Daños tras la serie de terremotos este pasado martes en GranadaEFE

Granada

¿Por qué algunos pueblos del Área Metropolitana de Granada sienten más los terremotos que otros?

La distancia al epicentro, la profundidad del seísmo, el tipo de suelo y las características de los edificios pueden hacer que una misma sacudida se perciba de forma muy distinta a pocos kilómetros de distancia

En los últimos días, muchos vecinos del Área Metropolitana de Granada han descrito sensaciones muy diferentes ante terremotos de una misma serie. Mientras en algunos municipios una sacudida apenas ha provocado vibraciones leves, en otros se han movido muebles, han caído objetos o el temblor se ha sentido con mucha más intensidad.

No es una contradicción. Un terremoto no se percibe igual en todos los puntos y su magnitud, por sí sola, no determina cómo se va a sentir en cada localidad.

La explicación depende de varios factores que actúan al mismo tiempo: la cercanía al epicentro, la profundidad a la que se produce el movimiento, el tipo de terreno por el que se propagan las ondas y las propias características de los edificios.

La distancia importa

Cuanto más cerca se encuentra una localidad del epicentro, mayor es normalmente la energía que recibe de forma directa. Eso explica que municipios situados próximos a los principales focos de actividad de esta serie, como Gójar, Alhendín, Ogíjares, La Zubia, Churriana de la Vega u Otura, puedan percibir algunos movimientos con especial claridad.

Pero la distancia no lo explica todo. Dos localidades separadas por pocos kilómetros pueden registrar intensidades diferentes aunque estén prácticamente a la misma distancia del origen del terremoto.

Ahí entra en juego la profundidad. Un seísmo muy superficial puede sentirse con mucha fuerza cerca del epicentro porque las ondas tienen menos recorrido hasta alcanzar la superficie.

Por eso, terremotos de magnitud moderada pueden resultar especialmente bruscos cuando se producen a muy poca profundidad.

El suelo puede amplificar la sacudida

Otro elemento clave es el terreno sobre el que está construida cada localidad. Las ondas sísmicas no se comportan igual cuando atraviesan roca compacta que cuando lo hacen por materiales más blandos, sedimentos o rellenos. En determinados terrenos, las vibraciones pueden amplificarse y prolongarse durante más tiempo.

La cuenca de Granada presenta precisamente una geología compleja, con zonas de materiales sedimentarios y otras donde el sustrato rocoso se encuentra más próximo a la superficie.

Eso puede provocar que dos municipios relativamente cercanos vivan de forma distinta un mismo movimiento. No porque uno reciba un terremoto diferente, sino porque el terreno modifica la forma en la que las ondas llegan hasta la superficie.

Este fenómeno es conocido como efecto de sitio y es uno de los aspectos que se tienen en cuenta en los estudios de peligrosidad sísmica.

No todos los edificios responden igual

La percepción dentro de una vivienda tampoco depende únicamente del lugar donde se encuentra. La altura del edificio, su antigüedad, el sistema constructivo y la rigidez de su estructura pueden modificar notablemente la sensación de movimiento. Las construcciones modernas en Granada están estrictamente diseñadas y preparadas para resistir terremotos debido a la estricta aplicación de la Normativa Sismorresistente Española (NCSE).

En construcciones altas, por ejemplo, determinados movimientos pueden percibirse como un balanceo más evidente en las plantas superiores. En edificios más rígidos o bajos, la sensación puede ser más seca y rápida.

También influye el estado de los elementos interiores. Puertas, ventanas, persianas, estanterías, lámparas o muebles pueden vibrar y generar ruidos que hacen que una sacudida parezca más intensa. Por eso dos personas que viven incluso en una misma calle pueden describir de forma diferente el mismo terremoto.

Magnitud e intensidad no son lo mismo

Esta diferencia entre lo que registra el Instituto Geográfico Nacional y lo que siente la población se entiende mejor distinguiendo dos conceptos.

La magnitud mide el tamaño del terremoto y es única para cada movimiento. Un seísmo de magnitud 4,8 mantiene ese valor independientemente de que se analice desde Gójar, Granada capital o cualquier otro punto.

La intensidad, en cambio, describe cómo se ha sentido y qué efectos ha producido en un lugar concreto. Por eso un mismo terremoto puede alcanzar una intensidad mayor en un municipio cercano al epicentro y menor en otro más alejado.

El IGN utiliza precisamente los testimonios enviados por la población y los daños observados para reconstruir posteriormente ese mapa de intensidades.

Durante los últimos días se han registrado movimientos en el entorno de Gójar, Alhendín, Ogíjares, Otura, Churriana de la Vega, Las Gabias, Dílar o Padul. Esa concentración geográfica explica que sean precisamente estas localidades las que más frecuentemente aparecen asociadas a los terremotos sentidos por la población.

Pero incluso dentro de esta zona, la percepción puede variar de un barrio a otro o de un edificio a otro. De ahí que después de una misma sacudida puedan aparecer relatos aparentemente contradictorios: vecinos que apenas han notado nada y otros que aseguran haber sentido una fuerte vibración.

La explicación no está únicamente en la magnitud del terremoto. La profundidad, la distancia, la geología local y la construcción actúan juntas, haciendo que cada municipio e incluso cada vivienda pueda experimentar de una forma diferente un mismo movimiento sísmico.