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EN EL PRIMER ANIVERSARIO DE LEÓN XIVJOSÉ ÁNGEL AGEJAS

Sin santidad y diálogo no hay anuncio

Estos días se ha filtrado que el próximo 15 de mayo sería la fecha elegida para publicar esa encíclica programática que llevaría por título 'Magnifica Humanitas'

Desde que apareció en el balcón de la Logia de la Basílica de san Pedro el 8 de mayo del año pasado, León XIV dejó en su breve alocución varias de las claves con las que conocerle y entender las líneas rectoras de su pontificado. Empezando por la a elección de su nombre como Papa: recordar cómo León XIII con la Rerum Novarum «afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial» y que hoy la Iglesia ha de responder a los desafíos de una nueva revolución industrial en la que la inteligencia artificial y sus desarrollos requieren «la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo».

Estos días se ha filtrado que el próximo 15 de mayo sería la fecha elegida para publicar esa encíclica programática que llevaría por título Magnifica Humanitas. Ese día se cumple el 130 aniversario de la publicación de aquel profético texto magisterial. El reciente documento Quo vadis Humanitas? de la Comisión Teológica Internacional sirve como marco teórico para profundizar en las cuestiones que abordará la encíclica. Poner ambos documentos en relación nos ofrece un interesante punto de reflexión y análisis acerca del mundo y la sociedad en la que testimoniar y anunciar el Evangelio: las amenazas del transhumanismo y del poshumanismo a una adecuada manera de entender a la persona humana y su dignidad; la aportación de la antropología cristiana como propuesta siempre nueva de entender la vida humana de manera integral; los retos éticos que emergen de la aplicación de la tecnología en todos los ámbitos de la vida y actividad humanos… En definitiva, comprender cómo la luz del acontecimiento cristiano, de la encarnación y redención, ilumina la condición humana y la reviste de una dignidad incomparable, magnífica.

Como hijo de san Agustín, son varias las claves teológicas y espirituales que nos ayudan a entender su mirada sobre su ministerio petrino. Empezando por entender que el anuncio de la fe supone una relación personal de conversión constante. Ahí encaja la cita de san Agustín desde el balcón de la Logia: «Con vosotros soy cristiano, para vosotros, obispo».

Uno de los discursos papales más importantes pero que suele pasar desapercibido es el que dirige todos los años al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede. Este año era su primera intervención de este estilo. Dedica varias de las más de diez páginas al análisis de la situación sociopolítica desde la perspectiva agustiniana en La Ciudad de Dios. El obispo de Hipona no propone un programa político sino un valioso marco de referencia y análisis. «Las dos ciudades coexisten hasta el final de los tiempos», recuerda el Papa, «cada una tiene una dimensión externa e interna que deben entenderse (…) también a través del prisma de las actitudes internas de cada ser humano hacia las realidades de la vida y de los acontecimientos históricos». Se entiende así su apuesta por el diálogo y no el enfrentamiento, la diplomacia y no la polarización, la defensa de la libertad y del derecho frente a la fuerza.

En este discurso, así como en la Carta Apostólica sobre la Educación y en la escrita con motivo de los decretos conciliares dedicados a los sacerdotes, apunta otra de las claves de su magisterio: el valor de la palabra como instrumento de comunicación y creación de verdadera cultura. Retoma así la idea lanzada por Benedicto XVI en su discurso en el Colegio de los Bernardinos de París sobre el auténtico sentido de la cultura: «En la confusión de un tiempo en que nada parecía quedar en pie, los monjes querían dedicarse a lo esencial (…) la búsqueda de Dios requiere por intrínseca exigencia una cultura de la palabra». «Redescubrir el significado de las palabras es quizás uno de los principales retos de nuestro tiempo» afirma León XIV. El debilitamiento del lenguaje lleva al debilitamiento de la cultura, del derecho, de la libertad, de la conciencia, de la dignidad de la persona.

Un último apunte tiene que ver con recuperar la belleza y la importancia del Vaticano II a lo que dedica el ciclo de catequesis iniciado este año, una vez concluidas las catequesis dedicadas al año jubilar en el 2025: la Iglesia se hace palabra y coloquio, en palabras de Pablo VI, y su anuncio al mundo exige «no tanto organismos o métodos o estructuras, sino santidad más profunda y extensa» en palabras de Juan Pablo I.

Finalmente, en clave agustiniana, remarca que cada uno somos protagonistas y responsables de la historia. Desde su formación como matemático, filósofo, teólogo y canonista, desde su experiencia como misionero, superior general, obispo y cardenal aporta a la Iglesia un estilo reflexivo y propositivo: la santidad y el anuncio del Evangelio han de conectar con la realidad, la naturaleza y la verdad para que la Iglesia abra los brazos a la humanidad y se haga eco de sus esperanzas y angustias.

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