29 de enero de 2023

Un grupo de personas agraciadas con el Gordo de la Lotería lo celebra en la administración madrileña de Doña Manolita en 2019

Un grupo de personas agraciadas con el Gordo de la Lotería lo celebra en la administración madrileña de Doña Manolita en 2019EFE/Rodrigo Jiménez

Lotería de Navidad 2022

Así reacciona nuestro cerebro cuando nos toca la Lotería de Navidad

Pocas cosas pueden hacer tan feliz a una persona como contar con un décimo de Lotería premiado. Un sueño que millones de españoles intentan alcanzar cada 22 de diciembre pero que, como es lógico, solo unos pocos afortunados consiguen.
Gritos, abrazos, saltos y llantos invaden a los ganadores en un estado de exaltación que automáticamente pasa a engrosar la lista de los recuerdos más vívidos y felices de la vida del agraciado. Pero, ¿cómo reaccionan sus cerebros cuando se cercioran de que un número cantado por los niños de San Ildefonso coincide con el de su boleto de Lotería?
En esencia, el proceso consta de dos partes. Cuando el sistema sensorial recibe la noticia, los neurotransmisores de la felicidad generan un subidón que envuelve a la persona en la sensación transitoria de que ha encontrado solución a casi todos sus problemas.
Tras ese momento de euforia inicial, entra en activo la homeostasis, propiedad de los organismos por la cual se equilibran los sistemas que se necesitan para sobrevivir y funcionar correctamente. A través de ella, el organismo se estabiliza y tiende a una recuperación, lo que le hace volver a su estado normal.
Durante el proceso de subidón, en el resto del cuerpo se producen manifestaciones externas de tipo espasmódico, lo que incluye contracciones bruscas, constantes y no voluntarias de los músculos. El shock emocional puede incluso proporcionar la fuerza suficiente como para levantar objetos especialmente pesados o personas. Esto se debe a que el cerebro, al elevar la frecuencia cardíaca y el riego sanguíneo –lo que prepara a los músculos para soportar un esfuerzo intenso–, aumenta la presión arterial y el hígado comienza a suministrar glucosa a la sangre. Un mecanismo fisiológico de defensa que, al terminar, devuelve a nuestro cuerpo a su forma inicial.
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