Piononos de Santa Fe
El secreto del pionono de Santa Fe, el dulce granadino que sigue triunfando incluso en pleno verano
El pequeño pastel de bizcocho, almíbar y crema se ha convertido en uno de los productos gastronómicos más reconocibles de Granada y mantiene su popularidad durante todo el año
El verano suele cambiar los hábitos a la hora del postre. Helados, granizados y elaboraciones frías ganan protagonismo cuando suben las temperaturas, pero en Granada hay un pequeño dulce que continúa ocupando los mostradores de las pastelerías incluso durante los meses de más calor: el pionono de Santa Fe.
Su tamaño, su particular combinación de texturas y, sobre todo, la vinculación que ha adquirido con Granada han permitido que este pequeño pastel trascienda su localidad de origen. Actualmente es habitual encontrarlo tanto en Santa Fe como en establecimientos de la capital y otros puntos de la provincia.
Y aunque aparentemente su receta es sencilla, detrás de un pionono hay una elaboración bastante particular. Una fina plancha de bizcocho se humedece con almíbar, se enrolla formando un pequeño cilindro y se termina con crema y azúcar tostado. El resultado está pensado para comerse en apenas unos bocados.
Pequeño y fácil de reconocer
Una de las particularidades del pionono frente a otros dulces tradicionales granadinos es precisamente su formato. No necesita servirse como una porción de una tarta ni compartirlo y su pequeño tamaño permite tomarlo como postre o acompañando un café.
El almíbar proporciona al bizcocho su característica textura húmeda, mientras que la crema de la parte superior y su acabado tostado aportan el contraste que termina definiendo el producto.
En verano, además, puede consumirse fresco tras conservarse correctamente refrigerado. Precisamente por contener crema, debe respetarse la conservación indicada por el establecimiento o fabricante, especialmente durante jornadas de temperaturas elevadas.
Su popularidad ha dado lugar también a reinterpretaciones y productos inspirados en su sabor, pero el formato tradicional continúa siendo el más reconocible: el característico cilindro coronado por crema tostada.
Un dulce nacido en Santa Fe
Para encontrar su origen hay que desplazarse hasta finales del siglo XIX. La versión del pionono que ha llegado hasta nuestros días está vinculada al pastelero Ceferino Isla González, de Santa Fe, y a su homenaje al papa Pío IX, conocido como Pío Nono.
La propia apariencia del pastel guarda relación con aquel homenaje. Tradicionalmente se ha asociado su forma cilíndrica con la figura del pontífice y la crema que corona la pieza con su solideo.
Lo que nació en un obrador de Santa Fe acabó convirtiéndose con el paso de las generaciones en una especialidad estrechamente ligada a la gastronomía granadina. El municipio continúa siendo su principal referencia, aunque actualmente el producto ha traspasado ampliamente sus fronteras.
Uno de los sabores de Granada
Ese vínculo territorial probablemente sea una de las claves que explican su permanencia. Para muchos visitantes, probar un pionono se ha incorporado a la experiencia gastronómica de viajar a Granada de una manera similar a otros productos estrechamente asociados con sus lugares de origen.
Su tamaño también facilita otra costumbre habitual: comprar una caja para llevar. De esta forma, el pionono ha terminado funcionando no solo como postre, sino también como producto gastronómico asociado al recuerdo de una visita a la provincia.
Y el verano, cuando Granada recibe a numerosos visitantes y aumenta la movilidad hacia otros puntos de la provincia, no lo aparta del mostrador. Frente a alternativas mucho más refrescantes, el pionono conserva una fórmula que apenas necesita presentación.
Bizcocho, almíbar, crema y azúcar tostado en unos pocos centímetros. Más de un siglo después de su creación, Santa Fe ha conseguido que uno de sus dulces más pequeños sea también uno de los sabores más reconocibles de Granada.