28 de septiembre de 2022

Santa Clara de Asís

Santa Clara de Asís

Santa Clara de Asís

¿Qué santo celebramos hoy jueves 11 de agosto de 2022?

Hoy conmemoramos a santa Clara de Asís

Hoy jueves, 11 de agosto de 2022, recordamos a santa Clara de Asís, entre otros canónicos que hoy son celebrados en el Santoral Cristiano.
Un 11 de agosto, el del año 1253, fue el verdadero dies natalis, cuando dejó este destierro para pasar a su verdadera casa. Estaban presentes, cuando Clara murió, los frailes franciscanos León, Ángel y Junípero, aquellos que de modo más genuino habían entendido y hecho vida el espíritu del Poverello. Ese día quiso, en un primer momento, decir la misa del común de vírgenes –que no funeral de difuntos– el papa Inocencio IV, por el convencimiento personal que tenía de su llegada al Cielo.
No había preocupación en la casa del conde de Favarone por buscar marido para ninguna de sus hijas; había dinero y bienes abundantes para dotarlas de modo conveniente como sucedía en su tiempo. Eran de buen ver sin que el buen Dios les hubiera negado a las hijas ninguna de las abundantes dotes de su hermosa madre, la bella Ortolana. Ya algún mozo de familia ilustre –e incluso otros algo más viejos– les habían lanzado los tejos.
Vivían allí los Favarone: En la patria pequeña del que años antes había sido tachado de loco, cuando vendió todos sus bienes para darlos a los pobres y decidió romper con los anhelos del mundo y sus criterios. Ella, Clara Favarone, se había embelesado con la doctrina de Francisco que se comentaba por Asís y al que se acercó, primero con mucho recato, luego con firme decisión y siempre con tan grandísimo respeto que llegó a ser auténtica veneración. Deseaba saber si era posible a la mujer vivir como ellos... se refería a los pocos que ya seguían al que practicaba de modo tan genuino y radical el Evangelio. Había captado desde su feminidad y con intuición certera el espíritu de aquel predicador incomprendido y hasta despreciado por sus paisanos. Quería vivir bajo su dirección y consejo.
Cuajada la vocación, decide otra locura para los hombres a sus dieciocho años. Se escapa de su casa y va a ver al hombre santo. En la iglesia de la Porciúncula, primero hay un solemne corte de pelo y después la imposición del velo, con promesa de obediencia a Francisco. Provisionalmente, entra en el convento benedictino de San Pablo de las Abadesas donde la acogerán las monjas y luego pasará a Sant´Angelo in Panzo.
Se forma, con toda lógica humana, una auténtica revolución en casa al notar su ausencia. La familia de Clara y los criados se movilizan en busca del paradero. Localizada la joven, quieren obligarla a regresar a casa y luego estudiará la familia el asunto con tranquilidad; su padre, Favarone di Offreduccio, utiliza primero mimos, después razones y por último amenazas; no le queda más remedio a Clara que meterse en la iglesia y, agarrada a un altar, se quita el velo para mostrar, sin la cabellera larga de otro tiempo, la cabeza rapada; es un signo evidente de que su decisión la tomó en serio y convencida. Todos quedan perplejos, pero menos que cuando, a los pocos días, Inés, la otra hermana, se escapa también de casa para recorrer el mismo camino que Clara y con idéntica decisión.
Y vienen otras; se cuentan hasta diecisiete las que pasan a un nuevo convento que Francisco ha buscado para que puedan vivir sin testigos según la regla que él ha ido preparando para ellas. Es San Damián, también en Asís, en una vivienda que había restaurado Francisco; y el modo de vivir el espíritu franciscano es muy parecido al de ellos. En 1215 se aprobó la segunda Orden. Clara es la abadesa que por cuarenta y dos años gobernará a las «Damas Pobres». Aquellos muros fueron testigos de amor intensísimo a Jesucristo en la Eucaristía, mantenido en la contemplación de Jesús-Niño en Belén y de Jesús en la Pasión, de incontables penitencias y de admirable paciencia alegre en las continuas enfermedades que padecía.
Las clarisas habían tomado de la mano para siempre a la hermana Pobreza y no querían soltarla. Es su carisma. Vivirían solo de limosna –como mendigas– y ¡que fueran pequeñas! La misma Clara se negaba a tomar donaciones que le ofrecieron y defendió la pobreza total y absoluta con uñas y dientes, con pasión, cuando un papa quiso mitigarla. No cedió jamás a su espíritu por consejo o enseñanza de nadie. Cuentan sus biógrafos que ni siquiera aceptó un pan si estaba entero, prefería el mendrugo sobrante. Fue copia fiel del espíritu de Francisco, su maestro, haciendo una perfecta versión femenina de su pensamiento.

Pasos para la canonización de un santo

El acto de canonización suele ser por lo general presidido por el Papa, y es una de las ceremonias más importantes de la Iglesia Católica. El proceso de canonización se produce tras la muerte del Santo y normalmente la petición viene precedida por las siguientes etapas:
1. Postulación: Es el proceso por el cual se da presenta y se da a conocer la intención de proponer a una persona como Santo. Este proceso requiere de datos biográficos y testimonios.
2. Siervo de Dios: Iniciación del postulado dentro de proceso de beatificación y declaración como persona vinculada a la Iglesia Católica.
3. Venerable: Equivale a persona digna de estima y de honor. Asociado a una vida ejemplar y previo a la beatificación.
4. Beatificación: Si se prueba la existencia de un milagro relacionado con el Venerable se procede a la Beatificación.
5. Canonización: Si el Beato puede atribuirse un segundo (o más) milagros se procede a canonizarle.
Otros santos de hoy:
Santos: Clara, virgen; Agilberta, confesor; Sereno, Rufino, Taurino, Gauderico, obispos; Digna, Donaldo, Eliano, Filomena, Neófito, Gayo, Gayano, Zenón, Tiburcio, Marcio, Macario, mártires; Rustícula, Equicio, abades; Susana, Lelia, Digna, vírgenes; Gerardo, eremita.
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