04 de diciembre de 2021

Estudiantes, en la Universidad de Ámsterdam

Estudiantes, en la Universidad de ÁmsterdamAFP

Educación

¿Están los adolescentes más expuestos a los bulos?

Los expertos apuestan por enseñar análisis crítico en las aulas de manera transversal
Ni hay gente en discotecas infectando con el virus VIH ni Momo se aparece en medio de vídeos de YouTube Kids para incitar a los niños a suicidarse. Y, no, Goofy sigue siendo un perro, no una vaca. Todos son bulos que han corrido por los colegios, por los whatsapps y las redes sociales de los escolares, porque las noticias falsas (fake news) llegan a toda la población y en todos los ámbitos, y también tienen presencia en las escuelas.
Los expertos advierten de que, aunque siempre han existido bulos o rumores, las noticias falsas actuales se extienden «más rápido» y son «más persistentes y virales». «Al contar con unos canales de divulgación rápidos y donde las personas jóvenes son hábiles, les llegan más fácilmente», explica la profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Sylvie Pérez. El también docente de estos estudios Jordi Perales destaca que en muchas ocasiones «una misma noticia falsa puede ser noticia un año y repetirse un tiempo después sin que haya habido ninguna razón aparente que lo explique».
Esta nueva «variante» de información no verídica ni contrastada, apuntan ambos, debe ser combatida en las aulas dotando al estudiantado de herramientas. «En el contexto escolar, el alumnado no tiene aún capacidad crítica para saber distinguir entre una noticia y una que es fake news», señala Pérez. Es justamente, apuntan ambos, uno de los objetivos educativos en la adolescencia, por lo que piden recursos e implicación de la Administración para «mejorar» en su desarrollo.
La preocupación por las informaciones falsas que llegan a la juventud ha derivado en numerosas y variadas iniciativas en todo el mundo en el ámbito escolar. El gigante Google se ha implicado en un programa que se desarrolla en seis países de Latinoamérica para alumnos de entre doce y diecisiete años. En septiembre de este año, a través de una investigación, detectaron que el 83,8 % se había creído una noticia que había resultado ser mentira y que un 24 % eran creadores de contenidos de entretenimiento, como blogs, vídeos, memes y artículos.
La educación mediática llega también a iniciativas como la que acoge a más de 8.000 alumnos en Cataluña a través del Junior Report o el proyecto (In)Fórmate, también de Google, junto con el Gobierno de España y la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) en centros educativos de todo el Estado. Los expertos consideran que este tipo de enseñanzas deben estar incluidas en todo el currículo, de manera transversal, y rechazan que una nueva materia pudiera ser más útil.
«Una de las funciones de la escuela es dotar a la futura ciudadanía de pleno derecho de las estrategias para poder analizar críticamente la situación. Y eso debe hacerse en todas las materias, no en una en concreto», mantiene Perales. Se trata, pues, de un objetivo de los centros educativos, aunque reconocen que se necesitan más recursos. «En la actualidad parece que esa formación depende más de la voluntad o la capacidad del personal docente que de una necesidad organizada de la Administración», asume, e insiste en que «tendríamos que trabajarla mejor».

Tecnología y familia

La tecnología es, en parte, culpable de que la extensión de las noticias falsas sea rápida y viral. «Antes circulaban bulos, pero no tenían tantos canales para circular tan ágilmente», expone la profesora. Las personas jóvenes saben utilizar mejor que la mayoría de los adultos «una parte» de estas herramientas, advierte Perales, pero no todas ni todas sus capacidades. «¿Saben utilizar Instagram, TikTok y otras redes sociales para su entretenimiento? Sí, sin ninguna duda. Pero ¿saben utilizar todas las posibilidades de búsqueda que hay, como DuckDuckGo, Bing o Google? La respuesta no es tan positiva», apunta el docente, que concluye que las personas adolescentes «saben hacer búsquedas simples, pero no complejas».
Por otra parte, la dificultad para utilizar la tecnología hace que, según un estudio sobre elecciones estadounidenses, sean las personas mayores de 65 años quienes comparten más noticias falsas. Serían los adultos más jóvenes, los padres u otros familiares que rodean a los chavales los que, en este ámbito, tendrían que ofrecerles «modelos» de conducta. Por ello, los familiares también tienen un papel importante a la hora de luchar contra las noticias falsas, actuando conforme a lo que enseñan. «Algo que no debemos hacer como padres es difundir, comentar o divulgar ninguna información, noticia o comentario que nos llegue, ya sea de forma oral o por medios tecnológicos, sin verificar su autenticidad y veracidad», propone la experta.
La escuela debe proveer a la juventud de la capacidad para «distinguir entre algo documentado y simples opiniones, y a veces, directamente, mentiras». La respuesta educativa a las noticias falsas, enumera el profesor, debe ser «desde la ética, la formación en valores y el respeto al derecho de información». Y es que, según su punto de vista, la información en la actualidad es «un derecho de primer orden» y, por tanto, «tendríamos que ser capaces de garantizar que la información sea veraz y comprensible y que permita la libre creación de opinión». Para que los futuros adultos puedan exigir este derecho, las personas adolescentes necesitan, concluye, «formarse en conciencia crítica para distinguirlas».
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