Mapa soviético de la parte occidental del casco histórico de Sevilla y el barrio de Triana en 1977IECA

Andalucía

Los mapas secretos de la Unión Soviética: así espiaba a Andalucía durante la Guerra Fría

La URSS estudió en detalle la cartografía de ocho ciudades andaluzas por su interés estratégico

En la bruma de la Guerra Fría, cuando el mundo se dividía en dos grandes esferas de poder —Estados Unidos y la Unión Soviética (URSS)—, surgieron mapas secretos que retrataban ciudades enteras con una minuciosidad casi obsesiva. Eran piezas de un ajedrez invisible, donde cada casilla representaba un enclave estratégico. Andalucía, puente entre continentes, se convirtió en una de esas casillas observadas desde el cielo.

A finales de los años 90, el Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña (ICGC) adquirió una colección cartográfica soviética que incluía planos urbanos a escala 1:10.000 de 35 ciudades españolas, entre ellas ocho andaluzas. Estos mapas no se hicieron públicos hasta 2014, cuando se incorporaron a la cartoteca digital del instituto. Su existencia revela un importante esfuerzo de inteligente por parte de la URSS en plena Guerra Fría.

Andalucía, por su ubicación entre dos mares y dos continentes, ha sido históricamente un enclave estratégico. Durante las décadas centrales del siglo XX, su relevancia se vio reforzada por la presencia de bases militares estadounidenses, lo que la convirtió en una pieza esencial del sistema defensivo occidental frente a la URSS. No es casual que el cartografiado soviético se realizara entre 1971 y 1976, un periodo marcado por una fuerte tensión geopolítica.

En 1953, España y Estados Unidos firmaron los llamados Pactos de Madrid y con ello establecieron acuerdos de defensa que incluían bases en territorio andaluz. El Pentágono consideraba la península como último bastión defensivo europeo, y esta visión motivó la concentración de infraestructuras militares en el sur. En este contexto, ocho ciudades andaluzas fueron objeto de la vigilancia soviética: Algeciras, Cádiz, Málaga, Gibraltar-La Línea, San Fernando, Granada, Jerez de la Frontera y Sevilla.

Lo más sorprendente de esta cartografía es su nivel de detalle, que superaba ampliamente al de la cartografía española de la época. A principios de los 70, los mapas topográficos nacionales apenas cubrían unas pocas zonas urbanas, y no fue hasta 1975 cuando se inició el desarrollo del Mapa Topográfico Nacional a escala 1:25.000. La existencia de planos soviéticos a 1:10.000 sugiere el uso de tecnologías avanzadas de reconocimiento territorial.

Dada la imposibilidad de realizar vuelos de reconocimiento, se presume que la URSS utilizó imágenes satelitales de alta resolución. Los satélites Zenit-4, operativos desde 1963, así como sus sucesores Zenit-4MK y Yantar, podían capturar imágenes con resoluciones que iban de uno o dos metros hasta los 50 centímetros. Las fotografías, tomadas con cámaras analógicas, se recuperaban en cápsulas equipadas con paracaídas y radiobalizas.

Estos mapas también parecen haberse apoyado en fuentes españolas preexistentes, aunque anticuadas, para incorporar toponimia, infraestructura, altimetría y batimetría. Esta dependencia de materiales desfasados pudo dar lugar a errores. Sin embargo, el resultado es una cartografía visualmente atractiva y de notable precisión, en la que se aprecia una intención claramente militar: en cada hoja figura el sello del «Estado Mayor» y la calificación de «secreta».

Detalle de la ciudad de Cádiz, donde se observa cómo se resaltan en diversos colores los edificios e infraestructuras de interés militarIECA

Cada plano incluye la denominación de la ciudad, un sistema de numeración heredado del modelo estadounidense y una gran riqueza de información marginal, con listas de objetos importantes, nombres de calles o referencias geográficas y utilidades. En el caso de Cádiz, por ejemplo, se resaltan en diversos colores los edificios e infraestructuras de interés militar: edificios administrativos, cuarteles, instalaciones portuarias y ferroviarias, asentamientos industriales, etc.

Este esfuerzo soviético resulta aún más relevante si se considera que Andalucía no dispondría de cartografía a escala 1:10.000 hasta 1992, siendo la segunda comunidad autónoma en adquirirla, tras Cataluña. El contraste entre el atraso cartográfico de España y el nivel de detalle de estos planos soviéticos subraya el interés estratégico que el sur peninsular despertaba en los servicios de inteligencia del bloque oriental.

Así, lo que comenzó como una operación silenciosa de vigilancia y análisis militar ha terminado por enriquecer la memoria cartográfica de Andalucía. Estos mapas, nacidos bajo el signo de la sospecha y la confrontación, son hoy testigos de una época y de una mirada extranjera que, con precisión implacable, escrutó nuestras ciudades mucho antes de que nosotros mismos pudiéramos verlas con tanta claridad.