Daños causados por el terremoto este martes en GranadaRedes sociales

Granada

¿Puede un terremoto provocar otro más fuerte? Lo que se sabe sobre las réplicas que tienen en vilo a Granada

Los nuevos movimientos registrados tras los dos seísmos de 4,8 plantean una de las principales dudas entre los granadinos: qué significan las réplicas y si permiten saber qué puede ocurrir después

Después de varios días de terremotos, la pregunta ha cambiado en Granada. Ya no es únicamente cuándo dejará de temblar la tierra, sino qué significan todos esos movimientos que siguen apareciendo después de las principales sacudidas y si alguno podría preceder a otro terremoto más fuerte.

El interrogante cobra especial relevancia después de lo ocurrido en apenas unos días. Al terremoto de magnitud 4,8 del pasado sábado le siguió este martes otro de 4,8 al noroeste de Gójar, además de numerosos movimientos de menor magnitud repartidos por distintos puntos del Área Metropolitana.

Durante la madrugada de este miércoles la actividad ha continuado. Tras el terremoto de magnitud 3,4 registrado a última hora del martes en Ogíjares, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) ha detectado nuevas réplicas, aunque de magnitudes considerablemente inferiores a las de las principales sacudidas.

La sucesión puede dar la impresión de que cada terremoto está preparando el siguiente. Sin embargo, la relación entre unos movimientos y otros es bastante más compleja.

Réplica o precursor

Después de un terremoto importante es habitual que se produzcan otros movimientos en la misma zona. La ruptura modifica las tensiones existentes en las rocas y estas tienen que reajustarse a la nueva situación, generando nuevos seísmos.

Cuando esos terremotos posteriores son menores que el principal y están relacionados con él, se habla habitualmente de réplicas.

Pero existe una particularidad importante: la clasificación de un terremoto puede cambiar con el tiempo.

Si después de un determinado movimiento aparece otro de mayor magnitud relacionado con la misma secuencia, el primero puede acabar siendo considerado un precursor. El problema es que esa condición solo puede conocerse retrospectivamente. En el momento en el que se produce un terremoto no existe una señal que permita asegurar que posteriormente llegará otro mayor.

Esto es especialmente relevante en una situación como la actual. Que Granada continúe registrando pequeños movimientos no significa que necesariamente vaya a producirse un terremoto más fuerte, pero tampoco permite descartarlo únicamente por la existencia de esas réplicas.

Por ello, los sismólogos trabajan analizando la evolución de la secuencia en su conjunto: dónde aparecen los epicentros, qué profundidad tienen, qué magnitudes alcanzan y qué mecanismos presentan las fallas implicadas.

¿Se libera tensión?

Es probablemente una de las explicaciones más extendidas cuando se producen series como la granadina: si hay muchos terremotos pequeños, la tierra estaría liberando poco a poco la energía acumulada y disminuyendo así la posibilidad de uno mayor. La realidad no es tan sencilla.

Las magnitudes sísmicas siguen una escala logarítmica. Un pequeño incremento en la cifra representa una diferencia muy considerable en la energía liberada. Aproximadamente, un terremoto de magnitud 6 libera unas 32 veces más energía que uno de magnitud 5 y cerca de mil veces más que uno de magnitud 4.

Eso ayuda a entender por qué serían necesarios enormes números de pequeños terremotos para liberar una cantidad de energía equivalente a la de un solo movimiento considerablemente mayor.

Por tanto, registrar centenares de pequeños seísmos no permite concluir que una falla se esté «vaciando» de energía hasta quedar libre del riesgo de movimientos posteriores.

Pero tampoco debe interpretarse al revés. Muchas réplicas no constituyen por sí mismas una señal de que vaya a producirse un gran terremoto. La actividad debe estudiarse dentro de su contexto geológico y estadístico.

Sin un patrón exacto

Lo habitual después de un terremoto principal es que las réplicas vayan disminuyendo en frecuencia con el paso del tiempo. Esto no significa que el descenso sea perfectamente progresivo.

Puede haber periodos de relativa tranquilidad seguidos de nuevas concentraciones de movimientos. También pueden producirse réplicas perceptibles después de horas o días con una actividad mucho menor.

Por eso, una noche tranquila no permite dar por terminada una serie, del mismo modo que varias réplicas consecutivas tampoco permiten afirmar que esté aumentando necesariamente el riesgo.

Esta incertidumbre explica la importancia de la vigilancia instrumental que se mantiene estos días en Granada. Cada nuevo terremoto aporta información sobre la localización de la actividad y sobre el comportamiento de las estructuras geológicas implicadas.

Vigilar no es predecir

Aunque no sirvan para anticipar el siguiente gran terremoto, las réplicas contienen información valiosa para los especialistas.

Su distribución permite delimitar mejor la zona que está generando actividad, observar cómo evoluciona la secuencia y conocer con mayor precisión las características de los movimientos. El IGN ha reforzado precisamente estos días su capacidad de vigilancia en el entorno epicentral mediante estaciones portátiles, además de la red permanente existente en Granada.

La distinción es importante: monitorizar no significa predecir. Los instrumentos permiten conocer con gran precisión qué está ocurriendo bajo el Área Metropolitana, pero no convertir esos datos en una hora y una magnitud para el próximo terremoto.

Después del 4,8 del sábado y del martes y las numerosas réplicas posteriores, la actividad continúa siendo objeto de vigilancia. La presencia de nuevos movimientos entra dentro del comportamiento de una secuencia sísmica y, por sí sola, ni anuncia que vaya a llegar un terremoto mayor ni permite asegurar que no pueda producirse.

Esa es precisamente una de las limitaciones fundamentales de la sismología actual: se puede observar cómo evoluciona una serie con enorme detalle, pero su siguiente movimiento continúa sin poder conocerse de antemano.