12 de agosto de 2022

Francisco y Benedicto XVI, el 28 de septiembre de 2014

Francisco y Benedicto XVI, el 28 de septiembre de 2014GTRES

Qué sucedería si el Papa Francisco renunciara al papado

Mera especulación o posibilidad real, los rumores sobre la posible renuncia de Francisco tienen sus antecedentes históricos

Desde hace unos meses no se trata sólo de rumores, chismes y teorías de la conspiración. El propio Papa da pábulo a la posibilidad de que renuncie al pontificado. Sus respuestas, aunque negativas, no son tajantes, y cada vez deja más especio para la hipótesis. Los motivos serían variados, si bien, como en el caso de Benedicto XVI, se aducirían dificultades de salud. Evidentes desde hace unos meses. Por otro lado, varios analistas –por lo general, críticos con este Papa– asumen que la actual etapa en la sede petrina está agotada.

Prisión y persecución

Sea como fuere, la eventualidad de que Francisco anuncie su retiro se repite cada pocas semanas, y el consistorio de cardenales de finales de agosto sería, según los más ávidos, un momento propicio. Realidad o mera especulación gratuita, lo cierto es que nada le impide seguir los pasos de Joseph Ratzinger. Lo que se requiere es que sea una decisión libre, consciente y sopesada.
La historia de las renuncias papales es, no obstante, tan antigua como la propia Iglesia. Según san Epifanio de Salamina (s. IV), el primer sucesor de Pedro habría sido san Clemente, pero renunciaría, de modo que Lino y Cleto (Anacleto) figuran en este lugar dentro del listado papas. De acuerdo con Epifanio, Clemente habría vuelto a asumir el pontificado tras el martirio de Cleto. Todo esto, dentro del siglo I. De este Clemente parece que habla san Pablo en la Carta a los Filipenses.
Concilio Vaticano II

Concilio Vaticano II

Durante los siglos posteriores y en los albores de la Edad Media, hay quienes sitúan otras supuestas renuncias, como la de san Ponciano (s. III), Liberio (s. IV), san Silverio (s. VI), o san Martín I (s. VII). Al igual que en el caso de Clemente, se trata de situaciones poco esclarecidas, aunque probables. Prisión, destitución, persecuciones, surgimiento de antipapas, imposiciones imperiales o diversas circunstancias suponen, al menos, un mínimo de dudas a estas pretendidas renuncias papales.

Antipapas e hijos de papas

Por ejemplo, el lapso entre la supuesta renuncia de Ponciano –a causa de su condena a trabajo en minas– y su muerte fue tan breve, que no se sabe con certeza si la elección de su sucesor san Antero se produjo aún en vida. Además, el pontificado de Antero duró unas siete semanas, lo cual complica más una inspección sosegada. ¿Vivía aún Ponciano, cuando san Fabián, sucesor de Antero, fue elegido nuevo obispo de Roma? El caso de Silverio tampoco resulta fácil de dilucidar, pues cabe la opción de que renunciara para legitimar la elección de Vigilio, o bien que este fuera antipapa mientras viviera Silverio. Si de verdad abdicó Silverio, sucedió pocos días antes morir. Además, se añade otro aspecto que convierte a este pontificado en algo muy atípico: Silverio era hijo del papa Hormisdas, que había estado casado antes de recibir el orden sacerdotal –engendró a Silverio siendo laico– y que era diácono cuando fue elevado al solio pontificio.
Presbiterio de la basílica de san Pedro Vaticano durante el Concilio Vaticano II

Presbiterio de la basílica de san Pedro Vaticano durante el Concilio Vaticano II

En tiempos más cercanos, y con documentación más inequívoca, aparecen tres momentos de la Edad Media que merecen atención especial. Para empezar, tenemos el nefasto periodo de nepotismo e injerencia política conocido como «Siglo de Hierro del Papado», que hubo de saldarse con el sínodo de Sutri (1046), el cual implicó la destitución de dos papas y la renuncia de un tercero. Se trata de un episodio que duró desde finales del s. IX hasta mediados del s. XI; hubo más de cuarenta papas y antipapas, muchos de ellos con reinados efímeros. Entre el año 890 y el 900 se sucedieron ocho pontífices, uno de los cuales desenterró el cadáver de su predecesor Formoso, para condenarlo, en lo que se ha llamado el «concilio cadavérico».
Jean Paul Laurens

Jean Paul Laurens

Durante este tiempo, al papa Benedicto VIII lo sucedió su hermano Juan XIX, y a éste un sobrino que llegó a ser pontífice en tres periodos (1032–1044, 1045, 1047–1048), con destituciones y abdicaciones a cambio de dinero. Hablamos de Benedicto IX.
Pope Francis salutes Pope Emeritus Benedict XVI, left, at the end of a consistory inside the St. Peter's Basilica at the Vatican, Saturday, Feb.22, 2014.

Francisco saluda a Benedicto XVI el 22 de febrero de 2014.GTRES

Celestino V

En el s. XIII encontramos uno de los casos más singulares e incuestionables. En el verano de 1294 el anciano Pietro de Murrone (casi ochenta años tenía) fue elegido papa, y decidió llamarse Celestino V. Hasta ese momento, Pietro era un monje y sacerdote dedicado a una intensa, estricta y fértil vida ascética. Y, en poco tiempo, se dio cuenta que el pontificado le quedaba muy grande. Preguntó a varios canonistas –entre los que descollaba Benedetto Caetani– y promulgó una bula en la que se declaraba que el papa era libre de renunciar a su cargo, sobre todo, si se veía «incapaz de regir la Iglesia Universal». A continuación, renunció al papado. Su sucesor fue el propio Caetani, que reinó como Bonifacio VIII. Pietro de Murrone se dedicó a su vida de retiro y alejamiento, y falleció al cabo de un año y medio. Fue canonizado en 1313.
El tercero de los delicados momentos que atravesó la Iglesia en la Edad Media fue el Cisma de Occidente, que procuró resolverse a comienzos del s. XV con el Concilio de Constanza. La sucesión de papas, antipapas y papas dudosos resultó casi imposible de resolver, con la coincidencia de hasta tres papas, cada cual con argumentos a favor de su legitimidad. Dos de esos papas (o antipapas) fueron destituidos por los padres conciliares y el tercero, Gregorio XII, acató la coyuntura y expresó su renuncia. En pocas décadas, los rescoldos del cisma que seguía avivando el Papa Luna se extinguieron y sus escasos sucesores volvieron a la comunión con Roma.
Pope Emeritus Benedict XVI, left, greets Pope Francis prior to the start of the beatification ceremony of Pope Paul VI and a mass for the closing of a two-week synod on family issues, in Saint Peter's Square at the Vatican, Sunday, Oct. 19, 2014. (

Benedicto XVI con Francisco en la beatificación de Pablo VI, el 19 de octubre de 2014GTRES

Hitler y Pío XII

Aunque desde Gregorio XII hasta Benedicto XVI en 2013 no ha habido más renuncias, cabe anotar dos conatos al menos. Uno, el de Pío VII, quien, temeroso de que Napoleón lo apresara, redactó su renuncia, la cual sería efectiva en caso de que, en su trayecto a París, el Emperador francés encadenara al pontífice. Si bien aquello no sucedió, el papa fue forzado poco después al exilio, a causa de la invasión de Roma. En el siglo XX, y en un contexto similar, Pío XII intentó anticiparse a un plan de Hitler; mediada la II Guerra Mundial, el III Reich se adueñó de la mitad Norte de Italia, incluida Roma. El papa veía cómo el Vaticano estaba rodeado de tropas de la Wehrmacht.
La eventualidad de que Hitler ordenara secuestrar al papa era alta; así informaron a Pío XII fuentes confidenciales de primer rango. Si así llegaba a suceder, la monja alemana Pascalina Lehnert, secretaria y confidente personal de Pío XII, abriría el sobre que contenía la abdicación pontificia. El secuestrado, por tanto, no sería Pío XII, sino el cardenal Pacelli, y se emplazaría a los cardenales a un cónclave en territorio neutral.
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