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Foto coloreada de Trotsky en su despacho, 1920

Foto coloreada de Trotsky en su despacho, 1920

El asesinato de Trotsky: cómo Stalin logró eliminar a su mayor enemigo en México

Fue atacado el 20 de agosto de 1940, en su casa en Coyoacán, por un agente soviético, el español Ramón Mercader, quien lo golpeó en la cabeza con un piolet. Trotsky murió al día siguiente a causa de las heridas

«León Trotsky ha sido objeto de un atentado que ha causado gran sensación […] Según las últimas noticias no confirmadas, los médicos consideran imposible que se salve», informó el ABC. Sucedió en México el 20 de agosto de 1940, en una casa en Coyoacán. Trotsky murió al día siguiente a causa de las heridas. Detrás de toda aquella operación se encontraba la sombra de Stalin.

Estaba en peligro constante

Las tensiones entre Trotsky y Stalin se intensificaron tras la muerte de Lenin en 1924. «El camarada Stalin, convertido en secretario general, ha concentrado en sus manos un poder ilimitado, y no estoy seguro de que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia. Por otra parte, el camarada Trotsky, como ya lo demostró su lucha contra el Comité Central en el problema del Comisariado del Pueblo para las Vías de Comunicación, no se destaca solo por sus capacidades eminentes. Personalmente, tal vez sea el hombre más capaz del actual C.C., pero también es presuntuoso en exceso y se apasiona demasiado por los aspectos puramente administrativos del trabajo», dejó escrito en su testamento.

Sin embargo, liderazgo soviético acabó en manos de Stalin, quien de inmediato realizó «una espectacular purga que dio como resultado la destitución y la expulsión de Trostky de la dirección del Partido y de la III Internacional Comunista (Komintern)», escribe Elsa Aguilar Casas, del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) en su artículo León Trotsky: México, su refugio y su tumba.

Su expulsión del Partido Comunista significó la ruptura definitiva entre ambos y solo fue el preludio del exilio de Trotsky, que comenzó en 1929. Primero se vio obligado a abandonar la Unión Soviética, trasladándose a Turquía, luego a Francia, más tarde a Noruega y, finalmente, a México, donde no dejó de criticar el régimen de Stalin a través de ensayos y libros que denunciaban la represión y el desvío de la revolución socialista.

Por ello, no dejó de estar en peligro constante: «Su osadía se convirtió en la causa de la persecución hostil e incesante en cualquier suelo que pisaba; dondequiera que iba, había informantes, agentes, acosadores», destaca Aguilar.

Trotsky dirigiéndose a los soldados del Ejército Rojo durante la guerra polaco-soviética

Trotsky dirigiéndose a los soldados del Ejército Rojo durante la guerra polaco-soviética

Así, tres meses antes de su asesinato, veinte hombres armados con metralletas entraron en el recinto de su casa con el objetivo de matar a quien fue uno de los principales ideólogos de la Revolución rusa. Los mercenarios dispararon sin clemencia contra los muros de la casa de Trotsky, pero no consiguieron dar con el blanco y huyeron para evitar ser capturados.

Tras lo sucedido, Trostky reforzó la seguridad de la vivienda, convirtiéndola en una auténtica fortaleza: «Gracias a los esfuerzos de nuestros amigos norteamericanos, nuestra pacífica casa suburbana se está convirtiendo, semana tras semana, en una fortaleza; y, al mismo tiempo, en una cárcel», dejó por escrito quien fue uno de los principales líderes de la revolución bolchevique.

De esta manera se aumentó la altura de los muros exteriores, se tapiaron ventanas con ladrillos y se construyeron torres de vigilancia. Las obras seguían aquella tarde de agosto –entre otras cosas estaban instalando una sirena en el tejado– cuando Frank Jacson, amigo de la familia Trotsky, realizó una de sus visitas habituales. Pero esta vez su visita no fue nada amistosa.

Un agente estalinista

En realidad, Jacson era un agente estalinista llamado Ramón Mercader. Había nacido en el seno de una familia burguesa de Barcelona. Sería su madre, Caridad del Río, una ferviente estalinista, quien lo convencería para unirse a los servicios secretos soviéticos con un objetivo concreto: eliminar a la principal amenaza al régimen estalinista.

Según el historiador británico Robert Service, especialista en la historia rusa, Trotsky era –y sigue siendo– «un personaje más admirado que repudiado por encarnar el auténtico ideal revolucionario que Stalin supuestamente había traicionado».

Ficha de la policía española de 1936 de Ramon Mercader del Río (1914-1978), agente de la NKVD y asesino de Trotski

Ficha de la policía española de 1936 de Ramon Mercader del Río (1914-1978), agente de la NKVD y asesino de Trotski

Así, en 1939 puso en marcha, siguiendo las órdenes de Stalin, la Operación Utka (Operación Pato). Primero se infiltró en los círculos trotkistas con la identidad de un militante belga llamado Jacques Mornard. Su misión era enamorar y seducir a Sylvia Ageloff, hermana de la secretaria de Trotsky, quien le acercaría aún más a su objetivo final.

Ambos comenzaron una relación y bajo la identidad del canadiense Frank Jacson viajó a México acompañado de Sylvia, quien le presentó a Trotsky. Una vez estrechado los lazos con su objetivo, la misión del español iniciaba su última fase: ganarse la confianza del purgado bolchevique. Entre conversaciones, Mercader fingía simpatizar con las ideas de Trotsky, se ganó también la confianza de los guardaespaldas e incluso llegó a realizar pequeños favores y recados a la familia.

Por ello, su visita aquel 20 de agosto no era nada raro y con el pretexto de entregarle un artículo que quería que revisase, Trotsky y él se quedaron asolas. Ya en su estudio, Trotsky cogió los papeles y se acercó a la ventana para poder leer mejor. Aprovechando aquel momento de vulnerabilidad, Mercader sacó una de las armas que escondía debajo del chubasquero que colgaba de su brazo: un piolet, una especie de pico de metal afilado con mango de madera que suelen utilizar los alpinistas.

Y le atestó un golpe mortal que acabaría con su vida 12 horas: fue operado de urgencias, pero al día siguiente entró en coma y murió poco tiempo después.

Las autoridades mexicanas juzgaron a Mercader y lo condenaron a 20 años de cárcel. Stalin organizó una misión para liberar al español que acabaría fracasando. Sin embargo, fue reconocido –en una ceremonia secreta– como «Héroe de la Unión soviética», la más alta condecoración del régimen comunista.

Tras cumplir su condena, y pasar por Cuba y Praga, volvió a Rusia, y cambiaría su nombre por el de Ramón López para evitar la atención mediática. Sus restos descansan en el cementerio de Kúntsevo, en Moscú.

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