18 de agosto de 2022

TribunaFernando Ramos

Banderas invertidas y cuestiones de fondo

Lo de la bandera ha sido un descuido, sin duda, y Sánchez debió corregirlo él mismo para evitarse la inevitable foto. Pero hay cuestiones de más importancia y fondo

El episodio, que se repite, de que el presidente del Gobierno intervenga en un acto público sin enterarse o querer enterarse de que la bandera de su país está invertida, con el significado que eso tiene en el lenguaje de las enseñas, puede tener varias lecturas. O bien que sea un descuido o bien que haya habido malicia en uno y otro caso. Francamente, más bien puede ser un descuido precipitado, especialmente en el caso de la OTAN. Pero si en el primero, cuando Pedro Sánchez se entrevistó con Mohamed VI, no se comprende que los servicios de protocolo del Gobierno no repararan el error e hicieran algo para corregirlo y evitar que la famosa foto diera la vuelta al mundo, en el segundo, dado que se trataba de una bandera de mesa, el propio Sánchez, si se dio cuenta, debió él mismo poner la bandera correctamente, lo cual no era nada complicado: deslizarla del mástil y darle la vuelta.
En todo caso, pero especialmente en el segundo, son anécdotas menores, sobre las que planean asuntos de más relevancia. Pese a las palabras y gestos del presidente norteamericano, Joe Biden, con respecto a la importancia estratégica de España dentro de la OTAN y en sus relaciones bilaterales con los Estados Unidos, los analistas especializados en este terreno han advertido que el Gobierno español de Sánchez no parece haberse enterado nunca de las reticencias que provoca en la Casa Blanca que se sienten a la mesa de dicho Gobierno y, por lo tanto, compartan secretos y delicados asuntos ministros comunistas y que, en el aparato del mismo Gobierno, destacados seguidores de esta ideología estén manifiestamente en contra de la propia doctrina de la defensa de Occidente que representa la OTAN.
Ya se ha visto en las manifestaciones de destacados miembros de Podemos contra la ampliación de la Alianza, su oposición a la ayuda militar a Ucrania, o la propia manifestación contra la OTAN, donde se lucieron banderas con la hoz y el martillo de modo profuso. Y no deja de ser destacable que el secretario general del PCE –que es un comunista de verdad y no un eurocomunista como Carrillo–Enrique Santiago, participara en dicha manifestación, sin olvidar que tiene rango de «secretario de Estado», y que está al frente, nada menos, de la «Agenda 2030» que debe diseñar la España del futuro. O eso se supone. Delicada labor encomendada al abogado de las FAR colombianas, cosa que no se debe olvidar.
Y esta es una realidad tan evidente como los corteses abrazos y sonrisas de Joe Biden y el éxito que se pretende extraer de la cumbre de la OTAN, que tampoco nos ha aclarado con letra y pulso si, por fin, las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, van a estar protegidas en el futuro de una contingencia no deseada, teniendo en cuenta que en el mapa oficial del Reino de Marruecos (véase el mapa oficial de su Embajada en Madrid) aparecen como parte del territorio de aquel reino como cualquiera otra de sus ciudades.
Ahora, tras la cumbre de Madrid, será tiempo de estudiar con calma las resoluciones aprobadas, las declaraciones vertidas, las impresiones mostradas. Lo de la bandera ha sido un descuido, sin duda, y Sánchez debió corregirlo él mismo para evitarse la inevitable foto. Pero hay cuestiones de más importancia y fondo.
  • Fernando Ramos es periodista
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