28 de enero de 2023

tribunaFernando Finat y de bustos

Gran Bretaña

El régimen parlamentario británico es, sin lugar a dudas, el sistema democrático más antiguo, vivo y funcionante del mundo occidental

Desde hace semanas veo en los medios una campaña implacable en contra del partido conservador británico. Lo que los distintos periodistas ven como dramático y decadente yo lo encuentro muy reconfortante y de gran democracia interna.
En mi juventud dediqué bastante tiempo a estudiar, como post graduado e investigador asociado en la London School of Economics, el régimen de partidos políticos ingleses.
Aquí en España no se acaba de entender la vida política británica.
Para empezar, mis amigos españoles no perdonan que el Reino Unido se haya ido de la Unión. Yo, como español, me quedé abrumado, aunque comprendí a mis amigos ingleses que votaron irse.
La Unión Europea ha sido una gran creación política. Quien haya leído de forma intensa la gran obra literaria de Churchill, tendrá debida cuenta de su ferviente europeísmo y de su permanente compromiso con la integración europea. Su idea era la Europa de las Naciones, no una Unión federal de Estados.
El régimen parlamentario británico es, sin lugar a dudas, el sistema democrático más antiguo, vivo y funcionante del mundo occidental. No tiene parangón con otros. Los enaltecidos EE.UU. fue una democracia salida de una feroz guerra civil que dejó una secuela de sangre y de represión autoritaria.
El Reino Unido lleva más de 300 años de existencia, el Acta de la Unión data de 1709. Mientras casi todos los Estados europeos han discurrido entre guerras mundiales, desaparición de Monarquías, regímenes de terror, revoluciones, etc., Gran Bretaña ha transitado desde una Monarquía con soberanía compartida a un régimen parlamentario con auténtica soberanía popular resultado de las siempre periódicas consultas electorales.
Lo que hace sui generis a su régimen constitucional es la primacía del Parlamento y la gran independencia de sus miembros respecto al conocido sistema de partidos clásicos.
Hoy día muchos medios y sus colaboradores se rasgan las vestiduras criticando la sustitución de premiers británicos envueltos en la crítica. Para mí es la admirable fortaleza de los parlamentarios vinculados en este caso al Partido Conservador que son capaces de, literalmente, desalojar a su primer ministro, supuestamente el hombre más poderoso del Reino Unido.
Si nos remontamos al pasado de la joven democracia española tendríamos que acudir a la forzada salida de Adolfo Suárez, presionado por los poderes de hecho y el terrorismo en 1981.
¿Qué partido en el poder en nuestro país sería capaz de sustituir a su presidente del Gobierno por celebrar una fiesta privada en su residencia aunque fuere en tiempos de la covid? ¿Lo hubiéramos siquiera sabido?
¿Alguien cree que es posible desalojar a un presidente como Aznar, Zapatero o Sánchez cuando estuvieran en su ejercicio constitucional?
La fortaleza del sistema británico se basa en dos principios, el resultado histórico de la función del Parlamento y aún más su ley electoral. El mecanismo para la elección de diputados descansa en el sistema electoral de distritos uninominales a una una sola vuelta. Los distritos son demarcaciones repartidas por todo el territorio nacional con una población electoral de entre 80.000 y 100.000 habitantes. En cada distrito se elige un solo diputado, por mayoría relativa. Suele ser una persona conocida por sus electores y tradicionalmente debe atender mensualmente reuniones con sus afiliados y escuchar sus sugerencias. En otras palabras: más allá de la lealtad debida a la dirección del partido, «Central Office», el diputado se debe a sus electores, quien en última instancia deciden volver a presentarle en la próxima convocatoria.
Para finalizar hay que subrayar la posición dominante de los diputados del Parlamento por su capacidad para decidir sobre la constitucionalidad de las leyes. Como el Reino Unido carece de Constitución escrita, es el Parlamento el que en última instancia decide en materias tan trascendentales como por ejemplo la alteración o extinción de la mencionada Acta de la Unión entre los dos Reinos.
La premier de Escocia ha retomado la peregrina demanda de un nuevo referendo para poder aprobar una posible secesión de Escocia. Ha solicitado de los lords, Tribunal Constitucional, un informe sobre la legalidad de la convocatoria. Sin embargo, la última y decisiva decisión estaría exclusivamente reservada a Westminster, es decir, al Parlamento del Reino Unido.
  • Fernando Finat y de Bustos es jurista
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