04 de octubre de 2022

Las notificaciones de los móviles generan estrés por la necesidad de dar respuesta a todo

Las notificaciones de los móviles generan estrés por la necesidad de dar respuesta a todo

Alerta

Esclavos de las notificaciones del móvil o el estrés de saberlo todo siempre

Las alertas que llegan al móvil producen alteraciones por la necesidad de dar respuesta a lo que nos llega

Pablo Laso, entrenador del Real Madrid de baloncesto, es la última víctima conocida de un ataque al corazón. Por suerte, el técnico blanco se ha recuperado, ya está en casa y hasta dirige los entrenamientos de su equipo.
Cuando Laso llegó a la habitación del hospital universitario de La Moraleja en el que fue atendido ya no tenía su móvil. Ni en los días posteriores a su ingreso. Ahora, tiene indicaciones de uso en función de su nivel de dependencia de este.

Estrés

Las notificaciones del móvil generan estrés. Un estudio ya algo lejano desvelaba que el 70 % de los e-mails de trabajo se respondían en menos de seis segundos. Para eso, muchos decidieron pasar al modo manual de actualización de la bandeja de entrada y ser ellos los que voluntariamente consultan el correo sin que un ruido perturbe cualquier momento del día o de la noche.
Dos estudios más. Una investigación de Science Direct de 2013 aseguraba que el 89 % de los universitarios sentía «vibraciones fantasmales» imaginando que su teléfono suena cuando, en realidad, no lo hace. Otro trabajo de 2017 reflejaba la revisión constante de correos de un 86 % de usuarios. Y otro, el último para tener en cuenta, dice que el mail se comprueba el equivalente de un mes al año.
De esos datos son conscientes las empresas que hace tiempo pusieron en marcha los modos de concentración de sus dispositivos para que el usuario decida qué notificaciones o llamadas quiere recibir y en qué momento.
Para muchos, no mirar el móvil significa estar desconectado de lo que ha pasado en el mundo los últimos minutos u horas. No digamos ya tenerlo apagado 24 horas seguidas.

El mal de WhatsApp

Y luego está WhatsApp. Los mensajes de esta red social no tienen fin y taladran los móviles cuando el que envía los mensajes no tiene el tacto de enviar todo el contenido en un único mensaje. ¿Recibir 10 notificaciones seguidas donde algunas solo tienen un «Hola» o un «Qtal?» aumentan exponencialmente el nivel de estrés del receptor.
Ese sonido que perturba la concentración, el sueño o una comida ha convertido al ser humano en un esclavo de la multitarea. Escribir un WhatsApp mientras se hace otra cosa a la vez. Nunca se pensó en esa red social como algo instantáneo que supliera a las llamadas. Era para dar ideas, recordar algo o simplificar un mail. Ahora es un chat donde hay obligación de estar activos o perderemos una gran oportunidad vital.
En 2022 hay que desengancharse del móvil y mirar a otras generaciones que viven tranquilos sin saber dónde lo han dejado.
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