08 de diciembre de 2022

tribunaLuis Rodrigo De Castro

Comienza la era Meloni

La espectacularidad del crecimiento del partido de Meloni no deja lugar a dudas: «El hermano pequeño ha pegado finalmente el estirón»

Sin sorpresas en Italia. Tal y como hacían presagiar las proyecciones de voto de las últimas semanas y los sondeos a pie de urna, Giorgia Meloni ha conseguido conquistar Italia y, salvo sorpresa mayúscula, será la primera mujer que encabece un Gobierno transalpino.
A pesar de haberse registrado la participación electoral más baja de la historia (63,91 por ciento), más de uno de cada cuatro electores, el 26 por ciento, se ha decantado por su partido, Fratelli d'Italia, fundado hace apenas una década y con resultados bastante exiguos en las dos elecciones previas a las que había concurrido (en las de febrero de 2013 a duras penas consiguió el 1,96 por ciento de los sufragios y en las de marzo 2018 se tuvo que conformar con el 4,35 por ciento).
En la oposición, la flamante vencedora tendrá un Partito Democrático (centroizquierda) descabezado tras la renuncia de su hasta ahora máximo exponente, el expremier Enrico Letta, que ya ha anunciado que no liderará la oposición al nuevo Gobierno Meloni a pesar de haber conseguido, en cierto modo, salvar los muebles con cerca del 20 por ciento de los votos (exactamente el 19,1 por ciento) y un Movimento 5 Stelle en caída libre. Los populistas otrora capitaneados por el cómico Beppe Grillo, esta vez con otro expremier al mando, Giuseppe Conte, se han dejado por el camino más de la mitad de los votos obtenidos hace cuatro años: el 32,68 por ciento de los votos que en 2018 les encumbró como primera fuerza política italiana ha menguado hasta el 15,4 por ciento, una cifra que, si bien les aboca a la irrelevancia política más absoluta durante la próxima legislatura, se sitúa muy por encima del 11 por ciento que auguraban las encuestas de intención de voto hace solo un mes.
Ateniéndonos a los resultados obtenidos por cada uno de los partidos de la futura coalición gubernamental de centroderecha, la espectacularidad del crecimiento del partido de Meloni no deja lugar a dudas: «El hermano pequeño ha pegado finalmente el estirón», expresado en términos un tanto coloquiales. Ciertamente, Fratelli d'Italia (26 por ciento) ha superado con creces los resultados del Forza Italia (8,1 por ciento) del sempiterno Berlusconi y los de la Lega (8,8 por ciento) del mediático Salvini, dos leones de la política italiana que, a partir de ahora, deberán plegarse al dictado una Meloni en la cresta de la ola si desean articular un Ejecutivo estable y viable más allá de los 18 meses que, de media, han perdurado los Gobiernos italianos en la última década.
Si el guion se sigue cumpliendo sin sorpresas reseñables, como hasta ahora, en un plazo de tiempo relativamente breve, el jefe del Estado, Sergio Mattarella, encargará a Meloni la formación de un nuevo gobierno, o lo que es lo mismo, conseguir el más difícil todavía: imponer su autoridad como vencedora indiscutible de las elecciones generales ante los egos decadentes de Berlusconi y, en particular, de Salvini, este último visiblemente ansioso por retornar al poder a pesar de no haber conseguido superar la barrera psicológica del 10 por ciento de los votos. El domador de este posible circo en ciernes será un Mattarella reelegido a principios de año para otros siete años con el poder constitucional de vetar el nombramiento de aquellos ministros que juzgue impropios de ostentar tal dignidad, un as en la manga que ya descubrió en 2018 cuando se negó a nombrar como ministro de Economía del Gobierno de coalición entre la Lega y el Movimento 5 Stelle al euroescéptico Paolo Savona, quien finalmente tuvo que ser reasignado como ministro para Asuntos Europeos a modo de premio de consolación.
Sin embargo, hasta finales octubre no se espera que se produzca la fumata bianca parlamentaria que abra las puertas del Palazzo Chigi (sede de la presidencia del Consejo de Ministros) a la exultante Meloni. Hasta entonces, Mario Draghi seguirá como primer ministro en funciones de la tercera economía de la eurozona y teniendo que lidiar con necesidad de dar respuestas urgentes a algunos de los problemas más acuciantes que azotan no solo a Italia sino al resto de la Unión: una crisis energética en ciernes de un invierno que puede resultar especialmente duro; la gestión de los fondos europeos Next Generation, cuyo segundo tramo por valor de 20.000 millones de euros recibió el pasado viernes 23 de septiembre la luz verde por parte de Bruselas; la negociación de un nuevo paquete de sanciones a Rusia en plena escalada de tensiones diplomáticas, o una subida generalizada de precios que, lejos de apaciguar las aguas, mina considerablemente el poder adquisitivo de las familias y amenaza incluso la supervivencia de muchas pequeñas y medianas empresas.
  • Luis Rodrigo de Castro es profesor colaborador doctor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en la Universidad CEU San Pablo
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