Las cumbres de Sierra Nevada, uno de los espacios de alta montaña más singulares de AndalucíaEsquiades

Granada  La contaminación invisible que alcanza Sierra Nevada pese a estar a miles de metros de altura

Microplásticos, partículas procedentes de zonas urbanas, humo de incendios y polvo del Sáhara han sido detectados en uno de los espacios naturales aparentemente más aislados de Andalucía

Subir a Sierra Nevada supone dejar atrás carreteras, ciudades y buena parte de las fuentes de contaminación que acompañan a la vida cotidiana. A 2.500 o 3.000 metros de altitud, rodeado de cumbres y con algunos de los cielos más limpios de la Península, podría parecer que la actividad humana queda muy lejos. No siempre es así.

La atmósfera es capaz de transportar partículas durante cientos e incluso miles de kilómetros. Y Sierra Nevada, pese a su altitud y a buena parte de su territorio protegido, también recibe materiales procedentes de lugares muy alejados de sus cumbres.

El ejemplo más evidente es el polvo del Sáhara. La AEMET recuerda que las partículas levantadas en las regiones desérticas pueden recorrer miles de kilómetros antes de volver a depositarse sobre tierra o mar. La cercanía de la Península al norte de África hace que las intrusiones saharianas sean habituales y que las montañas granadinas tampoco queden al margen. Pero la calima es solo la parte visible del fenómeno.

Partículas que llegan desde muy lejos

Un estudio científico realizado a unos 2.500 metros de altitud en Sierra Nevada analizó la composición de las partículas PM10 presentes en la atmósfera durante el verano y permitió identificar cinco grandes procedencias.

Entre ellas aparecían el polvo sahariano, partículas transportadas desde el valle urbanizado, humo relacionado con incendios y materiales generados y desplazados a escala regional. Los investigadores encontraron también una pequeña aportación de fuentes de combustión locales.

La conclusión resulta especialmente llamativa: en este punto remoto de alta montaña, buena parte de las partículas presentes en el aire no se origina allí, sino que llega arrastrada por la circulación atmosférica.

Las propias características de Sierra Nevada favorecen movimientos de aire entre los valles y las zonas altas. Durante determinadas horas, las brisas de montaña pueden transportar hacia cotas superiores masas de aire procedentes de áreas habitadas, mientras que las situaciones meteorológicas a mayor escala permiten la entrada de materiales desde mucho más lejos.

Durante las intrusiones saharianas, el recorrido es todavía mayor. Las tormentas de polvo levantan enormes cantidades de partículas minerales en África que posteriormente pueden cruzar el Mediterráneo y alcanzar la Península. La AEMET mantiene, de hecho, sistemas específicos para seguir y predecir estos episodios.

Microplásticos incluso en las lagunas

La contaminación no se encuentra únicamente flotando en el aire. Un análisis realizado sobre 35 lagunas glaciares de Sierra Nevada encontró microplásticos en la mayoría de ellas. Se localizaron principalmente pequeños fragmentos y fibras y, en algunos puntos, las concentraciones alcanzaron los 21,3 elementos por litro. El tamaño de buena parte de esas partículas era especialmente reducido: las inferiores a 45 micras fueron las más abundantes.

El trabajo planteó dos caminos por los que estos residuos pueden acabar a semejante altitud. Uno es el propio transporte atmosférico, capaz de dispersar materiales microscópicos a grandes distancias. El otro está mucho más cerca: la presencia humana.

Las lagunas rodeadas de praderas y, por tanto, más atractivas para montañeros y visitantes registraban mayores cantidades de microplásticos. Los investigadores relacionaron esa diferencia entre unas lagunas y otras con la presión humana local.

Esto convierte a estos pequeños ecosistemas de alta montaña en un buen ejemplo de hasta dónde puede extenderse la huella humana. Algunas de estas lagunas se encuentran en cabeceras de cursos de agua que posteriormente alimentan sistemas fluviales y embalses.

Una montaña limpia, pero no aislada

Nada de esto significa que Sierra Nevada tenga una calidad del aire comparable a una gran ciudad. Al contrario. La altitud y sus condiciones atmosféricas explican precisamente que sus cumbres sean un enclave excepcional para la observación astronómica. El Instituto de Astrofísica de Andalucía destaca la pureza, estabilidad y bajo contenido de vapor de agua de la atmósfera sobre estas montañas.

La diferencia está entre considerar un lugar limpio y creer que está completamente aislado. Dos décadas de observaciones de aerosoles en la región muestran, de hecho, que su presencia tiende generalmente a disminuir conforme aumenta la altitud y que las zonas próximas a valles y núcleos urbanos presentan valores superiores.

Sin embargo, las partículas continúan siendo capaces de alcanzar las cotas altas. El polvo puede viajar desde África; el humo de un incendio, desplazarse con las masas de aire; partículas generadas en zonas urbanizadas pueden ascender desde los valles y diminutos restos de plástico terminan apareciendo incluso en lagunas alejadas de cualquier población.

Sierra Nevada alcanza los 3.479 metros en el Mulhacén, la mayor altura de la Península Ibérica, y buena parte del macizo está protegida como Parque Nacional y Parque Natural. Pero ni siquiera semejante barrera natural consigue detener todo lo que circula por la atmósfera. En algunas de las zonas aparentemente más alejadas de la actividad humana, la contaminación también termina dejando una huella que muchas veces resulta imposible observar a simple vista.