Imagen publicada en la obra de José Medina Villalba sobre las Escuelas Ave María

Imagen publicada en la obra de José Medina Villalba sobre las Escuelas Ave MaríaArchivo Fundación Escuelas Ave María de Granada

Granada

El legado vivo de Andrés Manjón: cómo las escuelas del Ave María revolucionaron la pedagogía popular

Era un sacerdote culto, pero de carácter sencillo, que dedicó su vida a los niños más pobres del barrio granadino del Albaicín

Fue uno de los más destacados pedagogos españoles de finales del siglo XIX y de principios del XX, adelantándose a otras figuras e instituciones posteriores que gozan de mayor predicamento en los ambientes educativos que se autodefinen como progresistas.

Fue catedrático de universidad, escritor y, por encima de todo, sacerdote y maestro. Andrés Manjón y Manjón era un hombre sabio, pero de carácter sencillo y humilde. Impulsó la fundación de las Escuelas del Ave María, dedicadas tanto a la enseñanza elemental como a la formación de verdaderos maestros. Manjón promovía una educación integral de sus niños, que comprendía aspectos intelectuales, físicos, morales, religiosos e incluso de formación de la voluntad y el carácter.

Natural de un pequeño pueblo al norte de Burgos, Andrés era el mayor de cinco hermanos, nacidos de un matrimonio de modestos labradores. Después de cursar estudios en Burgos y Valladolid, se licenció y luego doctoró en derecho civil y canónico. Tras obtener la cátedra, solicitó traslado a la universidad de Granada, a donde llegó en 1880.

Comenzó a enseñar en las cuevas

Andrés Manjón fue nombrado canónigo de la Abadía del Sacromonte. Cada día, recorría más de dos kilómetros a lomos de un burro para impartir sus clases en la Facultad de Derecho. Uno de aquellos días, ocurrió algo que transformó su vida por completo. Cuando pasaba por una cueva del Sacromonte, vio a una pobre mujer, salido del hospicio, que enseñaba a rezar el Ave María a unos niños gitanos. Conmovido por la lección, dio un giro radical a su vida.

Andrés comenzó a enseñar a los niños en las cuevas y, un tiempo después, pudo por fin comprar un carmen en el Albaicín, donde fundó su primera escuela del Ave María. Allí comenzó su innovadora labor docente, que apostaba por un aprendizaje activo, por el juego, el trabajo manual y la cercanía a la naturaleza. No era un colegio de élite, sino una humilde escuela dedicada preferentemente a niños pobres y gitanos. Manjón rechazaba las escuelas laicas, pues las consideraba anticristianas.

Desde Granada, sus escuelas se multiplicaron por hasta 36 provincias españolas y por diversos países hispanoamericanos. Abrió más de 400 centros educativos a lo largo de su vida. Hoy, en Granada hay ocho escuelas manjonianas, amén de las también andaluzas de Málaga y Cabra.

Iniciado su proceso de beatificación

Manjón murió como vivió: con humildad y sencillez. Falleció en Granada, el 10 de julio de 1923, a los 76 años, en su celda de la Abadía del Sacromonte. En 2020, la Congregación para las Causas de los Santos, lo reconoció como Siervo de Dios, iniciando así su proceso de beatificación.

En su vida recibió extraordinarios honores, que siempre rechazaba o les quitaba importancia. Como anécdota, baste decir que fue nombrado Caballero de la Orden de Alfonso XII en 1903 pero, al no poder pagar los derechos de expedición, el propio rey Alfonso XIII tuvo que visitar sus escuelas, pagar los gastos y regalarle el diploma acreditativo.

En Granada, donde su figura es mucho más reconocida, es de esos escasos personajes que sigue conservando el cariño y la admiración de casi todos, al margen de sus inclinaciones ideológicas.

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