29 de septiembre de 2022

La iglesia se ha volcado en el drama de las familias que lo han perdido todo bajo el volcán de Cumbre Vieja, en la imagen

La iglesia se ha volcado en el drama de las familias que lo han perdido todo bajo el volcán de Cumbre Vieja, en la imagenGTRES

Las parroquias de La Palma arrasadas por el volcán, un año después del desastre: «Seguimos en la batalla»

Cuando se cumplen doce meses de la erupción del volcán Cumbre Vieja, los párrocos de las zonas más afectadas por el desastre siguen volcados en la recuperación y el acompañamiento

Hace un año, toda España contenía la respiración mientras el volcán de Cumbre Vieja, en La Palma, escupía una columna de fuego y piedra fundida. Durante 85 días la ceniza cubrió el cielo, y el avance de la lava obligó a miles de vecinos a abandonar sus casas. «La situación no es fácil, ni ha sido fácil; la gente se va reubicando, pero faltan viviendas», apunta el párroco de El Paso, Domingo Guerra, cuando se cumplen 12 meses de la tragedia.
El sacerdote agradece las ayudas, y celebra que Cáritas y Cruz Roja se hayan puesto de acuerdo para ayudar a los vecinos a alquilar viviendas provisionales, «pero no hay casas que alquilar», señala. «Se están construyendo pisos prefabricados, en contenedores… pero esto lleva meses, y el invierno está llegando», advierte Guerra, que actualmente acoge a 14 personas en su parroquia. «Seguimos en la batalla», asegura.
En otro de los municipios más afectados por el desastre, Los Llanos de Aridane, también avanzan las tareas de reconstrucción. «De cuatro templos, ya hemos podido recuperar dos», señala el párroco de esta localidad, Alberto Hernández. Se trata de la parroquia de San Nicolás, en Las Manchas, y la de San Isidro Labrador, en La Laguna: allí han integrado a la comunidad de la iglesia de Todoque, que colapsó pocos días después de la erupción.

La parroquia, núcleo social

«Haber abierto las parroquias ya es un pasito, porque facilita lugares de encuentro», reflexiona Hernández, y relata lo mucho que está costando recuperar la vida cotidiana en el centro de los barrios. «No hay lugares para tomar un café, ni comercios en los que comprar el pan a diario… Esto dificulta el bullir cotidiano, y de ahí que la parroquia esté ayudando a mantener la comunidad vecinal», dice el sacerdote canario.

Muchas veces ponemos el corazón en las riquezas, en las cosas, y con esto hemos recordado que las cosas son provisionalesAlberto HernándezParroco de Los Llanos de Aridane

Hernández cuenta cómo hay vecinos a los que han reubicado lejos de su antiguo barrio, pero que cada domingo viajan hasta la parroquia para reencontrarse con los suyos. Una de las iniciativas del sacerdote ha sido instalar una cafetería improvisada en una sala parroquial para que los feligreses se reúnan tras la misa dominical. «Es un momento para compartir las preocupaciones y las luchas, en un ámbito de fe y oración –explica–; a veces están una hora o una hora y media, y me dicen que les hace mucho bien».
Con todo, ni Hernández ni Guerra han observado grandes cambios en la cantidad de personas que asisten a los sacramentos. «¿Gente nueva en misa? Alguno; curiosamente, son sobre todo maridos de señoras que ya venían a misa», dice el primero. Por su parte, el párroco de El Paso cuenta que, superado el «shock» de los primeros meses, la gente ha ido recuperando su participación. «Este verano llevamos la imagen de la Virgen a la zona del volcán, para las fiestas, y creo que estas celebraciones han animado a la gente a ser protagonistas de nuestra historia, del presente y del futuro».

Si hacemos nuestro trabajo, Dios pondrá lo que falteDomingo GuerraPárroco de El Paso

Acompañamiento y esperanza

«La gran labor de las parroquias en este tiempo ha sido acompañar y socorrer materialmente en la medida que hemos podido», apunta Hernández, que se prepara para comenzar el primer curso de relativa normalidad en dos años, tras la pandemia y la erupción. «Muchas veces ponemos el corazón en las riquezas, en las cosas, y con esto hemos recordado que las cosas son provisionales, hoy están y mañana pueden no estar», añade.
El párroco destaca que han sido unos meses en los que ha cobrado una importancia especial para muchos feligreses que él estuviera disponible para hablar. «Algunos tienen más fortaleza física y espiritual, pero mucha gente quedó tocada, y algunos aún no quieren ir a las zonas afectadas», añade Guerra, que a sus 80 años ha vivido ya tres erupciones en la isla: en 1949, en 1971 y 2021.
El encargado de la iglesia de Tajuya –que durante casi tres meses sirvió de refugio a las víctimas del volcán– señala que se ha marcado como misión «animar a la gente a construir con esperanza, pero sin esperar que las ayudas o los de fuera resuelvan nuestros problemas». «Si hacemos nuestro trabajo –añade el párroco–, Dios pondrá lo que falte, pero si nosotros no ponemos lo que tenemos que poner, no habrá futuro».
Comentarios
tracking