A la izquierda una de las caras más famosas apodada «el Pelao»
La casa de Jaén que sigue dividiendo a España: el misterio que desafía toda explicación
María Pereira, nieta de la mujer que descubrió las Caras de Bélmez, recuerda en declaraciones a El Debate cómo aquel fenómeno atrajo a medios e investigadores de todo el mundo
La mañana del 23 de agosto de 1971 parecía una más en Bélmez de la Moraleda. María Gómez Cámara preparaba la comida en la cocina de su vivienda cuando observó una extraña imagen sobre el suelo de cemento de su salón. Asustada, salió corriendo y llamó a los vecinos. En el suelo, había una figura que, según relataría después la familia, tenía rasgos humanos perfectamente reconocibles y parecía observar a quien la contemplaba.
El hallazgo provocó un gran impacto en la familia. Su hijo Miguel Pereira decidió cubrir la imagen con una nueva capa de cemento para acabar con aquello que había asustado a su madre. Sin embargo, pocos días después apareció una nueva figura.
Aquel segundo rostro, bautizado popularmente como «La Pava», sigue conservándose hoy protegido bajo un cristal y se ha convertido en una de las imágenes más conocidas de la historia reciente del misterio español.
Cuando Bélmez saltó a los periódicos
Lo que inicialmente parecía una simple anécdota doméstica terminó transformándose en un fenómeno que trascendió las fronteras de Jaén. La noticia comenzó a correr de boca en boca por el municipio hasta llegar a los medios de comunicación.
El Diario JAÉN fue el primero en reseñar el suceso en 1971 y, pocos días después, el Ideal de Granada publicó un amplio reportaje en el mes de septiembre. A partir de ahí, los medios de comunicación se hicieron eco del caso: multitud de periódicos, emisoras de radio y equipos de televisión comenzaron a interesarse por lo que ocurría en aquella pequeña vivienda de la Sierra Sur jienense.
Dos precintos notariales y análisis
La repercusión fue tan grande que las Caras de Bélmez acabaron convirtiéndose en objeto de investigaciones, análisis y estudios que se prolongaron durante décadas.
Uno de los episodios más recordados tuvo lugar en 1973, cuando la vivienda fue sometida durante tres meses a su primer precinto notarial con el objetivo de impedir cualquier manipulación y comprobar si seguían apareciendo nuevas imágenes. El procedimiento fue supervisado por el notario Antonio Palacios Luque.
La intención era sencilla: cerrar completamente el acceso a la estancia durante varios meses y verificar posteriormente si se producían cambios en las figuras sin intervención humana.
Cuando se levantaron los precintos, aparecieron nuevas caras y el debate no desapareció. Al contrario. La controversia siguió creciendo y atrayendo a investigadores de distintos puntos de España. En 2011 se realizó el segundo precinto. En esta ocasión, fue la notaria de Huelma, Elena Ramos.
Pues bien, seis meses después del precinto, surgieron otra vez nuevos rostros.
Entre quienes visitaron Bélmez se encontraba Germán de Argumosa, considerado uno de los pioneros de la parapsicología española y una de las figuras más influyentes en el estudio de fenómenos inexplicados durante la segunda mitad del siglo XX.
Su trabajo acabaría inspirando a una nueva generación de periodistas e investigadores, entre ellos Iker Jiménez y Carmen Porter, que años después también contribuirían a mantener vivo el interés por las Caras de Bélmez a través de distintos programas de radio y televisión.
La polémica no llegó únicamente al ámbito periodístico, también al científico. Algunas muestras extraídas de las losas fueron analizadas por el Instituto Hidrológico y Mineralógico de Valencia en 1975.
Años más tarde, entre 1991 y 1994, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) realizó nuevos estudios sobre distintos fragmentos relacionados con el fenómeno.
Aquellas investigaciones no lograron cerrar definitivamente la discusión. Los análisis no acreditaron de forma concluyente la existencia de pinturas o productos químicos que explicaran el origen de las imágenes, circunstancia que contribuyó a mantener vivo el interés por el caso durante décadas.
Mientras tanto, las Caras de Bélmez seguían ocupando espacios en los medios de comunicación. Uno de los programas que más contribuyó a su difusión fue 'Medianoche', dirigido por Antonio José Alés en la Cadena SER, desde donde millones de oyentes conocieron una historia que acabaría formando parte del imaginario popular español.
«Recuerdo a una médium en el sofá»
Más de medio siglo después, la casa continúa abierta a quienes desean conocer la historia de cerca.
María Pereira, nieta de María Gómez Cámara y actual responsable de la vivienda, recuerda para El Debate la enorme repercusión que tuvo el fenómeno cuando era niña.
«Al pueblo vinieron muchos medios de comunicación y parapsicólogos nacionales e internacionales. Yo era una niña. Germán de Argumosa era uno de esos investigadores que hacían psicofonías donde se escuchaban voces que decían que picaran el suelo y las paredes», explica.
Su recuerdo va más allá de las investigaciones y refleja el ambiente que se vivía en aquellos años.
«Una médium dormía en el sofá del salón y la recuerdo desesperada y sudando muchísimo. Al picar el salón se encontraron restos humanos», relata.
Aquellos hallazgos alimentaron aún más una historia que ya había captado la atención de periodistas, curiosos e investigadores llegados desde distintos lugares del mundo.
Más de cincuenta años después, las opiniones siguen divididas. Hay quien considera las Caras de Bélmez uno de los mayores enigmas de la historia reciente de España y quien cree que nunca existió nada extraordinario detrás de aquellas imágenes.
Pero existe una realidad difícilmente discutible: pocas historias surgidas en una modesta cocina de un pequeño pueblo andaluz han conseguido permanecer vivas durante más de medio siglo y convertir a un municipio de apenas unos miles de habitantes en una referencia conocida dentro y fuera de España.