Fecundación in vitro
Un ginecólogo neerlandés usó su esperma sin permiso en 1988: ahora el hospital deberá pagar las consecuencias
Seis años después de destaparse el caso, un tribunal del país neerlandés ha dictaminado que el hospital de Zwolle deberá asumir la responsabilidad por los perjuicios ocasionados por el profesional, al considerar que se vulneró la «integridad física y psíquica» de la madre y de los hijos
Durante un tratamiento de fertilidad en 1988 en Países Bajos, un ginecólogo utilizó sin consentimiento su propio semen. Este caso, descubierto en el año 2020, provocó el nacimiento de unos trillizos, provocando un seísmo en el país europeo.
Ahora, más de un lustro después de conocerse el caso, un tribunal del país neerlandés ha dictaminado que el hospital de Zwolle deberá asumir la responsabilidad por los perjuicios ocasionados por el ginecólogo externo, al considerar que se vulneró la «integridad física y psíquica» de la madre y de los hijos.
La sentencia, publicada este martes, establece que el centro médico es responsable tanto de los daños materiales como inmateriales sufridos por la mujer y sus hijos, al considerar que la relación contractual existía no solo entre la paciente y el ginecólogo Jan Wildschut, sino también con el propio hospital, donde tuvo lugar la intervención.
Según recoge la sentencia, la paciente había accedido al procedimiento de inseminación artificial bajo la condición explícita de que se emplearía el esperma de su entonces esposo. Sin embargo, el ginecólogo actuó sin informar a la pareja y utilizó su propio semen, lo que derivó en el nacimiento de los tres niños.
El tribunal ha rechazado el argumento de la prescripción del caso presentado por el hospital, dado que habían transcurrido más de veinte años desde los hechos. En su lugar, ha considerado que cerrar el caso bajo esa justificación sería una decisión «irracional» e «inaceptable» debido a la gravedad de la transgresión cometida contra los derechos fundamentales de los afectados.
Frente a lo dictaminado previamente por una instancia inferior, el tribunal de apelación ha concluido que el comportamiento del ginecólogo constituye no solo un incumplimiento contractual que también puede atribuirse al hospital, sino además un acto ilícito en relación con los hijos, quienes fueron inducidos a creer que su padre biológico era otro y nunca tuvieron la oportunidad de conocer su verdadero origen genético.
En el contexto legal de 1988, previo a la reforma del Código Civil actual, era común que especialistas como Wildschut trabajaran en hospitales mediante un contrato de admisión. En esos casos, el contrato se formalizaba directamente entre el paciente y el médico dentro de las instalaciones hospitalarias.
No obstante, el tribunal ha recalcado que «la madre podía confiar legítimamente en que también había celebrado un contrato con el hospital para el tratamiento de su infertilidad por parte del ginecólogo que trabajaba dentro del hospital». Esta base jurídica refuerza el derecho de la familia a reclamar directamente al centro sanitario una indemnización.
La cuantía de esa compensación, que aún está pendiente de concretarse, será determinada en una fase posterior, tras una evaluación detallada de los daños ocasionados.
Este caso se suma a una serie de escándalos similares que han salido a la luz en los Países Bajos sobre irregularidades cometidas en tratamientos de fertilidad durante las décadas de los ochenta y noventa. En el caso concreto de Zwolle, el hospital ha admitido que Wildschut ejerció en sus instalaciones entre 1981 y 1993 y que, durante ese periodo, podría haber engendrado decenas de hijos con su propio esperma, tanto en tratamientos con donante anónimo como en aquellos que, en teoría, debían contar con el esperma de la pareja.
El caso fue descubierto gracias a una coincidencia genética encontrada por uno de los hijos concebidos por donación a través de una base de datos internacional. Dicha coincidencia le conectaba con una sobrina de Wildschut, aunque para entonces el médico ya había fallecido.
Tras este hallazgo, el hospital hizo un llamamiento público para identificar a otros posibles afectados, lo que derivó en que decenas de personas se inscribieran en bases de datos genéticas gestionadas por entidades especializadas en estos casos.
Wildschut, fallecido en el año 2009, concibió al menos 17 hijos biológicos utilizando este modus operandi. En concreto, el ginecólogo donó su semen entre 1981 y 1993 sin que las parejas estuvieran al tanto.