23 de mayo de 2022

Fotograma de Happy Thank you More Please de Josh Radnor

Fotograma de 'Happy Thank you More Please', de Josh Radnor

Cine con valores

El milagro de la acogida: paternidad no biológica en el cine contemporáneo

La acogida se ha convertido en una dimensión humana y social imprescindible en un mundo desgarrado por los fracasos afectivos y la soledad

El Papa Francisco, en la audiencia del pasado 5 de enero, refiriéndose a las experiencias de acogimiento y adopción, afirmó: «Este tipo de elección es una de las formas más sublimes de amor y de paternidad y maternidad […] Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él». 
En nuestro mundo desgarrado por los fracasos afectivos y la soledad, la acogida se ha convertido en una dimensión humana y social imprescindible. El cine, reflejo de la sociedad, nos ofrece muchas historias de acogida conmovedoras y llenas de verdad. Recordemos algunos títulos memorables.
The blind side, de John Lee Hancock

The blind side, de John Lee Hancock

Un sueño posible

The blind side (John Lee Hancock, 2009), protagonizada por Sandra Bullock y titulada Un sueño posible en castellano, cuenta la historia de un acogimiento familiar, mostrando tanto sus aspectos más gratos, como aquellos más dolorosos, pero en ambos casos sin estridencias ni sensacionalismos. Michael Oher es un inmenso joven negro que deambula por el barrio, ya que su madre es adicta al crack y su padre desapareció hace años. Un día se fija en él Leigh Anne Tuohy, una católica madre de familia, de fuerte carácter, que vive feliz con su esposo y sus dos hijos. Conmovida por el desamparo de `Big Michael´, lo acoge en su casa y le convierte en uno más de la familia. A partir de ese momento habrá que sortear no pocas dificultades para que el muchacho salga adelante.
Vete y vive, de Radu Mihaileanu

Vete y vive, de Radu Mihaileanu

Una adopción en Sudan

Si esa película abordaba la opción del acogimiento, la conmovedora Vete y vive (Radu Mihaileanu, 2005) nos presenta una historia de adopción. Schlomo es un niño etíope de madre cristiana, la cual le obliga a hacerse pasar por judío para poderle salvar de la hambruna y de una muerte segura. Ella se queda en el campamento de Sudán y el niño llega a Israel, donde es adoptado por una familia judía no practicante. La familia va a acompañarle incondicionalmente, pero Schlomo llega a adulto y en él permanece el deseo de volver a su madre. Su madre adoptiva le ayudará a encontrarla.
La clase de esgrima, de Klaus Härö

La clase de esgrima, de Klaus Härö

Paternidad sobrevenida

Más sobria, pero no menos verdadera es La clase de esgrima (Klaus Härö, 2015), que nos habla de una paternidad sobrevenida. La cinta nos cuenta la historia real de Endel Nelis, un profesor de esgrima estonio, que en 1950 llega desde Leningrado a la población estonia de Haapsalu. Con la anexión soviética de Estonia, se inicia una persecución de todos los estonios que hicieron la guerra en el bando alemán. Por ello Endel piensa que en ese pueblo perdido puede sentirse seguro, y comienza a trabajar como profesor de esgrima en un colegio. La mayoría de sus alumnos son huérfanos, bien por la guerra bien por la purga estalinista, y hacen de él la referencia adulta y paternal que necesitan. Hay un momento en que Endel tiene que elegir entre su libertad y seguridad o su `paternidad´ incondicional. Optará por eso último para no traicionar el vínculo con sus alumnos, y ello le costará –a sabiendas– su confinamiento en Siberia.
Los protagonistas de Estación central de Brasil en una de sus escenas

Los protagonistas de Estación central de Brasil en una de sus escenas

Creación de vínculos familiares

Otra historia de acogida inesperada nos llegó de Brasil con Estación Central de Brasil (Walter Salles, 1998). Dora se hace cargo de Josué, un niño abandonado en la estación de tren de Río de Janeiro. Al principio lo hace de forma interesada, pero poco a poco la relación se torna verdadera y se convierte casi en un vínculo familiar. Dora recorre medio Brasil acompañando a Josué en busca de su padre. Finalmente encuentran la casa de sus hermanos, y Dora cree que es el momento de irse para que Josué comience una nueva vida con su familia biológica. Pero jamás podrán ya olvidarse uno del otro. Están vinculados para siempre. Cuando alguien entra en la vida de uno de forma verdadera, ya nada ni nadie podrá expulsarle de su corazón.
Educando a J., de C. Lahti

Educando a J., de C. Lahti

Ser un buen jefe

En el cine independiente americano encontramos Educando a J. (C. Lahti, 2001). Una adolescente en crisis llamada `J´, que interpreta Leelee Sobieski, ha empezado a trabajar en una tienda de ropa. Su jefe (John Goodman) pierde la paciencia cuando descubre que la chica se toma demasiadas libertades en la tienda. Tras una discusión, el jefe se da cuenta de que J no tiene amigos, sus padres están separados, no tiene novio ni nadie con quien compartir lo que le pasa… excepto él mismo. A partir de ese momento ya no se va a limitar a intentar ser un buen jefe, sino que va a implicarse personalmente en el destino de su empleada, tratando de hacer un camino con ella que, curiosamente, revertirá en un cambio a mejor de su propia vida de adulto.
A esta relación de películas sobre paternidades y maternidades no biológicas se pueden añadir muchos títulos, como Happy Thank you More Please (Josh Radnor, 2010), Gru, mi villano favorito (Pierre Coffin, Chris Renaud y Sergio Pablos, 2010), Together (Chen Kaige, 2002) o Ni uno menos (Zhan Yimou, 1999), por citar algún ejemplo. Pero baste lo visto para ilustrar una de las vetas más humanas y desideologizadas del cine contemporáneo.
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