartas amenazantes; la secretaria, agotada de responder llamadas, se despidió. Tuvieron que desconectar el teléfono. Harto, decidió irse con su esposa a esquiar a Mount Snow, Vermont, con la mala suerte de partirse una pierna, al poco de llegar.
Inmediatamente pasó una nota de prensa, bien cebada con los detalles del accidente, a todas las agencias que, al día siguiente, publicaron la noticia. Como por arte de magia cesaron las cartas amenazantes y las llamadas. La bolsa se estabilizo y, poco a poco, siguió subiendo. Todo el mundo pareció sentirse reafirmado en la seguridad de una justicia kármica. Galbraith perdió sus vacaciones pero la familia recuperó su tranquilidad.
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