30 de enero de 2023

Lourdes Acha, en una imagen de archivo

Lourdes Acha, en una imagen de archivo

Lourdes Acha 1929-2022

Generosa vida de prueba

Su gratificante ejemplo, su guía de servicio y su aprecio y entrega al ideal sanjuanista del «darse» quedará siempre impregnado en el obrar de aquellos que aprendieron de ella

Lourdes Acha, en una imagen de archivo
Nació el 9 de noviembre de 1929 en Santiago de Compostela y ha fallecido el 29 de noviembre de 2022 en Madrid

Lourdes Rivero de Aguilar Portela

Dama Gran Cruz de la Soberana Orden de Malta

Tenía la Orden de Malta, a la que se incorporó en cuanto se admitiron mujeres como damas, en la sangre. Su empeño en conseguir el buen hacer de las obras asistenciales lo promovió como Hospitalaria de la Asamblea.

Lourdes Rivero de Aguilar Portela, nació de Santiago de Compostela. Allí vio la luz, pasado el verano de 1929. Su familia era enteramente gallega y ella se enorgullecía de su origen. Señoreaba en la capital de Galicia, en su casa heredada y en el Pazo del Faramello, de su linaje. Su familia tiene capilla en el Claustro de la Catedral del Señor Santiago. En ella quiso unirse a quien pasó a ser su marido José Luis Acha y Otañez, marqués de Acha un domingo de fin de agosto de 1962. Él la dejó muy pronto, en 1989. Ella se centró en el cuidado de sus hijos: José Luis y Lourdes.
Quiso el Altísimo que tuviera una vida de prueba. La pérdida muy joven de su marido. Pero su desgarro absoluto, radical fue entregar a Nuestro Señor a su queridísima hija, a través de un brutal accidente de circulación, en 1992. Lourdes se quedará desnortada, destrozada y, a partir de entonces, vivirá en ella. Más de una década a través de sus ropas apagadas, oscuras, sin color. Debió entonces de pensar que, al igual que su padre, Bernardo Rivero de Aguilar y Otero, quien ingresó en nuestra Soberana Orden tras la Guerra Civil, para ser años Maestro de Ceremonias y su hermano Bernardo, quien fue Hospitalario los cuatro primeros años de la presidencia del duque de Frías, entre 1969-1973, atenuaría su infinito dolor en las obras asistenciales de la Asamblea española de la Soberana Orden de Malta, donde ingresó en cuanto se admitieron a las Señoras como Damas de nuestra Orden. Multiplicando de manera exponencial la entrega sanjuanista de su padre y de su hermano, y muy satisfecha por su condición femenina, en la presidencia de Luis Guillermo Perinat y Elío, marqués de Campo Real, entre 1993 a 2003 y en parte de la del conde de Orgaz de 2003 a 2013, se volcó a servir a Nuestros Señores durante los años que ostentó el cargo de Hospitalaria de nuestra Asamblea. Con incuestionables dotes de organización y de mando, su porte y presencia física ya imanaban la autoridad que ella traslucía de forma innata. «Tiene la autoridad de un Cardenal» comentó Piedy Gómez-Acabo y Silvela, duquesa de Santo Bouno, durante una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes al verla comportarse con los representantes de otras asociaciones nacionales en los encuentros que allí se celebran. En Madrid a la obra que más empeño dedicó fue nuestro Mercadillo, pero también haciendo un tándem extraordinario con Ignacia Ruiz de Arana y Montalvo, marquesa de Velada apoyaron el primer Comedor que, por entonces, se abría en Madrid. Y la adaptación y creación de nuestra Residencia de Mayores de Vallecas, y más tarde la actual de Aldea del Fresno. Tenía a nuestra Orden «en la sangre» expresión que le decía su sobrino Borja Otero y Zuleta de Reales, marqués de Revilla, por lo que no le importaba reprender a jóvenes miembros y a voluntarios. Reprimendas que solo traslucían su empeño en conseguir el buen hacer de nuestras obras asistenciales. Se le concedió el rango de Dama Gran Cruz, cuyo diploma, contenta por los esfuerzos melitenses que representaba, colgó en el salón de su Casa. Admirable su quehacer. Su gratificante ejemplo, su guía de servicio y su aprecio y entrega al ideal sanjuanista del «darse» quedará siempre impregnado en el obrar de aquellos que aprendimos de ella y seguimos aspirando a servir y a darnos al prójimo a través de nuestra Soberana Orden.
También apoyó al bienestar de las Monjas de Clausura a través de la Asociación española de Conventos y a la Asociación Nuevo Futuro dedicada a la integración de niños privados de ambiente familiar, colaborando en su Rastrillo anual.
Vida de prueba, una vez más, por el largo periodo de entendimiento nublado que ha tenido que soportar desde hace más de cinco años, hasta la noche del 29 de noviembre que se ha cumplido su ansiado deseo de reencontrarse con su hija Lourdes y con José Luis, su marido. Estas nubes en el entendimiento las ha tenido que sobrellevar José Luis, su hijo, que espero que, con la ayuda de Paloma, su mujer y los nietos de Lourdes sepan encontrar el consuelo de su pérdida en la magnífica obra melitense que llevó a cabo Lourdes Acha.
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