01 de octubre de 2022

Eunice Newton Foote

Eunice Newton FooteWSKU

Calentamiento global

Eunice Newton Foote, la científica que en 1856 ya predijo la crisis climática

Nuestra actual realidad climática, aderezada con fenómenos extremos, que van desde nevadas en zonas poco habituales a olas de calor interminables, y a la que hemos llegado a través de décadas de emisiones y contaminación, ya fue advertida la friolera de 166 años.
En concreto, fue en 1856 cuando la climatóloga Eunice Newton Foote (Goshen, Estados Unidos, 1819 – Lenox, Estados Unidos, 1888) advirtió de que «el aumento de las concentraciones de CO2 en las capas altas de la atmósfera provocaría su recalentamiento».
Sucedió el 23 de agosto. En la Octava Reunión Anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), celebrada en Albany, Nueva York, el único trabajo firmado por una mujer llevaba el nombre de 'Circunstancias que afectan al calor de los rayos solares' (Circumstances Affecting the Heat of Sun´s Rays).
La climatóloga se sirvió de un experimento sencillo para intentar mostrar al mundo cómo se calentaba la atmosfera terrestre. Con una bomba de aire, termómetros y dos cilindros de vidrio, Foote probó que aquel recipiente que condensaba CO2 atrapaba más calor que el resto.
De esta manera, la científica se anticipó en tres años a los experimentos del físico y químico irlandés John Tyndall, que estuvo considerado durante mucho tiempo como el descubridor del efecto del CO2 en la atmosfera. Es decir, que el popularmente conocido como efecto invernadero tuvo madre antes que padre.
Porque Foote se adelantó a la ciencia de entonces al lograr explicar qué pasaría si aumentara la concentración y explicó qué pasaría si aumentara la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera: «Si el aire se mezclara con una mayor proporción de CO2 que en el presente, el resultado sería un aumento de la temperatura ambiental».
De esta manera, predijo el fenómeno que finalmente está causando estragos en nuestro planeta.

Deshielos por calentamiento

Las predicciones de Foote se han cumplido, y lo vemos cada día con diferentes ejemplos.
En 2022, las estaciones científicas de la Antártida Oriental registraron temperaturas sin precedentes de hasta 40 grados centígrados por encima de la media.
La extensión del hielo marino de la Antártida en abril pasado se situó un 13 % por debajo de la media de 1991-2020, mientras en el Ártico fue un 2 % inferior con respecto al mismo periodo de referencia, según el servicio europeo Copernicus.
Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, desde 1990 las dos principales plataformas de hielo –situadas en Groenlandia y la Antártida– han ido perdiendo superficie poco a poco, y destacan que los mayores datos de pérdidas se aceleraron entre los años 2010 y 2019. Preveen que se siga perdiendo.

Daños irreversibles

El impacto del cambio climático es peor de lo que se pensaba, según ha alertado la ONU tras el informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático publicado este lunes.
La mano del hombre está provocando una disrupción generalizada en la naturaleza que pone en peligro la vida de miles de millones de personas en todo el mundo.
Y es que, según el estudio, en los próximos veinte años el planeta afrontará riesgos inevitables con el calentamiento de 1,5º. Si se superase –aunque fuera temporalmente– ese nivel, se generarían peligros adicionales, muchos de ellos irreversibles. Este impacto afectaría especialmente en la infraestructura y los asentamientos costeros de baja altitud.
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