Pedro Sánchez se siente muy cómo junto al presidente chino Xi Jinping

Pedro Sánchez se siente muy cómodo junto al presidente chino Xi JinpingEuropa Press

Industria

El guiño de Sánchez a Pekín que convirtió a España en socio preferente de las marcas de coches chinas en Europa

No ha pasado ni un año de su último viaje a China cuando los principales fabricantes de automóviles del país asiático apuestan decididamente por España como puerta de entrada a Europa

Para entender el origen del despliegue histórico que están haciendo las marcas chinas en España conviene viajar atrás en el tiempo, en concreto a mediados de septiembre del año pasado, cuando Pedro Sánchez viajaba a China acompañado del presidente de Sernauto, Francisco Riberas, la patronal española de componentes de automoción.

En aquel viaje oficial, su agenda oficial incluía reuniones con varios directivos de automoción chinos, en concreto los presidentes de Chery (Ebro, Omoda y Jaecoo), SAIC Motor (MG) y Hunan Yuneng, tres de los gigantes del sector del automóvil chino.

Declaración polémica

Tampoco es sencillo olvidar la comentada rueda de prensa en la que el propio presidente español elogiaba la calidad de los coches chinos y defendía el final de los aranceles a los coches chinos, mensajes más que suficientes para que el Partido Comunista chino tomara nota: Pedro Sánchez estaba dispuesto a apoyar a China a cambio de que las marcas chinas invirtieran aquí, un giro estratégico que ha afectado también a otros aspectos de la economía y que ha echado a España en brazos del país asiático.

La planta de Chery en Zona Franca, el mejor ejemplo de la colaboración

La planta de Chery en Zona Franca, el mejor ejemplo de la colaboración

Además de la estrategia política impulsada por Sánchez, otra serie de aspectos convierten a España en un emplazamiento preferente para los intereses chinos en su desembarco europeo.

Lugar preferente

Por un lado, hay que tener en cuenta la situación geográfica, a las puertas del Mediterráneo y de África y con numerosos puertos marítimos, claves en la ofensiva de coches que los chinos tenían previstos mandar en barco.

Por otro lado, el mercado español es extremadamente sensible al precio, una característica en la que las marcas chinas se sienten especialmente cómodas, pues su principal argumento de ventas sigue siendo el precio.

Barco Ro-Ro cargado con coches chinos que desembarca en Europa

La llegada de barcos cargados de coches es clave para los intereses chinos

Por último hay que tener en cuenta que España es un país con abundante mano de obra barata y cualificada, excepcional para los intereses por ejemplo de Chery, que ha invertido ya más de 500 millones de euros para poner en marcha la antigua fábrica de Zona Franca, donde se producen los nuevos modelos de la marca española Ebro y en breve los Omoda y Jaecoo.

Por el momento es cierto que se limitan a ensamblar coches que vienen a medio fabricar, pero la intención es convertirla en una fábrica convencional a medio plazo.

Ebro es el ejemplo

De hecho Chery y Ebro EV ya han anunciado su intención de contratar antes de final de año a todos los antiguos trabajadores de Nissan Zona Franca.

Un SUV compacto de 4,3 metros de largo

Ebro S400, el mejor ejemplo de la colaboración entre China y España

Pero el de Chery no es un caso único, BYD, uno de los únicos fabricantes de coches chinos que no son propiedad del Gobierno, ha barajado la posibilidad de poner una fábrica de vehículos y de baterías en España, aunque a última hora Hungría se ha llevado el gato al agua, lo que no quita la ingente inversión que está haciendo en concesionarios y personal para el desarrollo de marca.

Algo similar a lo que ocurre con MG, que llegó anunciar en China que España sería la ubicación preferente para una factoría de coches en Europa, planes que comparten otras firmas chinas como DSFK, Xpeng y otras que irán llegando.

Todo ello sin dejar de lado que en materia de baterías para coches eléctricos el principal fabricante de China CATL confirmó hace meses la puesta en funcionamiento de una fábrica de baterías en la planta de Stellantis en Figueruelas, una inversión de 4.000 millones de euros que contará con ayudas españolas y europeas.

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