02 de julio de 2022

en primera líneaAlfonso IBáñez

Piolines somos todos

Hoy nuestro Gobierno entrega prebendas a los asesinos etarras a manos llenas mientras corre al Congreso de los Diputados a llamar Piolines a los asesinados

En sede parlamentaria. Nada más y nada menos que el Congreso de los Diputados ha sido el escenario que el presidente Sánchez ha elegido para humillar a policías nacionales y guardias civiles llamándolos Piolines, término despectivo acuñado por los socios golpistas de Sánchez para referirse a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado que impidieron el golpe de Estado en Cataluña
Piolines…
203 guardias civiles y 146 policías nacionales han sido asesinados por la banda terrorista vasca ETA. 349 familias destrozadas por la sinrazón de un grupo de independentistas para los que la vida, la de los demás, no tiene ningún precio. 349 familias que han perdido a sus hijos, hijas, maridos, esposas, madres, padres…
Piolines…
Diego Salvá y Carlos Sáenz de Tejada, dos guardias civiles asesinados el 30 de julio de 2009 en Calviá con una bomba lapa. Dos jóvenes destrozados por el odio de un grupo de asesinos supremacistas. Tiempo después tuve la ocasión de conocer tanto al padre como a la hermana de Diego, con quienes coincidí en diversas ocasiones. Su padre, un hombre afable, de trato agradable y cercano. Su hermana, una joven alegre y de una sensatez sorprendente. La procesión, sin duda, va por dentro. Qué tremendo e imborrable dolor debe de corroerles por dentro… y qué señorío y entereza muestran hacia afuera…
Según el presidente Sánchez, su hermano e hijo era un Piolín… No murió un guardia civil, murió un Piolín…
Piolines…
Diego nació en mi Pamplona natal, al igual que David Plá, que ostentaba una de las jefaturas etarras en el momento del asesinato de Diego. Hoy David Plá es un alto dirigente de Bildu, es uno de los socios preferentes de Sánchez en España y de la socialista Chivite en Navarra. Hoy, David Plá anda suelto por las calles, sin arrepentirse de nada, sin informar sobre quién o quienes asesinaron a Diego y a Carlos aquel fatídico 30 de julio. Hoy los asesinos son los socios de Gobierno y los asesinados, dice el presidente del Gobierno, Piolines…
Piolines…
piolines

Paula Andrade

Corrían los primeros días del mes de junio de 2009 y yo me encontraba trabajando en Bilbao como jefe de gabinete del presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti. Un buen amigo me invitó a una comida, quería que conociera a una persona: «Os vais a entender muy bien, acabaréis haciéndoos amigos», recuerdo que me afirmó. Y así fue como conocí a Eduardo Puelles, un policía nacional de origen vasco que ciertamente llamó poderosamente mi atención. Una persona inteligente y equilibrada que se expresaba con un gran sentido del humor.
Pocos días más tarde, el 19 de junio, saltaba la noticia a primera hora de la mañana: una bomba lapa había estallado en los bajos del coche de Eduardo. Murió envuelto en llamas, quemado vivo, destrozado, mientras vociferaba gritos de socorro en euskera, su lengua natal, y su mujer presenciaba impotente aquella dantesca escena. La banda terrorista vasca, en otra de sus acciones heroicas, dejaba mujer viuda y dos hijos huérfanos…
Ahora, el presidente del Gobierno Sánchez informa a aquella viuda y a aquellos hijos que el que fue su marido y padre en realidad era un Piolín…
Piolines…
Era el primer asesinato que cometía ETA en la legislatura del socialista Patxi López, aquel Lehendakari que lo fue gracias a los votos desinteresados del PP vasco. Y Patxi López expresó su dolor en público afirmando: «Era uno de los nuestros». Pero no, ahora Sánchez le ha corregido. No, Patxi, que no era uno de los nuestros, era un Piolín… Y también Patxi López afirmó aquel mismo día de dolor y luto: «Enseñaremos a los etarras el camino hacia la cárcel». Pero eran otros tiempos. En los que hoy corren, el asesino de Eduardo, un gudari vasco de pura cepa llamado Daniel Pastor Alonso, que fue condenado a 45 años por este asesinato y a más de 4.000 años, sí sí, cuatro mil, por otras heroicidades en nombre del pueblo vasco como la de asesinar al brigada Luis Conde de la Cruz o atentar con una furgoneta bomba provocando 160 heridos, entre ellos 41 niños, hoy ese asesino sin escrúpulos es premiado por Marlaska con un acercamiento al País Vasco. Hoy Pedro, Marlaska, Patxi… no os reconoce ni la madre que os parió, habéis pasado de enseñar a los asesinos de ETA el camino a las cárceles, a enseñarles el de salida de las mismas. Hoy nuestro Gobierno entrega prebendas a los asesinos etarras a manos llenas mientras corre al Congreso de los Diputados a llamar Piolines a los asesinados.
Piolines…
Pero no, que nadie se equivoque. Que nuestros guardias civiles y policías nacionales siguen teniendo el cariño, el respeto y la admiración de la inmensa mayoría de los españoles, también la de los votantes socialistas, por mucho que Sánchez y Marlaska se empeñen en hacer el trabajo sucio de sus socios de Gobierno en España. Tampoco es ajena a esta dinámica la actitud de la presidenta navarra María Chivite que con sus políticas y decisiones de sometimiento a Bildu ha conseguido ya verse incluso rechazada en los actos que en Pamplona se celebran en reconocimiento a las víctimas del terrorismo.
Pero no es Sánchez, ni Marlaska, ni Chivite quienes corren el peligro de tornarse en irreconocibles para sus propios votantes. La crisis es mucho más profunda y estructural, es el mismo Partido Socialista el que se está volviendo invisible para el conjunto de los españoles.
Porque Piolines somos todos.
Alfonso Ibáñez es consultor político
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