Vista del Castillo de Salobreña
Granada
El castillo de Granada que fue cárcel de sultanes cuando el mar llegaba hasta sus pies
La fortaleza de Salobreña, hoy situada a unos 500 metros de la costa, fue residencia de verano de los monarcas nazaríes y también prisión de miembros de la propia dinastía
El perfil de Salobreña sería difícil de entender sin su castillo. La fortaleza corona el peñón sobre el que se asienta el casco antiguo, a 73 metros sobre el nivel del mar, y domina desde allí buena parte de la Costa Tropical. Sin embargo, el paisaje que hoy contempla el visitante es muy distinto del que rodeaba al recinto durante la Edad Media.
Entonces, el Mediterráneo llegaba prácticamente hasta la base occidental del promontorio y convertía Salobreña en una auténtica ciudad costera fortificada. Hoy la línea de costa se encuentra a unos 500 metros, una transformación que hace todavía más sorprendente imaginar cómo debió de verse el castillo durante los siglos del Reino nazarí.
Una fortaleza frente al mar
Aunque el cerro conserva huellas de ocupaciones anteriores, incluidos vestigios púnicos y romanos, buena parte de la imagen histórica del castillo está vinculada al periodo andalusí y a las reformas posteriores de época cristiana. Las fuentes sitúan ya referencias a la fortificación desde el siglo X y su importancia aumentó especialmente durante los siglos XIII, XIV y XV.
En época nazarí, Salobreña llegó a ser la cabecera de un territorio en el que también tenía especial importancia el cultivo de la caña de azúcar. Su posición elevada, las fuertes pendientes naturales del peñón y la proximidad inmediata del mar hacían del enclave un lugar especialmente fácil de defender.
Pero el castillo no fue únicamente una instalación militar. Con el tiempo se convirtió también en residencia de verano de los sultanes nazaríes, que encontraron en la costa granadina un lugar alejado de la corte de la Alhambra.
La cárcel de los sultanes
La cara más singular de la fortaleza fue precisamente la contraria: el mismo lugar que acogía a la familia real servía también para apartar de Granada a quienes podían convertirse en una amenaza para el trono.
Uno de sus prisioneros más célebres fue Yusuf III, heredero al sultanato que terminó apartado por su hermano Muhammad VII. Permaneció recluido en Salobreña durante unos once años antes de recuperar la libertad y convertirse finalmente en sultán de Granada en 1408.
No fue el único. Por sus dependencias pasaron otros miembros de la dinastía nazarí, entre ellos el futuro Muhammad IX, conocido como el Zurdo. La alcazaba terminó funcionando así como una especie de prisión reservada a la élite política de un reino marcado por las luchas internas, conspiraciones y cambios constantes en el trono.
En torno a Yusuf III pervive además una conocida leyenda según la cual una partida de ajedrez habría retrasado su ejecución el tiempo suficiente para que muriera Muhammad VII y quedara sin efecto la orden que debía acabar con su vida.
De los nazaríes a los Reyes Católicos
La etapa islámica terminó en 1489, cuando Salobreña pasó a manos cristianas mediante capitulación. A partir de entonces, la fortaleza fue adaptada a las nuevas necesidades militares. Entre otras intervenciones, se construyeron defensas preparadas para el uso de artillería.
Con los siglos perdió su importancia estratégica y terminó deteriorándose. A finales del XVIII se encontraba prácticamente abandonada, y posteriormente permaneció en manos privadas hasta que el Ayuntamiento de Salobreña tomó posesión del recinto en 1959 e inició distintas actuaciones de recuperación. Algunas de esas intervenciones permitieron descubrir incluso restos de un baño de época nazarí.
Hoy el castillo está declarado Bien de Interés Cultural y permanece abierto al público durante todo el año. Desde sus torres y adarves puede contemplarse el Mediterráneo, la vega, el casco histórico y, hacia el interior, las cumbres de Sierra Nevada.
La panorámica, sin embargo, esconde la principal curiosidad de su historia: el mar que ahora se observa a cientos de metros de distancia llegaba siglos atrás hasta los pies de la fortaleza, cuando aquel castillo sobre la Costa Tropical era al mismo tiempo palacio, defensa y cárcel de los hombres que aspiraban a gobernar el Reino de Granada.