Castillo de Otíñar construido en la segunda mitad del siglo XIII
Jaén
El desconocido valle de Jaén que guarda 6.000 años de historia entre cuevas, pinturas y un castillo
Otíñar conserva desde arte rupestre y restos prehistóricos hasta una fortaleza medieval y una antigua aldea, todo dentro de uno de los paisajes históricos más singulares de la provincia
A pocos kilómetros al sur de la ciudad de Jaén existe un valle en el que resulta posible recorrer varios miles de años de historia sin abandonar el mismo paisaje. Otíñar conserva restos que van desde las primeras comunidades prehistóricas hasta construcciones medievales y una posterior aldea de colonización.
La sucesión de épocas explica por qué este enclave está protegido por la Junta de Andalucía como Bien de Interés Cultural con la categoría de Zona Patrimonial. No se protege únicamente un edificio concreto, sino la relación entre los diferentes restos arqueológicos y el territorio en el que fueron apareciendo durante milenios.
En sus valles se han localizado cuevas, abrigos con pinturas rupestres, antiguas zonas de extracción de sílex, estructuras funerarias, restos romanos y fortificaciones medievales. Todo ello convierte a Otíñar en una especie de archivo al aire libre de la historia del entorno de Jaén.
Abrigos con pinturas rupestres
Las primeras huellas conocidas se remontan a la Prehistoria. Entre ellas aparece la Cueva de los Corzos, vinculada al Neolítico, junto a más de veinte abrigos que conservan manifestaciones de arte rupestre. También existen antiguas canteras de sílex a ambos lados del tramo medio del río Quiebrajano, señal de que aquellas comunidades aprovecharon los recursos naturales de la zona.
Uno de los puntos de mayor interés se encuentra en el Cerro Veleta. Allí se conservan vestigios de una muralla y un dolmen correspondientes al periodo eneolítico, una etapa situada entre el Neolítico y la Edad del Cobre.
La presencia de estos restos demuestra que Otíñar no era simplemente un lugar de paso. Durante miles de años el valle ofreció agua, refugio, materias primas y una posición natural que facilitaba el control y aprovechamiento del territorio. La propia Junta sitúa en al menos 6.000 años la explotación y ocupación continuada de este espacio.
Pintura rupestre en Otíñar
De los romanos a una fortaleza medieval
Con el paso de los siglos, el paisaje fue cambiando, pero Otíñar siguió siendo utilizado. En la vega próxima al río se han documentado restos de época romana. Siglos después, durante la Edad Media, la posición estratégica del valle volvió a cobrar importancia.
De aquella etapa permanecen el castillo de Otíñar y los restos de una antigua aldea medieval. El enclave contaba además con otra fortificación islámica situada en el Cerro Calar, muestra de la importancia defensiva que llegó a tener esta zona.
La ubicación no era casual. Los valles de Otíñar constituían un corredor natural hacia el sur de Jaén y permitían controlar los movimientos por un territorio accidentado, rodeado de sierras y atravesado por el Quiebrajano.
Las construcciones defensivas se sumaron así a un paisaje que ya había sido utilizado durante miles de años por comunidades muy anteriores.
Hasta la Edad Contemporánea
La historia de Otíñar tampoco terminó con la Edad Media. Entre los elementos protegidos figura el llamado vítor de Carlos III, además de la antigua aldea de Santa Cristina, creada como núcleo de colonización en época contemporánea. De este modo, dentro de un espacio relativamente reducido aparecen testimonios pertenecientes a periodos históricos separados entre sí por miles de años.
Eso es precisamente lo que hace diferente a Otíñar frente a otros conjuntos arqueológicos. No se trata de visitar únicamente unas pinturas, un dolmen o un castillo, sino de observar cómo distintas sociedades fueron utilizando el mismo valle una generación tras otra.
Hoy, sus ruinas, cuevas y fortificaciones permanecen integradas en el paisaje de la Sierra Sur de Jaén. Un lugar muy próximo a la capital que permite seguir la huella de quienes vivieron allí desde la Prehistoria hasta tiempos mucho más recientes.
Y todo ello en un rincón que sigue siendo desconocido para buena parte de quienes pasan por Jaén sin imaginar que, apenas unos kilómetros más al sur, un mismo valle conserva alrededor de seis milenios de historia.